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En el Museo Barrio de Flores, Matías Fernández Burzaco presentó en vivo su nuevo tema "El Chanta".
El Chanta es un tango fusión con reggaetón que Matías lanzó a mediados del mes de Octubre en la plataforma Spotify y lo presentó en vivo, por primera vez, en el Museo Barrio de Flores en La Noche de los Museos.
El artista considera que hacer una canción es un sueño y que «ese juego de descifrar cuál es el estribillo, dónde van a ir las pausas, cambiar la intención y los colores de la voz» es maravilloso. “Cuando lo grabé estuve en el cielo. Si bien mi música podría considerarse como experimental, fue un desafío peligroso y desértico lograr la fusión de esta canción: tango y reguetón. Es una combinación jamás escuchada en el mundo. Puede sonar en un rancho de amistades, en un boliche para perrear, y también está hecha para pensar y para hacerse preguntas. Para mí es totalmente nuevo ponerme a recitar y a cantar sin una percusión de fondo. Sucedió. Entiendo que logramos hacer una obra”, señaló orgulloso el Matías en una entrevista con PEEK Latam
Matias también es escritor y tiene dos libros publicados «Formas Propias» y «Los Despiertos».
Matías padece fibromatosis hialina juvenil, una patología genética y autosómica recesiva: Gabriela y Juan, sus padres, tienen otros dos hijos -los mellizos Juan Ignacio y Agustín, los primogénitos- y portan el gen. Su organismo fabrica colágeno en exceso.
Le sobra piel y tejido conectivo, le faltan músculos. Su cuerpo está invadido por protuberancias que son nódulos que son tumores benignos que son los “animales invasores” que le alteran su fisonomía y le cercenan sus voluntades motrices.
Una vez le pidió a uno de sus enfermeros que se los cuente: son 171 bultos; 33 en la mano izquierda, 38 en la mano derecha, 13 en el dedo gordo de la mano derecha, 31 en los pies, varios en las orejas, uno grande en la pera, otro grande en el pecho. La otra argentina que tiene esa enfermedad es Mayra Ordoñez, de 26 años. Vive en Monte Grande. La enfermedad de Matías no afecta los órganos vitales, no pasa por la sangre ni modifica su capacidad cognitiva. El cerebro funciona; el cuerpo no.