Buenos Aires, 19/02/2018, edición Nº 1923
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Villa Lugano: postergan el comienzo de la demolición del Elefante Blanco

Hubo demoras en el trámite de licitación de la obra y hay todavía decenas de familias que viven en casillas precarias junto a la estructura.

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(CABA) Por ahora, el viejo y abandonado edificio del Elefante Blanco seguirá en pie. El comienzo de la demolición, que había sido anunciado para pasado mañana, se postergó. Fuentes oficiales explicaron que hubo demoras en el trámite de licitación de la obra. Paralelamente, frena los trabajos la presencia junto a la estructura de hormigón de casillas que albergan a decenas de familias; según la Ciudad, son 40, pero para los vecinos suman más de un centenar.

A comienzos del mes pasado, el gobierno porteño confirmó que el Elefante Blanco, situado en un extremo de la villa Ciudad Oculta, quedaría reducido a una montaña de escombros mediante tareas de demolición manual que se extenderían por 280 días. La superficie liberada, según el plan oficial, será destinada a espacios de uso público.

En ese momento, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat estimó que antes de tirarlo abajo lograrían acordar con los vecinos linderos una solución habitacional y/o económica para su reubicación. Sin embargo, cuando faltan dos días para la fecha estimada para el inicio de la demolición, todavía hay viviendas literalmente apoyadas sobre las paredes del imponente inmueble, en el barrio de Villa Lugano. El conjunto de casas es conocido como Manzana 27 bis.

Voceros de esa dependencia dijeron a La Nación que se conformó una mesa de diálogo con esos vecinos, como parte de la causa judicial en manos de la jueza Elena Liberatori, que prohibió cualquier desalojo de las familias. Las fuentes admitieron que mientras no estén todas esas personas relocalizadas no empezará la obra. También explicaron que la apertura de los pliegos para adjudicar la demolición se realizará este viernes, por lo que sólo en septiembre se iniciarían los trabajos.

Desde diciembre de 2013 avanza una acción judicial impulsada por un amparo colectivo que reclama el saneamiento del entorno del Elefante Blanco, caracterizado por la presencia de ratas, la acumulación de basura y la falta de servicios públicos. El defensor público Ramiro dos Santos Freire y una asesora tutelar patrocinan a los habitantes de la Manzana 27 bis. Recientemente, ante versiones de que el asentamiento iba a ser desalojado por la fuerza para avanzar con la demolición del gigante de hormigón, los funcionarios presentaron una nueva cautelar para impedir cualquier medida de ese tipo y la jueza Liberatori hizo lugar al pedido.

“Compartimos que hay que relocalizar a esa gente, pero tiene que haber una solución con casas dignas que mejoren sus condiciones de vida actuales”, dijo el defensor en diálogo con La Nación.

El plan original de la Ciudad era mantener en pie los primeros pisos del Elefante Blanco -edificio ideado en la década del 30 para alojar a la Liga contra la Tuberculosis- y mudar allí, junto a Ciudad Oculta, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat. Pero, según estudios técnicos realizados, la estructura es irrecuperable. El ministerio llegará al mismo predio, aunque a una construcción independiente.

De acuerdo con un relevamiento realizado por el Ministerio Público de la Defensa entre el 10 y el 12 del mes pasado, en la Manzana 27 bis residen 163 familias (535 habitantes) distribuidas en 74 viviendas. Estas cifras, aclararon desde el organismo, podrían haber sufrido alguna modificación desde entonces. Desde Desarrollo Humano insisten en que sólo son 40 las familias que persisten en esa situación y aún no acordaron su relocalización.

Liberatori mantendrá hoy una nueva audiencia con representantes de todas las partes para consolidar el número de familias. La idea sería también incluir en el expediente las propuestas de reubicación de esos vecinos.

“Yo quiero una vivienda digna fuera de la villa”, dijo Miriam Campuzano, mientras señalaba la basura y los escombros que rodean su casa. Hace 16 años se instaló junto al Elefante Blanco. Detalló que entonces pagó unos $ 200 por el espacio y erigió allí su humilde casa. “Tengo un hijo discapacitado. No puedo irme de acá sin nada o con un dinero que no me alcance para otra casa”, agregó. Algunos de sus vecinos ya aceptaron la propuesta oficial y sus casillas fueron reducidas a piedras.

Carmen Irigoyen recibió un subsidio económico de $ 290.000. “Compré un terreno cerca de Ezeiza. Ahora necesito tiempo para construir”, explicó a La Nación.

Hace un mes, Stefanía se fue de su casa porque tenía miedo de que se derrumbara la casilla de atrás, que había quedado deshabitada. “El dinero que me dieron sólo me alcanzó para comprar una casillita en un pasillo al fondo de la villa Ciudad Oculta”, se quejó. “Está peor que antes”, sostuvo su madre, Graciela González, que sigue viviendo en la Manzana 27 bis. Los vecinos coincidieron en que quieren mejorar sus condiciones de habitabilidad, pero no abandonarán la vivienda que tanto les costó tener a cambio de una opción que no los satisfaga. NR


Fuente consultada: La Nación

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