Buenos Aires, 19/12/2018, edición Nº 2226
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Policiales

Por primera vez una mujer profesional tiene a su cargo la Superintendencia de Policía Científica

Cristina Raverta forma parte de la cúpula de la Bonaerense. Tiene 28 años de servicio y ahora maneja un área clave para el esclarecimiento de delitos.

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(PBA) Cristina Raverta es una de las tres mujeres que forman parte de la cúpula de la Policía Bonaerense. Pero no es del mismo palo que el resto de los 24 comisarios generales que integran esa mesa chica que toma decisiones en situaciones de crisis. Es la primera mujer profesional en la historia que tendrá a su cargo la Superintendencia de Policía Científica, un área clave para el esclarecimiento de los delitos.

Raverta es ingeniera química. Tiene 28 años de servicio. Entró a la Policía como cadeta en la Dirección de Personal del Ministerio de Seguridad mientras cursaba sus estudios en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Su firma figura en las causas más relevantes de los últimos 15 años.

Hace dos semanas fue ascendida a comisaria general pero todavía sigue recibiendo mensajes con felicitaciones. En la entrevista con Perfil su teléfono no dejará de sonar.

Ella ocupa el despacho más grande de la base central de la Científica, en la ciudad de La Plata. “Mi primer gran proyecto fue el del espectrofotómetro infrarrojo, que analiza muestras orgánicas, como por ejemplo medicamentos, precursores químicos o cualquier sustancia pura; estudia sólidos, líquidos y gases, y los compara para ver si tienen la misma composición”, cuenta a ese diario.

Raverta no es una policía como cualquier otra, aunque lleve el mismo uniforme. No es de “trinchera”, como se identifica a los policías que crecen en la calle entre persecuciones y fuego cruzado. Nunca detuvo a un delincuente ni se enfrentó a tiros con una banda. Y no tiene pudor de reconocerlo porque su especialización es otra.

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“Yo nunca fui de comando. Nunca hice la escuela de policía, nunca recibí entrenamiento. Me preparé para el área en la que me iba a desarrollar, que es la ingeniería química”, explica a Perfil.

Sin casete. La flamante comisaria general trabajó varios años con Daniel Salcedo, el ex jefe de la fuerza que llegó al cargo más alto después de dirigir la Científica, y es vecina y amiga de Juan Carlos Paggi, el titular de la Bonaerense en el segundo mandato de Daniel Scioli. Sin embargo, asegura que no se siente capacitada para asumir ese rol.

“A mí no me da vuelta la posibilidad de llegar a jefa de la Policía porque considero que el policía que debe liderar la fuerza es alguien que tenga experiencia en la calle. El 80% de la fuerza está en la calle. Yo nunca estuve en el fuego cruzado ni participé de una detención. Mi trabajo es en equipo: cuando tus compañeros de seguridad aseguran el lugar, nosotros entramos”, dice convencida.

Entre narcos y homicidas. Raverta resultó clave en el desbaratamiento del primer narcolaboratorio de drogas sintéticas que narcos mexicanos montaron en una casaquinta de Ingeniero Maschwitz, a mediados del año 2008.

También fue determinante para que la Justicia condenara al empresario Horacio Conzi por el asesinato de Marcos Schenone, ocurrido en enero de 2003.

“Lo que más me impresionó de la casaquinta de Maschwitz fue la droga terminada. En un ambiente estaban salinizando, en otro ambiente estaban los precursores, en dos más había distintas etapas de lavado, hasta que en el último ambiente, el más limpio y el más pulcro, estaba la droga terminada: parecía cristal de roca”, recuerda.

“Había visto fotos y videos pero esa fue la primera vez que vi el cristal en mi vida. Otra cosa que me llamó la atención fue que las herramientas que tenían eran hechas en México. Se trajeron las válvulas para armar los equipos para salinizar. Los precursores que encontramos estaban en envases de otros materiales: decía suplemento dietario de aloe vera pero adentro había ácido hipofosforoso. Estaban cerrados con precintos y decía industria mexicana”, cuenta a Perfil.

En el caso Conzi hizo el informe pericial de las pinturas de los autos. “En esa época era jefa de espectrofotómetro infrarrojo y esa fue mi primera gran pericia. En la persecución hay un roce entre el auto del acusado y el de la víctima, y detectamos que ambos tenían intercambio de pinturas. La pericia está perfecta, es irrefutable y además está en la sentencia. La defensa intentó atacar el secuestro de la muestra porque la pericia era contundente”, explica.

—¿Con tanta tecnología, es más difícil cometer el crimen perfecto?
—Es más difícil. Si usan guantes para no dejar huellas, ya encontramos otras cosas para buscar. Siempre vamos a encontrar algo. Nuestro próximo desafío es tener IBIS (Sistema Integral de Identificación Balística), poder trazar todos los proyectiles y vainas de la provincia, para que cada vez que se cometa un ilícito con algún arma de fuego podamos vincular ese proyectil con todos los demás hechos que se produjeron. No importa que no dejes el dedo, vamos a encontrar el hecho por las vainas de los proyectiles.

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Pericias claves
“Con los testigos no hay que relajarse”, sostiene Raverta sobre su tarea. “Siempre hay que buscar más indicios porque los testigos se asustan, cambian la declaración o se mueren, por eso la prueba pericial es lo más importante en todo proceso judicial”.

La jefa de la Policía Científica resolvió infinidad de casos a lo largo de su carrera, pero el reconocimiento no siempre llegó a los medios. “Hice la pericia en el caso de la Hiena Barrios”, dice a Perfil. “Participé en el juicio. Fue difícil porque había que probar algunas cuestiones con la orina de la Hiena, que tenía una densidad mucho menor que la orina común de una retención normal”, recuerda. El exboxeador fue condenado a tres años y siete meses de prisión por haber atropellado y matado a una joven embarazada en 2010 cuando conducía en estado de ebriedad.

Raverta también supervisó las pericias químicas a la droga que comercializaba la narcobanda rosarina Los Monos. “Pudimos definir que el proceso de composición era especial”, recuerda. NR

Fuente consultada: Perfil

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