Buenos Aires, 23/10/2017, edición Nº 1804

Debido al calor ya aparecen las lagartijas en la Ciudad

Favorecidas por el aumento de la temperatura, comenzaron a aparecer en jardines, patios y terrazas.

(PBA) Con cada maceta, un mini hábitat. La colonia de insectos que vive en terrazas y balcones de la ciudad tienen un enemigo ágil, silencioso y encantador. Hace aproximadamente una década que las lagartijas viven en barrios como Villa del Parque, Devoto, Saavedra o Villa Urquiza pero, en los últimos años, conquistaron el Obelisco.

El aumento de las temperaturas y la mayor oferta de alimentos que aquél genera son los principales motivos que, según los expertos, explican la expansión de estos reptiles a cada vez más rincones de la Capital. Variaciones en la población de aves migratorias y la más frecuente aparición de lobos marinos en el Río de la Plata y el Delta forman parte del mismo fenómeno.

“En la ciudad existen dos especies de gecos, una con cabeza más maciza que la otra. Eran vistos con mayor frecuencia en Flores, Floresta y Chacarita, aunque actualmente pueden haber extendido sus poblaciones a otros barrios”, indicó Julián Faivovich, jefe de la División Herpetología del Museo de Ciencias Naturales.

Testimonios de vecinos de Parque Chas, Villa Urquiza, Núñez, Belgrano, Devoto, Villa Luro y las localidades bonaerenses Martínez y Villa Dominico confirman que es así.

“Vivo en Parque Chas y, sobre todo cuando hace calor, es habitual que aparezcan estas pequeñas lagartijas. Al principio me sorprendió verlas, pero después me habitué a ellas y me hice amiga. Son beneficiosas, porque comen insectos. Al mismo tiempo, son muy asustadizas, así que no hay motivo para temerles. El problema en casa son los gatos. Tengo tres y enloquecen cuando las ven, las persiguen y alguna llegó a quedarse sin cola… Porque cuando las sujetan, se les desprende y ellas se escapan. Después les vuelve a crecer”, contó Nora Gómez, que observó que este año tardaron más en aparecer, tal vez por las inusuales bajas temperaturas en plena primavera.

Para Mariela Bosqui, que vive en Villa Urquiza, el encuentro no fue tan amigable: “Estaba regando las plantas y un chorro de agua hizo salir a dos, que treparon por la pared. Pegué un grito, solté la manguera y entré a mi casa. Mi fobia a los sapos me hizo ver cualquier cosa. Pero no hacen nada, lo difícil es agarrarlas”, explicó.

Faivovich recordó que estos reptiles llegaron originalmente con cargamentos provenientes de España y África. Ratificó la percepción vecinal de que son inofensivos para las personas.

En la Agencia de Protección Ambiental de la ciudad (APRA) también coincidieron. “No tenemos números que indiquen aumento en la población como para declararlos una plaga. Lo que se ve empíricamente es que están apareciendo en más cantidad de barrios. Creemos que el aumento de las temperaturas favorece la abundancia de alimentos”, indicó Flavia Broffoni, directora de Estrategias Ambientales del organismo.

El museólogo y naturalista Claudio Bertonatti sostiene que el cambio climático podría ser una explicación. Sin embargo, destaca que en el caso de las lagartijas, que son animales exóticos, la población tiene su propia dinámica.

“El primero de los efectos del cambio en las temperaturas es que especies de climas tropicales podrían estar expandiendo su distribución geográfica en climas templados que se van tropicalizando, como sería nuestro caso. Pero cada especie tiene su esquema de evolución. Por suerte, los gecos son urbanos; su evolución en ámbitos silvestres podría ser catastrófica. La convivencia con los humanos es distinta”, explicó el experto.

Camila Grillo convive, pero con dificultades. En su casa de Villa Devoto tiene una lucha diaria con lagartijas que le ocupan el baño: “Entran por la venta del baño desde el jardín y mi relación con ellas no es para nada agradable. Las veo y me paralizo o, mejor dicho, me altero. Cuando aparecieron en el baño, cerré la puerta, tapé la parte de abajo de la puerta por las dudas y no entre al baño por unas horas”, describió.

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