Buenos Aires, 02/02/2026, edición Nº 4828

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El difícil momento en secreto que debió afrontar Graciela Alfano

La diva Graciela Alfano habló del complicado momento de salud que mantuvo en secreto.

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(CABA) La actriz pasó catorce semanas sin poder caminar y le diagnosticaron que, de mínima, iba a quedar renga. Sufrió una fractura en el platillo tibial izquierdo y viajó a Mar del Plata para recuperarse.

El 18 de septiembre de 2017 es una fecha que quedará en el recuerdo de Graciela Alfano (65) para siempre: se fracturó el platillo tibial izquierdo cuando fue embestida por un enorme perro mientras corría por Palermo.
«Me rompí la rodilla y me hicieron una artroscopía», cuenta Graciela, quien recuerda lo que sintió cuando su traumatólogo le dijo que tal vez no podría no volver a caminar con normalidad nunca más. «¿Cómo que quedo renga?», le preguntó. «¿Sabés que a muchos de los que tienen esta lesión la rodilla les queda cóncava? ¡Sólo el cinco por ciento queda así de bien!», le dice al periodista de revista Gente que la entrevistó.

«Estuve catorce semanas sin poder caminar», destaca la actriz desde Mar del Plata, donde arrancó su etapa de recuperación caminando despacito y entrando al mar, ya que el agua salada es de gran ayuda.

«Hasta hace una semana no podía ni agacharme. Ahora empecé a nadar en el mar, ya que el agua salada es sanadora y me ayuda a desinflamar la rodilla», agrega.

Los turistas que pasean por Playa Grande y la descubren, no pueden creer que Graciela mantenga un físico envidiable, sobre todo cuando se enteran del momento que viene de pasar. «Incluso tuve que usar bastón, pero era peor el remedio que la enfermedad, porque me agarró una contractura terrible», cuenta.

Acompañada por unos amigos, Alfano vive en una casa frente al mar que heredó de su madre. Y tiene una rutina diaria que cumple a rajatabla. «Me levanto a las cinco y media de la mañana cuando me despierta Benny, el perrito que levanté de la escollera el año pasado. Una hora después bajo a la playa y me quedo hasta las nueve. Después duermo, almuerzo, hago siesta, disfruto de la casa por la tarde y a las nueve de la noche ya estoy durmiendo otra vez».

Lejos de deprimirse por dos proyectos laborales que quedaron truncos debido a que no puede moverse con normalidad todavía, Graciela rescata que es súper positiva. «Todo pasa por algo en la vida. Aprendí que tenía que parar y estar más conmigo. El silencio es escucharse. No estar tan atenta al exterior, que a veces te confunde y el personaje te come».

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