Buenos Aires, 23/01/2018, edición Nº 1896
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Realidad y ficción: un recorrido por la Buenos Aires de Cortázar y Borges

Literatura y vida.

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(CABA) Agosto viene con dos aniversarios muy especiales para los argentinos. Los dos, literarios. Los dos, porteños. Los dos, buenos argumentos para salir a encontrar tesoros escondidos en Buenos Aires. El mes es especial porque recuerda que el 24 de agosto de 1899 nació Jorge Luis Borges, y que el 26 de agosto de 1914 nació Julio Cortázar. Las vidas y las obras de ambos tuvieron que ver, en parte, con ciudades europeas –Borges, con Ginebra; Cortázar, con París–, pero la Capital Federal integra sin dudas también sus historias personales y de ficción.

¿Cómo se puede hacer para seguir los pasos de estos dos gigantes del arte nacional? El Gobierno de la Ciudad ofrece en su web un paseo por Palermo Chico, que parte de Mariscal Castilla y Av. del Libertador, y pone el acento en cuestiones arquitectónicas, dentro del área donde habita el ángel borgiano. Y algunos bares notables incluyen referencias literarias. Lástima que el Bar London, en la esquina de Av. de Mayo y Perú –donde sucede parte de la novela Los premios, de Cortázar, y donde él mismo solía sentarse–, ha cerrado el año pasado. Quedan La Biela, en Av. Quintana 600 –donde Borges es una escultura sentada a una de las mesas, junto a su amigo Adolfo Bioy Casares–, y el Tortoni, en Av. de Mayo 825 –por cuyas tertulias pasaron Borges, además de Alfonsina Storni y Carlos Gardel, los tres ahora también esculturas–.

Asimismo, existen algunos paseos que se encargan de seguirles el rastro específicamente a Borges y a Cortázar. La empresa de paseos históricos Eternauta ofrece en agosto la caminata “Palermo borgeano”, bajo estas consignas: “¿Qué Palermo existía cuando Borges vivía? ¿Cuál era el Palermo de compadritos y orillas que recuerda Borges? ¿Cuál es la piedra fundacional de su proyecto literario?”. Durante dos horas, que arrancan en el Monumento a Garibaldi (Plaza Italia), la idea es encontrar reflejos de este universo poético y narrativo en el Palermo actual.

Por su parte, Lara Mirkin, de Literary Experience, cuenta el formato de sus salidas: “El objetivo es brindar una experiencia literaria, en un doble sentido: por un lado, lo que significa sentarse en una esquina a leer un cuento, y por otro, contar con un guía que brinda herramientas para entender ese cuento y conectarlo con el lugar en que estamos parados. Distribuyo las dos horas de actividad así: un 30% sobre la historia del barrio, un 30% sobre la historia del autor y sus obras principales, y un 30% dedicado a leer pequeños textos, comentarlos y relacionarlos con el lugar. El resto es espacio para las inquietudes de los asistentes”.

Sobre los asistentes, en grupos reducidos, con cupo mínimo de cuatro personas, es curioso el porcentaje que se verifica: “Es un 60% de extranjeros y un 40% de argentinos –continúa Mirkin–. Entre los locales, están los que se acercan porque les interesa conocer un barrio diferente aunque sólo escucharon hablar de estos autores; y están los que vienen porque son fanáticos de la obra. De los extranjeros, a menudo ya leyeron a Borges o a Cortázar en inglés, pero lo que les resulta atractivo es vivir esos textos en Buenos Aires, en castellano, y con una guía argentina”.Así, cada uno de los caminantes otorga una connotación diferente andando por los mismos sitios. Los de Cortázar se concentran en el barrio de Agronomía; los de Borges, en Palermo. De hecho, el cuento Juan Muraña comienza con “Durante años he repetido que me he criado en Palermo”; enseguida remite a la escuela N° 1 Distrito Escolar N° 9 República de Cuba, donde en 1911 concurrió Borges a una de sus aulas de 4° grado –actualmente en Costa Rica 4942; entonces, en Thames 2321–; y luego, también, al pasaje Russell. El cruce de Soler y la calle Borges también remite a la antigua Buenos Aires de compadritos, que el autor inmortalizó en cuentos como Hombre de la esquina rosada.

Cortázar vivió entre 1934 y 1951 con su madre y su hermana en la casa de Artigas 3246, actualmente en pie. Por eso, lo que se conoce como “Barrio Rawson” –un área dentro de Agronomía, cerrada por Tinogasta, Zamudio y Av. San Martín– quedó impregnado en su memoria y en parte de sus textos. En el cuento Omnibus, incluido en Bestiario, la protagonista camina precisamente por Tinogasta y Zamudio y observa la torre de estilo florentino de la parroquia San Juan María Vianney, en Av. San Martín 4460.

La zona le rinde algunos homenajes al autor de Rayuela, como un puente que lleva su nombre, en el cruce de Av. San Martín con Mineo, o la propia calle Julio Cortázar, entre el 3500 y 3700, ex calle Espinosa. Pero más que las referencias precisas –en Buenos Aires, está la Placita Cortázar en Honduras y Serrano; hay una escuela, un centro cultural, una biblioteca, todos con el mismo nombre–, aquí importa el clima de barrio tranquilo, de casas bajas y bonitas, con paseos arbolados y un ambiente propicio para que lo fantástico ingrese en la realidad, como en el cuento Divertimento, donde hay referencias a una “casa de Villa del Parque donde jugábamos a vivir” y a un “campo a tres cuadras, al borde mismo de la Facultad de Agronomía, [donde] un montón de vacas pastaban […], la constelación vacuna”. Para los últimos fines de agosto, entonces, la recomendación es ponerse ropa de abrigo y andar por las callecitas de la ciudad para descubrir esas marcas literarias que le suman un encanto más.

Fuente: Perfíl

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