Buenos Aires, 24/01/2018, edición Nº 1897
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Fátima Florez: “nunca me llamó nadie para putearme o para coartarme”

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(CABA) Un hombre de galera blanca, enfundado en una capa al tono, abre la puerta del Faena Hotel. El calor arrecia en la ciudad. Al preguntar por las residencias, un delgadísimo joven de impoluto traje negro se ofrece de lazarillo hasta el ascensor hiperespejado. Al llegar a la puerta correcta, se escuchan voces y risas desde el interior del departamento que, temporariamente, habita Fátima Florez con Norberto Marcos, su marido, productor y representante. Abren la puerta. En el espacio que queda entre el sillón del living y la gran mesa donde en ese momento trabajan su agente de prensa y Marcos, la imitadora de CFK charla con otras dos mujeres. “Hola, ya estamos terminando”, tranquiliza, con una sonrisa. La reunión previa se extiende. Madonna, la gata blanca que se contonea en la alfombra de lana con dibujos ovales en rojo, se suma a la escena. Finalmente, Fátima se acerca, saluda con un beso y rescata de la heladera una botella grande de agua azulada. Se sienta, la abre y bebe del pico.

¿Cómo surgió armar caracterizaciones?
Desde muy chica ya lo hacía, como un hobby. Claro que, obviamente, nunca pensé que podría dedicarme profesionalmente, aunque me preparé estudiando canto, baile y actuación. Pero esto de las imitaciones es algo muy autodidacta, no te lo puede enseñar nadie. De hecho, no hay escuela de imitadores. Es un trabajo de uno, de meterse en el personaje, sentirlo, escucharlo, investigar. Porque hay mucho detrás de cada personaje. No es fácil.

Florez gesticula mientras habla y sus delgadísimas y blancas manos se mueven como pájaros. Ese don al que se refiere no está en sus genes. Nadie de su familia pertenece al medio artístico. Ella comenzó su carrera como bailarina gracias a Pepe Cibrián Campoy, quien la eligió para el elenco de El jorobado de París. “En los viajes de las giras, que eran tan largos, imitaba a Susana para mis compañeros. Era una imitación asquerosa, pero ellos se reían igual. Siempre de lo lúdico nacen cosas genuinas”, evoca.

¿Cuándo te volviste una imitadora profesional?
Cuando aparece mi marido. Él me vio hacerlo en broma y me dijo, muy convencido: “Esto lo tenés que hacer profesionalmente y dedicarte de lleno”. Y fue entonces que le dediqué de verdad mi vida.

¿Cómo surgió hacer a CFK?
¡Es que sería una tarada si no hiciera al personaje más famoso y con más poder de la Argentina! Me puse a estudiarla en 2007, y ya en 2008 la hice en eventos. En 2009 la subí al teatro. La composición fue evolucionando, hasta que llegó la propuesta de Jorge Lanata en Periodismo para Todos.

¿Te gusta ser conocida por imitar a Cristina?
Me encanta. Siempre fue mi sueño ser conocida y popular por mi trabajo. Hacer a Cristina marcó mi carrera, sin lugar a dudas. Hizo que la gente me conozca y me siga, que quiera ir a ver mi espectáculo y busque videos en YouTube. Y hasta me dio un Martín Fierro (NdR: En 2013, por Labor Humorística en Televisión).

Tratándose de alguien con tal investidura, ¿componerla fue más difícil?
Es otra responsabilidad. Si bien hago todo con muchísimo respeto y nunca nadie se enojó, cuando hay política de por medio pueden sentirlo como una falta de respeto a la investidura o que me burlo.

¿Te llegaron comentarios del Gobierno sobre la caracterización?
No, nunca me llamó nadie para putearme o para coartarme. Y lo vengo haciendo desde hace tres años en un programa político fuerte, de mucho ráting, de mucha repercusión, donde se dicen cosas fuertes. Vivimos en democracia y, mientras lo haga con respeto, nadie tiene por qué enojarse.

¿Por qué ‘pegó’ tanto tu imitación?
Me meto tan de lleno cuando hago un personaje, no lo hago por arriba… Entonces, cuando hago a Cristina, siento que soy Cristina. Soy muy minuciosa en el color de la voz, en sus gestos. Siempre que aparece la sigo, a ver si cambia algo: la grabo y tengo material ‘a rolete’. Como es una persona que constantemente está dando conferencias y saliendo en cadena nacional, la tengo que hacer igual porque la gente la tiene muy en el oído.

¿Tuviste la posibilidad de conocerla?
No, es la única de las argentinas que hago a quien no conozco personalmente. Nunca la vi ni me la crucé en ningún lado. Por eso, si me dieran la posibilidad de elegir con quién tomar un café, sería con ella, para preguntarle qué piensa de mi personaje.

