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El plan de modernización del subte porteño dio un paso administrativo clave, aunque con nula competencia. La renovación de la Línea B sumó un capítulo decisivo en la licitación para la compra de rieles: se presentó una sola empresa, Hierro y Rueda, que ya fue preseleccionada para la apertura de la oferta económica.
La operación, gestionada por Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), es la antesala obligatoria para la llegada de los nuevos trenes de fabricación china (CRRC), que reemplazarán definitivamente a las obsoletas flotas Mitsubishi y CAF 6000.
La compra no es menor. Se trata de la provisión de 3.400 toneladas de rieles perfil 115RE AREMA, destinados a reemplazar 8,5 kilómetros de vías entre las estaciones Leandro N. Alem y Federico Lacroze. Este sector, renovado por última vez en 1998, presenta «tramos críticos» debido a problemas históricos de drenaje y falta de contrabóveda.
El objetivo técnico es claro:
La ingeniería financiera detrás de la renovación de la Línea B depende de la aprobación de fondos externos. La Ciudad negocia un crédito con la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina) por hasta u$s 300 millones, al que se sumará un aporte local de u$s 120 millones.
Este paquete de u$s 420 millones tiene destinos específicos:
Si bien el DNU 186/25 del gobierno nacional avaló el endeudamiento, el desembolso se encuentra actualmente paralizado, lo que motivó reclamos en la Cámara de Diputados para que el Ministerio de Economía priorice la ejecución de los fondos.