Buenos Aires, 10/12/2018, edición Nº 2217
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Tras 40 años de abandono, arrancaron las obras para convertir el puerto de San Isidro en un parque público

Invertirán este año $220 millones en parquización y equipamiento recreativo.

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(PBA) El puerto de San Isidro empieza a dejar atrás el abandono que lo caracterizó durante las últimas cuatro décadas. Catorce meses después de que la gobernación bonaerense iniciara la transferencia de la administración del predio al municipio de San Isidro, la intendencia comenzó las obras para convertir esas siete hectáreas en un parque público que rodeará las dos dársenas y convivirá con la actividad náutica. El desafío es lograr que varios sectores -como la rambla, una bicisenda, un playón deportivo, un sector de picnic y un área de juegos- puedan ser estrenados el próximo verano. Y finalizar todo el proyecto en 24 meses.

La maquinaria y el personal que trabaja en el lugar desde principios de enero quebraron la quietud que regía desde fines de los 70, cuando el puerto dejó de funcionar y las areneras y sus oficinas pasaron a ser el hogar de varios empleados que se quedaron sin trabajo. Desde entonces hubo muchos acuerdos para transferir el predio al municipio y hasta una ley que promovió la creación de un consorcio para impulsar una reactivación. Pero todos fracasaron y ninguno, hasta el consensuado entre María Eugenia Vidal y Gustavo Posse en noviembre pasado, había logrado avanzar con las obras.

Las primeras tareas en el puerto fueron para asegurar el sitio y preparar el terreno. Sacaron basura, ralearon árboles, sumaron luces y colocaron cámaras de seguridad. También cerraron los accesos vehiculares y pusieron una custodia policial permanente para “evitar ocupaciones“, mientras negocian dónde reubicar a 26 familias que viven en construcciones dentro de la jurisdicción del puerto. Actualmente se trabaja en la primera obra de infraestructura: hay martillos neumáticos rompiendo la losa del camino interno, que será desplazado al borde del predio, de manera que casi todo el interior pueda ser parquizado. “La primera decisión es que sea un parque público”, afirmó Posse y aclaró que no se habilitará “ningún comercio“, los autos “no podrán ingresar” y la puesta en valor será “en armonía” con la fisonomía del Bajo de San Isidro.

Las aclaraciones buscan despejar temores. La idea de convertir el puerto en un parque tiene bastante consenso vecinal, pero despierta muchos resquemores sobre el impacto que puede traer aparejado. El lugar está a 400 metros de la estación San Isidro del Tren de la Costa, a seis cuadras de la catedral y a un kilómetro del corazón del centro comercial de la calle Belgrano. Sin embargo, el abandono en el que estaba sumido lo convirtió en un oasis desde el punto de vista de la tranquilidad que reinaba. “El proyecto cuadra, en líneas generales, con nuestras expectativas. Lo que nunca quisimos fue que abrieran restaurantes o un casino, como se llegó a especular. Pero también es cierto que quienes viven cerca del puerto están preocupados por el tránsito que se puede generar y tienen dudas sobre dónde estacionarán los autos y qué seguridad se ofrecerá”, enumeró Juliette Massouh, vocera de la asociación Vecinos del Bajo de San Isidro, que agrupa a unos 1200 residentes de la zona.

A diferencia de otras obras, la del puerto la ejecuta el municipio. No fue licitada ni adjudicada a una empresa. Una de las razones es que el proyecto, que este año demandará una inversión de $220 millones, no está cerrado y aún hoy reciben observaciones vecinales. “Podemos anticipar que el 80% de la superficie será espacio verde“, destacó Diego Augusto, subsecretario de Planeamiento Urbano de San Isidro. Y confió que el parque tendrá tres accesos: el principal será por la intersección de Tiscornia y Primera Junta, donde se hará una rotonda, y los dos secundarios, uno más o menos a la altura de la calle Húsares y otro en Del Barco Centenera, donde habrá una segunda rotonda. El perímetro estará cercado; tendrá vigilancia las 24 horas y permanecerá cerrado de noche. En tanto, el camino interno será retirado hacia el oeste entre 50 y 150 metros; pasará a tener 9 metros de veredas, un carril por mano y un bulevar central. Sobre ese nuevo trazado, que permitirá ir de norte a sur y viceversa, sin entrar con el auto al parque, habrá 90 espacios para estacionar. Para consolidar ese camino, el municipio está gestionando que los frentistas restituyan varios metros cuadrados de tierra fiscal que habían incorporado a sus terrenos.

En el interior del parque habrá distintos sectores. Por un lado se restaurará la rambla y se crearán sendas peatonales y para bicicletas. En la zona donde ahora están las terminales de las líneas de colectivos 333 y 168, que despejarán parte del lugar que ocupan pero mantendrán sus paradas, habrá un playón con canchas de fútbol, básquet y vóley pintadas en el piso. En ese mismo sector se levantará un skatepark y habrá aparatos para hacer gimnasia. En el espacio entre las dársenas, la intención es generar un sector de juegos para chicos y un área con mesas y bancos. De los dos areneros, por lo menos uno será conservado y destinado a un futuro museo o espacio para actividades culturales, algo que muchos vecinos piden. Los desniveles del terreno se aprovecharán para conformar un anfiteatro natural para eventos. Por último, el parque tendrá baños y una sala de primeros auxilios, y probablemente un área a la cual poder ir con las mascotas.

Algunos vecinos plantearon que haya una rampa pública para bajar kayaks, botes y lanchas al río, idea que por ahora es evaluada por el municipio, desde donde afirman que la actividad náutica se sostendrá. De hecho, sobre el espejo de agua se mantendrán las amarras de varios clubes náuticos. La intendencia intentó sacar unas 40 amarras que el Club Amarristas tiene en una dársena, pero presentaron una cautelar ante la Justicia y les fue otorgada. “Estamos de acuerdo con el progreso del puerto, pero no queremos que deje de ser un puerto”, explicó Alejandro Sfeir, presidente del Club Amarristas. NR


Fuente consultada: La Nación

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