¿Te importa mucho su opinión?
Siempre me importa la opinión de los personajes que hago. ¡¡Imaginate de la Presidenta!! ¿Qué rescatás y qué criticás de su gestión? A ver, ayudame Norberto… Dale, dejá esa pavada (NdR: Interpela a su compañero, quien mira el desplante de una modelo en un programa de chimentos. Pero responde antes de que él reaccione). Creo que lo que hay que solucionar, lo digo como simple ciudadana, es el tema de la inseguridad. Ahí hay que hacer algo. Todo el mundo piensa y se pregunta en qué lugar vivir que sea más seguro. Creo que eso está fallando. No digo que sea un problema sólo de los que están ahora, pero lo que está pasando se tendría que solucionar por el bien de todos. Entre las cosas buenas, me parece que hace mucho hincapié en la cultura. Y algo que valoro y rescato mucho también es la libertad de expresión: viajo por todo el país imitándola y nunca se me bajó de ningún lado (NdR: En voz baja, su marido le recuerda que hubo un par de provincias en las que no pudo actuar). Sí, pero considero que fue de pura obsecuencia.

¿La censura vino del lado de una gobernación?
Exactamente, vino de la gobernación de la provincia del Chaco. Pero después pudimos llenar el Domo (NdR: Un anfiteatro para más de 1.200 personas). Así que siempre se puede.

¿Qué es lo mejor que te dio componer a CFK?
¡¡Me ha dado tanto esto!! He llegado hasta a los diarios de España e Inglaterra. Y me hicieron una nota en la CNN. ¡De ninguna manera me hubiesen entrevistado si el personaje no hubiese ‘pegado’ tanto! Eso, para mí, fue tocar el cielo con las manos.

¿Cómo es tu relación con Jorge Lanata?
Confía mucho en mí, en lo que siento y en lo que compongo…

¿Tenés que respetar un guión o tenés margen de maniobra?
En este momento hay dos guionistas. Lanata da el visto bueno: todo pasa primero por él. Pero las veces que no quise decir algo porque no estaba de acuerdo o porque me parecía muy fuerte, me respetaron. ¿Por ejemplo? Hubo veces que no me sentí cómoda o no me gustó lo que decía y lo consulté con la producción. Y me dejaron cambiarlo u omitirlo directamente.

¿Pero qué era lo que no quisiste decir?
Hacer referencia a Néstor, que ya está muerto. Con el tema de la salud soy muy respetuosa y, frente a un pedido de hablar de enfermedades, prefiero correrme o no hacer el sketch. Y le agradezco a la producción que me respete. Una vez más su marido intercede y le recuerda el episodio de las pastillas. “A Fati la criticaron mucho después, pero a ella le decían que dijera algo y ella lo cambió. Se equivocaron. Quedó como que ella hacía quedar a la Presidenta como una loca que tomaba pastillas. En realidad, justo esa semana Lanata había mandado una carta a la Presidenta y en el sketch, en un momento, ella tenía que decir ‘traeme un Rivotril, traeme un Rivotril’ y lo pudo cambiar por ‘traeme una pastilla’”. (Florez lo interrumpe) Dije: “Dame un relajante”. Yo tomo uno, a veces, cuando no puedo dormir. Pero eso se tomó después para armar lío y tener material. Pero, como te dije, siempre en lo que tiene que ver con la salud soy muy respetuosa. No sólo con la Presidenta sino con todo el mundo, porque con eso no se hace humor. Ahí soy tajante.

¿Del jefe de Gobierno porteño qué opinás?
Uhhh, a veces cuando el tráfico no te deja llegar a ningún lado… Es difícil manejar una ciudad cada vez más poblada. Pero lo cierto es que la ciudad está muy difícil de transitar.

¿El Metrobús no alivió?
Y… no pasó por ahí tanto. Pero yo no tengo la receta mágica para decir qué sería lo mejor. Pienso que de su parte va a querer hacer lo mejor, porque además, si la gente está contenta, lo va a querer votar para que sea presidente. Pero no sé cómo se puede solucionar el tránsito, que es lo primero. Pienso en la gente: hay personas que viajan cinco horas por día para ir y volver de los trabajos. ¿Vos sabés lo que es perder cinco horas de tu día en viajar? Más lo que tenés que laburar. Y esa gente llega a la casa, limpia, cocina para los chicos… Me pongo en el lugar de ellos: ¿no hay forma de hacer algo para que la gente viaje mejor y que pueda estar tres horas más con sus hijos?

¿Qué valor debería tener un político?
La honestidad antes que nada. No mentir y no pensar en llenarse los bolsillos, sino en el bien de la gente. Eso sería lo ideal. Aunque no sé si es una utopía. Obvio, que tenga su sueldo, pero que piense en la educación, en la seguridad y en la salud.

