Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

Alerta en la Ciudad por edificaciones que violan las reglamentaciones

Surgen por la ambición empresaria, la laxitud de las normas y la aprobación o complicidad de funcionarios públicos.

(CABA) De no verse obreros y máquinas que trabajan sin pausa en el predio, parecería que una excavación arqueológica hubiera dejado a la intemperie los fósiles de un animal prehistórico. Pero lo que quedó al desamparo en lo alto de un pozo de tres subsuelos de profundidad, es la Villa Roccatagliata, construida hacia 1900 en lo que 115 años después es un escaleno que en tres de los lados linda con Roosevelt, Balbín y Zapiola en la difusa frontera de los barrios porteños de Belgrano y Coghlan. Lo que allí levantarán los hombres que van y vienen tiene en alerta a los vecinos; no sólo por el procedimiento con el que fue concebido, sino porque se trata de una monstruosidad para el lugar. La misma resistencia experimenta el proyecto en marcha a diez cuadras, en la esquina de Arcos y Roosevelt, donde se eleva al cielo una torre de 25 pisos en una zona que permite hasta nueve niveles. Ambos emprendimientos tienen denominadores comunes, pero también con otros como el cercano ubicado en Crámer al 3100, que hace unas semanas un juez ordenó demoler hasta readecuarlo, y en el resto de la Ciudad de Buenos Aires que tiene mucho de boom e inmobiliario, pero poco para contribuir al urbanismo y el ambiente del distrito porteño.

Según consignó Tiempo Argentino, estas torres surgen por la ambición empresaria, la laxitud de las normas y la aprobación o complicidad de funcionarios que deberían ser públicos pero no brindan mayores explicaciones ni atienden los reclamos.

El proyecto para la Villa Roccatagliata figura sin pudores en la web <http://palacior.com.ar>: allí no construirán una torre sino dos con forma de ele, una de ellas de 28 pisos.

Como el terreno tiene más de 2500 metros cuadrados y el edificio era añejo (e incluido en el Catálogo de Inmuebles Singulares) requería una norma específica, de doble lectura y audiencia pública mediante. En primera instancia se logró proteger al “inmueble”, es decir que no podría construirse nada en toda la parcela, pero al votarse la segunda un año después, se cambió esa palabra por “edificio”, con lo que se allanó la posibilidad de poder arrasar con el rededor. Lo que se levantará transgrede las normas vigentes de FOT (factor de ocupación total), reglamentación sobre alturas y pulmón de manzana, entre otras cuestiones. La villa quedará incólume, pero con dos edificios que la reducirán al tamaño y función de un club house.

Un grupo de vecinos logró parar el inicio de obra durante algunos meses de 2013, con la presentación de un recurso de amparo, pero en abril de 2014 el mismo juez que había concedido la cautelar rechazó la pretensión y dio vía libre para continuar con la construcción que se reanudó de inmediato gracias a las autorizaciones de la Dirección General de Interpretación Urbanística, aun cuando la causa sigue en trámite e incluso por estos meses se espera que el Tribunal Superior de Justicia de la ciudad convoque a una audiencia pública. PyS, la constructora a cargo del proyecto Roccatagliata, es la misma que emprende otra megatorre en la esquina de Avenida del Libertador y Sucre y a juzgar por lo que muestra en la página web parece tener una fijación especial con la construcción de altura.

En Arcos y Roosevelt, los vecinos iniciaron una campaña pública de difusión y de presión vía correo electrónico (vía bastadetorrescomuna13@gmail.com) a los funcionarios para evitar lo que ya parece inexorable: una torre de 27 pisos. Ni siquiera una resolución de la Defensoría del Pueblo porteño logró respuesta de las autoridades, pese a que se había dictaminado que “la obra autorizada no cumplimenta con las normas de tejido vigente debido a que la altura y la superficie autorizada triplican lo permitido para el distrito de zonificación R2all y no se da cumplimiento a las disposiciones establecidas para altura de edificios en esquina y planta baja libre”.

Villa Roccatagliata,

No sólo con torres en que se violan las reglamentaciones vigentes. En Monroe 1120 se autorizó la construcción de un inmueble para vivienda multifamiliar, lo contrario permitido para la zona, que habla de unifamiliar. Hace 15 días, se conoció la sentencia del juez Contencioso Administrativo y Tributario porteño Aurelio Ammirato, que ordenó readecuar un edificio de ocho pisos ya terminado en Crámer 3151/55 porque tenía una altura casi tres veces a la permitida por el Código de Planeamiento Urbano (CPU). La sentencia todavía no quedó firme.

