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A tan solo cuatro cuadras de la Avenida del Libertador y a ocho de Puente Saavedra, en pleno Vicente López, se esconde una postal que bien podría pertenecer a la campiña inglesa. Alumnas almorzando sobre el pasto verdísimo de una barranca, rodeadas de árboles centenarios y a la sombra de unas imponentes escalinatas de mármol. Es el Colegio Michael Ham Memorial College, una institución emblemática que este año celebra sus 100 años de vida.
Desde su fundación a cargo de las Hermanas Pasionistas, pasaron por las aulas de su sede original (y por la de Nordelta, inaugurada en 2006) más de 6.100 alumnos. A lo largo de diez décadas la institución supo modernizarse y adaptarse, pero manteniendo intacto un magnetismo único que sus exalumnos definen con una sola palabra: spirit.
Antes de convertirse en una casa de estudios, el imponente edificio conocido como «el convento» era la residencia de verano del matrimonio conformado por Michael Ham y Ana María Lynch. En 1924, donaron la propiedad a las religiosas pasionistas, de origen inglés, con el objetivo de fundar un colegio bilingüe.
Los elegantes salones se transformaron en aulas y dormitorios. Más tarde, en 1945, se donó la capilla de estilo gótico Santa Ana, que hoy sigue siendo el lugar elegido por muchas exalumnas para casarse.
Aunque hace unos 50 años que el Colegio Michael Ham ya no cuenta con pupilas (niñas de familias del interior que vivían allí) y hace 40 que las religiosas dejaron de residir en el establecimiento para mudarse a barrios vulnerables, el aura histórica del lugar se mantiene intacta. La torrecita redonda de pizarra que asoma hacia la calle Agustín Álvarez sigue despertando la fascinación de los vecinos.
Si hay un hilo conductor que une todas las etapas de este centenario colegio, es la familia. Para muchas, la institución se volvió una herencia directa. Hoy en día, en los patios del colegio corren chicos cuyas madres, abuelas y hasta bisabuelas estudiaron en las mismas aulas, bailaron en la misma sala de actos y tomaron la comunión en la misma capilla.
A lo largo del tiempo, el colegio supo actualizar su propuesta. A los clásicos talleres de baile escocés y flauta traversa, se sumaron clases de ajedrez, bajo y guitarra eléctrica. Además, la educación se transformó: con la apertura de la sede en Nordelta (2006) llegaron los primeros alumnos varones, y la sede de Vicente López se volvió completamente mixta a partir de 2023.
Más allá del altísimo nivel académico —que incluye certificaciones de la Universidad de Cambridge—, los directivos destacan como troncal la educación pastoral. Los alumnos realizan apoyo escolar en zonas vulnerables y se forman bajo el proyecto Laudato Sí, inspirado en el mensaje del Papa Francisco sobre el cuidado del medio ambiente y la pobreza.
Como «broche de oro» de las celebraciones por el centenario, la comunidad del Colegio Michael Ham, a través de su asociación de exalumnos (OGA), impulsó la creación del Colegio Santa Gema en Rincón de Milberg. Se trata de un colegio privado financiado por donaciones, donde niños en situación de vulnerabilidad acceden a la misma calidad educativa pagando una cuota simbólica.
«Las celebraciones siempre son buenos momentos para mirar dónde estamos y repensar qué queremos para el futuro», concluyen desde la institución, que se prepara para seguir educando a las próximas generaciones.