Buenos Aires, 18/04/2021, edición Nº 3077
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La revista porteña, a través de la historia del Teatro Maipo

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El historiador Carlos Schwarzer es el autor de «Teatro Maipo, 100 años de historia entre bambalinas», que a través de anécdotas y personajes revela acontecimientos desconocidos y curiosidades de la llamada «catedral de la revista porteña».
El volumen de 300 páginas editado por Corregidor arranca en tiempos de la Colonia y se detiene primero en Charles Seguin, un empresario con vínculos prostibularios que reinó en la noche de Buenos Aires y fundó en 1908 el teatro Scala, llamado luego Esmeralda y finalmente Maipo.

Por allí aparecen los nombres de Gloria Guzmán, Iris Marga, Cela Gámez, Tita Merello, Luis César Amadori, Sofía Bozán, Alfredo Barbieri y Alicia Barrié, hasta los más cercanos Nélida Lobato, Juan Verdaguer, Gogó y Tono Andreu, las hermanas Pons, Enrique Pinti y Nacha Guevara.

El Maipo de Schwarzer es una sucesión de anécdotas sobre temporadas, vínculos comerciales, éxitos y fracasos, competencias con otras salas, cambio de propietarios, personalidades impares, hechos de alcoba y hasta presencias fantasmagóricas de las que ningún teatro puede prescindir.

«En 1994 el Maipo tuvo una de sus tantas reaperturas -comentó Schwarzer en diálogo con Télam- cuando fue tomado en `leasing` por Lino Patalano y Julio Bocca y me convocaron como historiador para traer a luz parte de la trayectoria del teatro que no se conocía.» Agregó que «a duras penas apenas se conocían las fechas de construcción y quién lo había hecho, y entonces me contrataron en función de un documental que se iba a preparar para el espectáculo de reapertura, donde iban a estar grandes artistas».

«A partir de ese momento me contacto con figuras importantes y, aparte de Norma Aleandro y Alfredo Alcón, la primera fue María Esther Gamas, ya muy viejita pero muy memoriosa, que me contó sobre (Florencio) Parravicini y otros grandes», recordó.

Ese fue el origen del libro, que contiene numerosos relatos orales de artistas e hijos de artistas, empleados del teatro, vestuaristas, el sombrerero, cuyo embrión fue el artículo «La historia del teatro Maipo» en la revista Todo es Historia, en 2003.

«Fue un trabajo que me entusiasmó, el mismo teatro me maravilló de entrada: cuando entré en 1994 estaba todo dado vuelta y en su penumbra tuve una sensación extraña, como algo místico, distinto a la sala que yo guardaba en la memoria», añadió.

Sobre el tema de los «fantasmas» que habitan el lugar, el autor se dijo escéptico pero atento al testimonio de los testigos que hablan de presencias bondadosas aunque inquietantes: «Los fantasmas pueden ser varios, entre ellos alguien de apellido Cáceres, un maquinista que se dedicaba a levantar los telones y se colgó de una viga en la terraza durante una función de `La mujer del año`, con Susana Giménez, aparentemente por una enfermedad incurable».

Schwarzer agregó que la diva no se enteró del incidente «y la función siguió, ya que lo sacaron por una ventana; y en 1943 un actor de nombre Radrizzani murió durante un incendio, al querer rescatar su ropa, y suelen decir que Cáceres y Radrizzani son presencias que aparecen inesperadamente».

«Yo no los vi -confesó- pero cuento los testimonios como el de Norma Aleandro, quien luego de decirme que no sabía nada del tema terminó hablando más de una hora sobre presencias extrañas que hicieron correr a varios durante los ensayos de `Master Class`, en 1996.» Afirmó también que el Maipo «es como una caja de resonancia del teatro argentino, porque por él han pasado las grandes figuras y además es un testigo de la historia argentina ya que fue inaugurado en mayo de 1908, días antes del actual Teatro Colón».

Sobre el pionero Charles Seguin, Schwarzer señaló que «era un personaje muy importante de aquella época y de hecho fue el constructor del teatro, además de poseer varios lugares de esparcimiento».

En cambio puso en duda su vínculo con los bajos fondos, ya que «esto ha sido tomado a través de Julio De Caro y otros viejos tangueros, que estaban relacionados con algunos lugares de la aristocracia (el Armenonville, el Palais de Glace) y cuentan que el vinculado con el mundillo prostibulario era un tal Lombard, socio de Seguin en algunos negocios».

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