Como ya había ocurrido en Caballito o Balvanera, la oposición de los vecinos se basa en el cambio de morfología de la zona (casas bajas, edificios de pocos pisos); en el encarecimiento de los impuestos y alquileres; en la saturación para circular y estacionar; en que tapan la luz natural y se convierten islas de calor insufrible en el verano; y en que se resiente el suministro de los servicios, aunque desde Metrogas y AySA aseguraron a Tiempo que ellos otorgan la factibilidad de cada proyecto y luego ordenan obras de adaptación de la infraestructura, que corren por gasto de cada constructora.

Estas construcciones avanzan gracias a lo que el asesor de un diputado sintetiza en un Código de Planeamiento Urbano (CPU) “muy laxo que permite estas cosas y favorece la construcción. Y esta ciudad está gobernada por constructores y arquitectos, amigos y socios de los que construyen y proyectan.”

Ese conjunto de normas data de la gestión Aníbal Ibarra y está vigente pese a que a posteriori (en 2008) se sancionó un Plan Urbano Ambiental (PUA) que ordena dictar uno nuevo. Ese PUA es mucho más abstracto en cuanto a la autorización de obras y hace unas semanas el líder del PRO en la Legislatura porteña Cristian Ritondo presentó un proyecto para ratificar que tenga supremacía sobre el CPU.

El Observatorio del Derecho a la Ciudad, que patrocinó la demanda de Crámer 3151, postuló recientemente la necesidad de respetar la democracia participativa en el proceso que se realizará en los próximos dos años para aprobar y actualizar los principales instrumentos normativos del planeamiento urbano de la Ciudad. Porque todos los vecinos denuncian que no son escuchados por los funcionarios públicos.

El jueves próximo cerca de las 18 se reunirán muchos de ellos en la esquina de Acoyte y Rivadavia para denunciar, debatir y difundir las distintas problemáticas que tiene cada barrio, con la consigna “Recalculando Buenos Aires”.

 

Los vecinos de Roccatagliata que promovieron el amparo enfrentan ahora una demanda de la constructora (que es representada por un ex subsecretario de Desarrollo Urbano del menemismo). En el caso de los de Arcos y Roosevelt no recibieron más que el silencio de los funcionarios que deberían ser públicos del Ministerio de Desarrollo Urbano que dirige el empresario inmobiliario y arquitecto Daniel Chain, cuyo vocero dilató una respuesta a Tiempo hasta convertirla en una excusa por las elecciones y la línea editorial del diario.

La construcción “impermeabiliza” los barrios
Osvaldo Guerrica Echevarría, arquitecto y presidente de la Asociación Amigos del Lago de Palermo, alerta que “el auge de la construcción en propiedad horizontal, ya sea entre medianeras o en edificios de perímetro libre (torres), impermeabilizó la mayor parte de la entonces superficie absorbente sobre predios privados con nuevas construcciones”. El especialista recuerda que el Código de Planeamiento Urbano de 1977 indicaba la existencia de un pulmón de manzana absorbente; “pero esta obligación dejó de existir en las zonas más densamente pobladas y desde hace más de 20 años se permite construir sobre planta baja en cada parcela, perdiendo así la permeabilidad en el pulmón de manzana”. A esto se le suma que durante el siglo XX se redujo la cantidad de espacios verdes públicos parquizados en más de 50 hectáreas (de 7 m2/habitante se pasó a menos de 2) y con ello, además del disfrute para la gente, “se constituyó en una sensible pérdida de superficie absorbente”.

Guerrica Echevarría recordó que la construcción “implica excavaciones de entre 30 y 40 metros de profundidad que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es a través de estas napas, que los terrenos aún absorbentes acumulan el agua y la envían al estuario. La red de bases de hormigón construidas constituye -subterráneamente- un verdadero dique a la evacuación de las aguas de lluvia retrasando, y muchas veces impidiendo, el escurrimiento”. También las torres acentúan la densificación urbana (cantidad de habitantes por hectárea) en términos impredeciblemente negativos, ya que el aumento de la cantidad de personas va acompañado del aumento en la cantidad de vehículos. “Las cañerías pueden tener mayor diámetro, los cables transportar más voltios, pero las calles no pueden aumentar sus dimensiones. El barrio de Belgrano es un ejemplo típico de profusión indiscriminada de torres donde las calles son intransitables”, finalizó el especialista.

Villa Roccatagliata

Fuente: Tiempo Argentino

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