Buenos Aires, 21/09/2018, edición Nº 2137
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Para evitar el derroche de agua, cada 10 minutos se instala un nuevo medidor: cómo impacta en la boleta

El cobro según los litros usados se extiende en Capital y el Conurbano. Con las nuevas tarifas, un inodoro que pierde sumará $ 2.450 a la factura.

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(CABA) El sistema de cobro con tarifa plana, con montos que no varían si se usan 20 gotas o 20.000 litros, acostumbró por décadas a los porteños a cuidar poco el agua. Dejarla correr al afeitarse o enjabonar los platos, desperdiciarla al limpiar la vereda o convivir largos años con canillas que gotean son sólo algunos de los hábitos que llevaron a Buenos Aires a tener el nivel de consumo más alto de la región, casi duplicando lo registrado en Uruguay, Chile y Brasil. Pero esto, por decisión del Gobierno, empezó a cambiar.

Como parte de un megaplán para “generalizar” el cobro en función del uso, cada 10 minutos se instala un nuevo medidor en Capital y el Conurbano. Y para esos clientes, que antes pagaban un monto fijo según la superficie de su hogar, cada pequeño derroche de agua ahora “pasará factura“.

Si a mediados de 2016 se contaban 270.000 medidores en hogares, en febrero de 2017 ya eran 313.000 y a fin de año se llegó a 357.000, según datos de AySA. Por lo que, según estiman en el Gobierno, el 20% del consumo residencial, en volumen, ya está medido. Pero se apunta a más: llegar al 25% este año y llegar a 2021 con la mitad de las familias cubiertas.

En AySA contaron a Clarín que planean, de julio pasado a julio de 2020, sumar al régimen medido a 351.000 usuarios, de los cuales 252.000 viven en 50.000 edificios. Para eso previó instalar unos “55.000 medidores por año”, a razón de 150 por día o casi 6 por hora, mayormente para usuarios residenciales. Aunque podrían ser todavía más.

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“Actualmente vamos en línea con lo programado y prevemos una revisión del plan, elevando un nuevo programa de medición a fin del corriente año con una aceleración importante de la cantidad de usuarios a incorporar al régimen medido”, ampliaron fuentes de la compañía. Entre clientes residenciales y no residenciales, los medidores ya son 451.000.

En paralelo, desde noviembre, una resolución de la Subsecretaría de Recursos Hídricos cambió la forma de calcular la factura de los usuarios medidos, dándole mucho más peso que antes al “cargo variable” en en el monto final. Y sacando de la ecuación lo grande o pequeño de la vivienda. Ahora, casi todo se juega según cuánta agua corra.

Así, se abre una nueva época donde, para cada vez más familias, todo desperdicio se castigará con un golpe al bolsillo, forzando un fuerte cambio de hábitos.

Tras la suba de tarifas del 26% prevista para mayo, sólo tener una canilla que gotea -derrochando 46 litros por día- le sumará a la factura bimestral de un hogar medido unos $ 62 en las zonas de nivel más bajo, $ 94 en barrios de nivel medio y $ 117 en las manzanas de mayor poder adquisitivo, según calculó Clarín.

Y eso puede ser lo más leve. Para usuarios medidos de agua y cloacas en zonas de nivel medio, no arreglar un inodoro que pierde por una falla en el flotante o una cañería picada dentro de la pared costará unos $ 2.450 por bimestre, al perderse 1.200 litros diarios. Mientras que una canilla que chorrea, con 2.000 litros diarios de desperdicio, puede costar casi $ 4.100.

Como contracara, el cobro por “metro cúbico” consumido y no según los “metros cuadrados” beneficia especialmente a los que usan poca agua en viviendas amplias, los históricos perjudicados por la tarifa plana. Por eso, en los últimos dos años se multiplicó por siete la cantidad de clientes que piden tener medidor, opción que será gratuita hasta 2022, por decisión oficial.

En 2017, de los 37 mil nuevos usuarios medidos, el 9% solicitaron el medidor. Entre 2010 y 2015 habían sido 500 casos anuales, pero en 2016 y 2017 se pasó a 3.400 por año“, explicaron en AySA. Lo que no se podrá es rechazar el medidor, cuando la empresa avisa que va a instalarlo.

