Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Los alquileres en CABA se convirtieron en una pesadilla financiera para la clase media y las familias trabajadoras porteñas. Un reciente informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) confirmó que firmar un nuevo contrato por un departamento familiar exige ingresos millonarios, dejando a miles de asalariados fuera del mercado formal.
El derrumbe del poder adquisitivo choca de frente con valores locativos que no dan tregua. Las unidades más amplias, impulsadas por la necesidad de espacio extra para el trabajo remoto, lideraron las subas interanuales con un incremento que perforó el 31%.
El tarifario actual de la vivienda en la Capital Federal arroja los siguientes promedios:
La falta de acceso masivo al crédito hipotecario para los sectores medios obliga a los inquilinos a permanecer cautivos en el sistema, recalentando la demanda. A este escenario de escasez y altos precios se suma otro factor que expulsa a los inquilinos tradicionales: el 28% de los avisos porteños ya se publican directamente en dólares.
El valor de publicación del inmueble es solo el primer obstáculo a superar. Actualmente, las expensas representan un 22,8% adicional sobre el costo base de la locación, ubicándose con facilidad por encima de los $260.000 mensuales.
En la práctica, mantener un modesto dos ambientes exige un piso de $850.000 al sumar los gastos centrales y los servicios básicos. El peso de las liquidaciones mensuales se volvió tan crítico que los corredores inmobiliarios advierten que muchas operaciones se caen antes de la firma porque las expensas superan el límite del inquilino.
La brutal brecha entre los salarios reales y el derecho a la vivienda queda expuesta con un dato demoledor: hoy, el Salario Mínimo, Vital y Móvil apenas alcanza para cubrir el 60,6% del valor de un monoambiente.