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«Es mi primer trabajo. Hice varias prácticas, pero jamás había tenido uno», confiesa con orgullo Valentín Magallones, de 25 años. Su historia se entrelaza con la de Milagros Vergara (22), quien relata cómo la experiencia laboral la ayudó a vencer la timidez al interactuar con el público. Ambos forman parte del grupo de 37 personas con discapacidad en el Ecoparque, los nuevos empleados que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incorporó en el marco de una política pública inédita de inclusión laboral.
El proyecto, el primero de esta magnitud llevado adelante por la gestión porteña, busca dar respuesta a dos problemáticas concretas: la falta de oportunidades en el mercado laboral formal para este sector de la población y la creciente necesidad de mejorar la atención al visitante en el predio ecológico de Palermo.
El Ecoparque es el espacio público más visitado de la Ciudad de Buenos Aires: recibe más de 15.000 personas por fin de semana y alcanza los 2 millones de visitantes anuales. Sin embargo, muchas veces el personal no daba abasto para responder a las consultas.
Por otro lado, la realidad del empleo inclusivo en la Capital Federal presentaba estadísticas alarmantes que impulsaron a las autoridades a tomar cartas en el asunto. Durante la presentación, la vicejefa de Gobierno, Clara Muzzio, detalló el panorama:
| Indicador en CABA | Porcentaje / Cifra |
| Población con discapacidad | Más de 300.000 personas. |
| Desempleo general en el sector | 85% se encuentra sin trabajo. |
| Acceso al empleo formal | Solo el 15,7% logra insertarse. |
| Discapacidad intelectual | Apenas el 5% accede a un empleo (generalmente temporal). |
«Hay una preocupación constante en las familias: qué va a pasar con sus hijos el día que ellos no estén. La posibilidad de tener un trabajo formal les da independencia y cambia esa perspectiva», explicó Muzzio.
Para lograr que estas personas con discapacidad en el Ecoparque asuman sus nuevos roles, el Gobierno porteño diseñó un proceso integral que no dejó nada librado al azar. La iniciativa, inspirada en parte por el exitoso restaurante inclusivo «A la Mesa» (del infectólogo Fernando Polack), apuntó principalmente a jóvenes con discapacidad intelectual y neurodivergencias.
El proceso contó con las siguientes etapas clave:
«Esto no es un ‘como si’: es un empleo real. Hay que venir, cumplir y estar capacitado. Romper el paradigma significa que la persona sea contratada por sus capacidades y no por su discapacidad», enfatizó Muzzio.
Hoy, los 37 nuevos empleados se distribuyen en siete postas estratégicas a lo largo de todo el predio. Trabajan de martes a domingo en jornadas de cuatro y ocho horas, brindando orientación, guiando en el mapa, marcando las salidas y enseñando sobre la conservación de los animales.
Tras el rotundo éxito de este primer mes de implementación, el Gobierno de la Ciudad ya proyecta replicar este modelo en otros espacios públicos y alentar al sector privado a sumarse a la iniciativa, utilizando la Ley de Prácticas Formativas como herramienta clave para un Estado presente que fomenta la inclusión real y la autonomía de todos sus ciudadanos.