Buenos Aires, 16/12/2018, edición Nº 2223
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Monseñor Karcher, Ceremoniere Vaticano, volvió a Saavedra para despedir los restos de su madre

Muy cercano al papa Francisco, trajo las cenizas de su progenitora, que falleció en Roma, y las depositó en el cinerario de la parroquia Dulcísimo Nombre de Jesús.

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(CABA) Celebró la misa, como cada vez que viaja a la Argentina, en la parroquia Dulcísimo Nombre de Jesús, en Saavedra. Allí, monseñor Guillermo Karcher –54, Ceremoniere y miembro de la Secretaría de Estado del Vaticano– cursó la escuela secundaria. Y también en esas aulas se despertó su vocación sacerdotal, que está próxima a cumplir 30 años. Sin embargo, esta vez fue especial. Porque frente al altar donde oficiaba la ceremonia –con el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, a su derecha– una pequeña urna cilíndrica contenía las cenizas de su madre, Elba Ferreyra, que murió en Roma el 20 de junio último.

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El 8 de mayo –Día de la Virgen de Luján–, a Elba le detectaron un tumor. Fue cuidada por las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena, y sus últimos días estuvo internada en el hospital Salvator Mundi, de Roma. Hasta último momento sostuvo en sus manos una medalla de la Virgen María y el Niño Jesús, bendecida por el papa Francisco, quien se la entregó personalmente a su hijo.

Cuatro años atrás, en la parroquia Santa María de los Angeles del vecino barrio de Coghlan, Elba y su hijo hablaban con Gente junto a la pila bautismal donde Karcher recibió ese sacramento, 45 días después de haber nacido en 1954. Ella recordó que “Guillermo era gordito, grandote. Mi marido, Osvaldo (fallecido el 14 de agosto del ’92, una semana antes de que Karcher viajara para radicarse en Roma), se bautizó y tomó la comunión acá; mi otro hijo, Gustavo (que murió el año pasado) formó parte del coro… Cuando Guillermo me contó su vocación me sentí muy feliz, y le pedí a Dios que no se la quitara”.

Hoy, rodeado del afecto de familiares –como Lily y Nancy, hermanas de Elba– y amigos que llegaron desde Marcos Juárez, Córdoba –de donde era oriunda la madre del sacerdote–, Esquel, Chubut, y Villa Ballester, Buenos Aires, y colmaron las naves de la parroquia, monseñor Karcher brindó una homilía distinta, en la que su voz se quebró cuando hablaba de “la mamma“, como la llamaba.

Todos pasamos por esto, pero para el sacerdote es distinto, porque debe hacer el rito de su propio difunto”, señaló. Luego hizo un pequeño racconto de su vocación y de la relación de su madre con el barrio de Saavedra, donde fue criado: “Esta es mi casa, y la casa de mi madre. Murió con casi 87 años (los habría cumplido el 8 de agosto). Siempre formó parte de la realidad barrial. Fue miembro de la cooperadora de la escuela Costa Rica, donde hice la primaria. De esa escuela, varios pasamos aquí. Crecimos muy bien. Eran tiempos en los que compartíamos todo”.

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Al finalizar la misa, Karcher se acercó al cinerario ubicado dentro de la parroquia, oró en silencio, besó la urna y arrojó las cenizas hacia su último destino. Luego, después de agradecer uno por uno a quienes lo acompañaron en el doloroso trámite, dijo: “Estoy en paz, porque acompañé a mamá hasta el final, como ella a mí toda la vida“. NR

Fuente consultada: infobae

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