Estuvieron dos años viviendo en Perú, una economía más estable que la argentina ¿Por qué volvieron?
Estuvimos dos años y fue mucho. El que no lo vive, no sabe lo que es estar fuera del país tanto tiempo. Allá, la verdad, trabajamos muy bien y mucho, para Panamericana Televisión y también en teatro, con shows. Pero también pasó que nos robaron todo lo que habíamos logrado ahorrar en esos dos años. Vivíamos en Miraflores, que es un barrio muy lindo, seguro, pero se ve que alguien corrió la voz y nos robaron todo. ¡¡Todo el esfuerzo de dos años de trabajo!! Ahí nos preguntamos ¿qué hacemos: nos deprimimos o salimos adelante? No nos podíamos deprimir. Así que hicimos una gira desde Perú hasta la Argentina, recorriendo pueblos que en mi vida hubiera imaginado conocer. ¿Sabés lo que es volver en micro de un pueblo a otro desde Perú hasta acá haciendo shows? Cuando sos pendeja, lo hacés y te divertís. Pero esto fue en 2003 y 2004. Recién con ese viaje, yendo de pueblo en pueblo, pudimos recuperar algo de lo que antes habíamos logrado ahorrar, aunque con un sacrificio enorme. Pero en la vida hay que ser optimista, por más cascotes que te tiren. Tuve la suerte de llegar acá y conseguir trabajo: Jorge Corona estaba haciendo la última gran revista (NdR: El viaje del humor), audicioné y quedé.

Volviste justo cuando el gobierno de Néstor Kirchner aprovechaba el viento de cola económico. ¿A vos también te fue bien?
Si bien no me hice conocida enseguida, nunca me faltó el trabajo. Siempre buscamos el crecimiento artístico más que la plata, y creo que eso es clave: prefiero comer arroz pero hacer un trabajo que el día de mañana me haga sentir orgullosa.

Justo ahora que te va tan bien, es menos sencillo comprar dólares. ¿Te complica?
Y sí, es complicado. De hecho, todos recurren a comprarlos de forma ilegal… Y el que diga que no lo hace, miente. Por ejemplo, Norberto vendió la casa donde vivíamos. Y, si querés comprar una casa, tenés que comprarla en dólares. Si no, ¿cómo hacés? Nosotros la vendimos y todavía no pudimos comprar otra… Por eso estamos viviendo momentáneamente en el Faena, ya que vendimos antes de ir a la temporada de Carlos Paz: cuando volvimos, no teníamos adónde ir. Por suerte, conseguimos esta oportunidad a través de un amigo. Entonces dijimos: “Este año vivimos acá y en el poco tiempo libre que tenemos nos dedicamos a buscar una casa”. Pero, ¿vos sabés lo difícil que es buscar y encontrar una casa, y luego poder comprarla? Pero también lo cierto es que el dinero que entra se vuelve a invertir. Tanto lo que entró de Única (NdR: Espectáculo que presentará el 5 y 6 de diciembre en el Ópera Allianz) como todo lo que él hace como productor. En ese tercer tiempo donde Florez y Marcos charlan casi como de entrecasa, cuentan que la apuesta de producir Signum –el musical protagonizado por Hernán Piquín en El Nacional y que contó con la dirección artística de Sean Mac Mckeown, del Cirque du Soleil– no salió como esperaban y ahí también perdieron dinero. “No porque le haya ido mal, sino porque fue un espectáculo muy costoso. Era una muy linda oportunidad, pero el tema fue que trajimos mucha gente de afuera, a la que había que pagarle en dólares. Eso nos mató”, confiesa Marcos.

¿Cuánto perdieron?
Más o menos lo mismo que perdimos en Perú. Pero seguimos trabajando. Está bueno apostar a tu país y darle trabajo a mucha gente. Y ahora vamos a reinvertir en el espectáculo que vamos a hacer en Mar del Plata este verano.

¿Se animan a seguir produciendo?
Para este espectáculo contamos con Carlos Rottemberg como productor de sala, pero la gente, el vestuario, todo eso corre por nuestra cuenta. Nuestra única duda es que no sabemos qué va a pasar este verano, si la gente a va a poder irse de vacaciones. Pensamos poner precios muy adecuados. Y roguemos que no haya tantos espectáculos gratuitos (N.de R. Se refiere a los recitales organizados por la gobernación bonaerense). ¡¡Ay, no!! ¡¡Por favor!! ¿Cómo competís con eso? El año pasado hubo muchos y eso, a quienes hacemos teatro y ponemos de nuestro bolsillo, nos complica.

Fuente: Apertura

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