Buenos Aires, 25/02/2018, edición Nº 1929
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“Los K y los Anti-K son como dos sectas”

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Entrevista a la periodista y escritora Valeria Schapira.

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¿Cómo analiza a la sociedad argentina?
– Diría que es un pueblo que se da mania para todo. El “lo atamos con alambre” nos ha hecho vivos. Vas a cualquier lugar del mundo y la gente está más encasillada en roles. Cuando las sacás de esos roles, se le complica lo cotidiano. Acá somos todos plomeros, escritores, gasistas… En la carencia surge la creatividad. Eso es un rasgo muy característico de nuestra sociedad y una virtud. El defecto es la falta de respeto por las normas y por el póojimo; la falta de registro del otro que a veces nos vuelve seres pocos permeables a lo que hay que hacer.

¿Y en cuanto a la actitud solidaria?
– Hay organizaciones y gente muy solidaria pero que, en definitiva, están haciendo tareas que debería hacer el Estado, al que le pagamos los impuestos. Pero esta falta de todo es una realidad de los países latinoamericanos.

¿Qué mirada tiene sobre la relación entre el Gobierno y la ciudadanía?
-No me gusta como está planteada hoy la sociedad argentina en cuanto a su división política. No sé si fue el huevo o la gallina. No sé quién empezó con esta historieta. Pero hace muchos años que no recuerdo una división tan marcada a nivel social como veo ahora. Se están viviendo un momento en que si opinás algo, te saltan a la yugular los K y los anti-K; una instancia de un dogmatismo político que no me gusta, porque creo que los dogmas nunca conducen a nada. El dogma se caracteriza por no ser cuestionado. Los K y los anti-K son como dos sectas que no dan lugar a una reflexión intermedia. Y a veces están bueno los grises, sobre todo en una sociedad que tiene que evolucionar. La clase política tiene sus cosas, no soy muy amiga en general.

¿Qué le criticaría al Gobierno y qué aspectos positivos le reconoce?
– Me parece que ha hecho cosas buenas. Me viene a la cabeza algo puntual que quizás parece una pavada. Pero que cada niño tenga una computadora es muy positivo. Poque esáss poniendo a una criatura, a lo mejor de pocos recursos, en un plano de igualdad para el día de mañana, en el plano del laburo. Después veo la actitud en algunos gobernantes que raya la soberbia: ese discursito de “ésta es nuestra posición y no la vamos a modificar”. Me parece que hay cosas que no se pueden soslayar. Un cacerolazo multitudinario no puede sosla- yarse. Aunque sea, que te sirva para reflexionar sobre qué es lo que no estás haciendo bien. Hay de todo. Hay gente que fue legítimamente a golpear la cacerola porque se le fundió su pequeño comercio, por ejemplo, y otros que apoyan a los K porque han visto su situación profesional mejorada. Pero no sirve de nada no sentarse a conversar.

¿Qué temas le preocupan?
– Las grandes desigualdades sociales, la anomia… Y, a nivel mundial, la apatía de los jóvenes, que sienten que no hay un futuro. Me preocupa cierto facilismo social que se ha instaurado también de la mano de la televisión. Gracias a Dios hay muchos chicos que se toman un tren a las 6 de la man?ana y después van a la facultad y la vida no pasa por ser famoso de un día para el otro. Mil cosas me preocupan. Como la falta de conciencia hacia las generaciones futuras. Hablar de ecología, por ejemplo, parece un exotismo pero es cuidar la tierra en la que van a vivir nuestros hijos.

¿La inseguridad?
– Me preocupa muchísimo. No es una sensación que baleen todos los días a una persona, que secuestren a alguien, o que maten a un policía. Cuando era chica viajaba con mi papá a Nueva York y nos guardaba en el hotel a las 18, por miedo a que nos pasara algo. Hoy camino con más tranquilidad en NY que en Buenos Aires. Antes no pasaba. Y en mi adolescencia me recuerdo caminando de regreso a mi casa, a las 4 de la mañana, con amigos. Hoy, a mis hijos no se los dejaría hacer.

¿Por qué llegamos a esta instancia?
– Hay cuestiones polítticas a resolver. También tienen que ver con situaciones económicas tan desiguales. Y creo que inciden otros factores como la droga y esa perspectiva de futuro sin horizontes que tienen muchos jóvenes. Además, pienso que hay una desvalorización social de la educación.

¿Cómo ve a la oposición?
– Muy débil, sin propuestas serias. No veo una clase política, ni de un lado ni de otro, que diga ¡qué bueno, qué proyecto! Estoy en un momento de mucha rebeldía con los políticos. Milité cuando era muy chica y quizás por haber visto como era la política desde adentro es que me cuesta tener empatía con los políticos.

Fuente: El Cronista edicion impresaa

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