Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Desafío épico: el porteño Juan Craveri correrá cinco Ironman en cinco días

Entre hoy y el martes, el triatleta será parte del Epic 5 en Hawaii con el objetivo de recaudar un millón de pesos para una Fundación de ayuda a niños con cáncer.

(CABA) “La primera la terminé arruinado. Me arrastraba. Y ahí me dije: ‘Esto no me va a ganar'”. Seguramente, aquel verano de 2001 cuando se desafiaba a sí mismo por una cuestión de orgullo personal más que deportivo para superar esa primera carrera de 27 kilómetros en Tandil, Juan Craveri no se imaginaba que hoy el reto pasaría por ser uno de los 13 triatletas del mundo que largarán el Epic 5: el desafío que consiste en correr 5 Ironman en 5 días seguidos en 5 islas de Hawaii. Sí, cinco jornadas de 3.800 metros de natación en aguas abiertas, 180 kilómetros de bicicleta y 42,195 kilómetros al trote.

El protagonista de esta historia, quien tiene un laboratorio en el barrio de Caballito, le cuenta a Clarín que el motivo de su heroica proeza es conseguir 1 millón de pesos para la Fundación Flexer, que ayuda a niños de pocos recursos con cáncer. Con un entusiasmo que transmite casi con vehemencia, este cuento deja de ser una locura impensada y se convierte en una causa solidaria y admirable. También, claro, “sin lágrimas y con los dientes apretados”, la frase en italiano que reza su sitio web, comienza a cobrar sentido.

-¿Por qué pasaste a correr distancias largas?
-Me sentía cómodo. Me empezó a gustar la sensación del cansancio físico, el sufrimiento, la incomodidad y las molestias que desaparecían automáticamente cuando cruzaba los últimos 100 metros y veía el arco de llegada. Paga absolutamente todo lo que sufriste y todo lo que significó hacerlo. Entonces cuanto mayor es la distancia, mayor es ese premio y mayor el placer de haber terminado.

-Y además a ese premio le sumás la parte solidaria…
-Es que lo que te lleva a hacerlo es la cabeza y cuando estás flaqueando, pensando “me quiero ir, quiero terminar”, el hecho de tener un objetivo extra, como ayudar a otros, te da ese plus adicional que se necesita para terminar. Pero, obvio, también tiene un dejo de egoísmo porque hago toda esta movida y me termina sirviendo a mí.

-¿Tenés el secreto para no abandonar una carrera?
-Son carreras largas y pasás por todas las sensaciones, como la euforia, las ganas de irte y abandonar, y es ahí donde más tenés que seguir adelante. Es como si te encontraras en un valle y cuando uno quiere irse hay que hacer el esfuerzo mayor, porque en muy poco tiempo pasa a ser automático. Pero hay que estar en ese momento para sentirlo y saber pasarlo. Dicen que abandonar es para siempre y esa espina no te la sacás nunca más.

-Pero debés tener tu propia estrategia…
-Para el Epic 5 de 2011, yo no iba a correr cinco Ironman. Iba a correr uno, pero cinco veces. Cuando corro los 84 kilómetros en el Ultraman, primero son 42 y antes son cuatro de 21 kilómetros, y cada minicarrera de 21 son dos de 10 y medio. Mi estrategia es fraccionarme todo en la cabeza. Me pasa que cuando corro en línea recta y el horizonte nunca se acaba, lo peor que puedo hacer es mirar hacia arriba porque pareciera no moverme. La clave es mirar lo que tenés adelante. Y ese es el mismo concepto. Fracciono en distancias y en objetivos mucho más alcanzables y lógicos para que mi propia cabeza y mi cuerpo lo entienda y lo acepte, porque cuando me empiezo a poner cosas imposibles, le doy la posibilidad al cuerpo de que me boicotee.

-Corriste 54 Ironman, 12 Ultraman, muchas maratones, varias carreras de larga distancia y el Epic 5 en 2011, que ahora buscas repetir, ¿Te sentís inspirador para el resto?
-No lo siento así. No me propongo hacer esto para inspirar a los demás, pero sí veo que ha pasado alguna vez, por comentarios que me hacen llegar en las redes sociales, aunque hay de todo. Algunos me bancan y otros no. No estoy buscando hacer de ídolo ni que digan: “Mirá que bueno lo que hace Juan”. La verdad es que lo hago porque es lo que me gusta.

-¿Perdiste un poco la pasión de correr ahora que también es una responsabilidad?
-Ahora pasó a ser un trabajo y eso me motiva todavía más. Y no sólo me motiva, sino que me compromete más. Claro que la presión es muchísima, pero ahí es donde busco energía extra, porque al fin y al cabo esto es todo cabeza. La pasión sigue estando. ¿Qué me gustaba hacer de chico? Ir a la pileta, andar en bicicleta y correr. Es lo mismo de grande y con juguetes más caros. Una vez que te pica el bichito, la pasión no se va porque es algo que te hace sentir mejor.

-Según todo lo que lograste, ¿creés que es un deporte poco reconocido mundialmente?
-Sí, pero está cambiando. Cada vez crece más y es mayor la cantidad de gente que participa. Al comienzo, Ironman era una palabra que muchos se preguntaban qué era y ahora se sabe que son 3.800 metros de nado, 180 kilómetros de bicicleta y un maratón (42,195 kilómetros) al trote. Pero es un deporte que no vende, claro. En el fútbol, es mayor la cantidad de gente que lo mira que la que lo practica. Acá es al revés. Proyección no tiene mucha porque no es vendible, pero es una realidad que la gente se anima más a los desafíos y por eso la popularidad es cada vez mayor.

No lo detiene el calor ni el frío. No lo detienen las distancias desorbitadas o las pocas horas de sueño que deberá sufrir. Tampoco una molestia física. Juan Craveri, con 48 años, se prepara para uno de los desafíos más grandes de su vida. Si nada lo detuvo hasta ahora, nada lo hará.

Juan Craveri decidió en 2006 buscar una motivación extra para que llegar a la meta sea más fácil y así poder saltar de las largas distancias a las ultra. Replicó el modelo “Charity Race” y entonces comenzó a correr a beneficio para la familia Flexer, que recibía las donaciones. Sus primeros 515 kilómetros se los vendió a empresas de amigos y fue un verdadero éxito, porque sirvió para la construcción de consultorios externos en el Hospital de Niños. A lo largo de los años, la Fundación Flexer creció y hoy buscan extenderse debido a la cantidad de chicos enfermos con los que colaboran y porque buscan la posibilidad de atender a adolescentes con cáncer también.

“Lo único que hago es poner el cuerpo. Yo simplemente soy el vehículo para que las empresas donen a la Fundación Flexer“, resume y simplifica, con una modestia evidente, su propósito. Las empresas que forman parte de la carrera son, entre otras, Reebok, Toot y los laboratorios Richmond, Baliarda, Casasco, Roemmers, Raffo y Craveri, la empresa familiar que dirige el propio Juan.

¿Pero cómo lo siente él? “Yo elijo buscar el sufrimiento. Entonces, ¿por qué no aprovechar para ayudar a otros que tienen un sufrimiento pero no lo eligieron, como son los chicos con cáncer?”, sintetiza de manera fascinante su estilo de vida. Y si la Epic 5 de 2011 le “voló la cabeza”, para Juan Craveri los próximos días serán inolvidables, porque el compromiso con esta causa lejos está de ser solamente físico. NR


Fuente: Clarín

Comentarios

Ingresa tu comentario