A diferencia de los que tienen tarifa plana, los usuarios medidos tienen la chance de reducir el uso de agua para pagar menos o aliviar los aumentos. Para un usuario promedio de agua y cloacas, calculan en la empresa, bajar 10% el consumo genera un ahorro de $ 200 en la factura bimestral, y bajarlo un 20% tiene un beneficio de $ 400. Si en vez de 20 minutos, la ducha diaria dura 10, sólo eso puede bajar el total de la factura un 11%.

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“No hay ciudades en el mundo como Buenos Aires con tan pocos medidores. Sólo está Londres, que también empezó a solucionarlo. Y en materia de uso racional, tenemos mucho por mejorar. Hoy producimos demasiada agua porque gran parte se derrocha. Nos propusimos cambiar eso para poder seguir extendiendo el servicio a la población que aún no lo tiene”, destacó Pablo Bereciartúa, el subsecretario de Recursos Hídricos de la Nación.

Con el nuevo sistema, ante cada uso del agua, los vecinos deberán pensar en los costos. Clarín calculó que, para usuarios de zonas de nivel medio, desde mayo, tirar la cadena costará 55 centavos y lavar los platos, cerca de $ 1. Cada lavado de ropa sumará $ 3,40 a la factura, igual que una ducha de 10 minutos. Un baño de inmersión valdrá $ 5,10, lavar el auto más de $ 12 y regar la plantas con manguera, $ 17 por vez. Lo que ya pasa con la luz y el gas llega de a poco a las canillas.

En edificios, la modalidad genera subas de expensas y conflictos entre vecinos
A la convivencia en los consorcios, siempre complicada, se suele sumar un nuevo foco de discordia cando la empresa de agua y cloacas notifica que instalará un medidor y que comenzará a cobrar en función del consumo. Eso trae conflictos porque la medición no se realiza discriminando el consumo individual de cada departamento: es global para todo el edificio. Y luego la factura se divide entre los vecinos según el porcentaje de copropiedad, pasando a formar parte de las expensas ordinarias.

En muchos edificios están instalando medidores y, en general, el primer efecto es que el gasto aumenta porque muchos vecinos no tienen la instalación en condiciones y son muy descuidados. Cuando uno entra a los departamentos, ve muchas canillas goteando e inodoros que pierden. Los administradores hacemos inspecciones visuales y les marcamos los problemas, pero a veces la gente no está, o está y demora en reparar los desperfectos, pese a que perjudican al resto. Ahí empiezan los roces entre los vecinos”, explicó Adrián Hilarza, encargado de Prensa de la Asociación Civil de Administradores de Consorcios.

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“La facturación común, con los niveles de morosidad que hay, también se vuelve un problema porque los que están al día le terminan pagando el agua a los que se atrasan, que muchas veces son los mismos que no reparan sus pérdidas de agua, licuando los efectos de ese derroche en el gasto general”, agregó. Y contó que los vecinos, desde que llega el medidor, también comienzan a “controlar más de cerca al encargado para que no derroche el agua”, por ejemplo, cuando limpia la vereda cada mañana.

Victoria Loisi, secretaria general de la Fundación Liga del Consorcista de la Propiedad Horizontal, coincide: “Muchos propietarios nos manifiestan que, al llegar el sistema de medidores, terminaron pagando más que antes por el servicio. Y se quejan porque sienten que es injusto que todos paguen una suma proporcional del consumo global, sin importar que en su unidad vivan muchas o pocas personas, ni que gasten o ahorren”.

“Antes, con las tarifas muy subsidiadas, y la cuestión no saltaba. Pero ahora, como los montos son más importantes, se ha vuelto un tema de discusión en las asambleas”, agregó.

Los medidores ya están en 66.000 edificios de Capital y el Conurbano, y en los próximos tres años prevén llevarlos a 50.000 más, informan en AySA. Confirman que hoy “no se evalúa la medición individual por unidades” y dicen que lo mismo pasa en ciudades como Londres y París.

En la Subsecretaría de Recursos Hídricos apoyan la postura. “Cada consorcio debe encontrar una solución, los vecinos deben llegar a un acuerdo. En las ciudades más avanzadas del mundo no hay medición individual, y eso no les impidió avanzar hacia un uso más racional del agua”, opinaron. NR

Fuente consultada: Clarín

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