Buenos Aires, 15/07/2018, edición Nº 2069
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Cultura

Unas 60 esculturas de la Ciudad serán declaradas monumentos históricos nacionales

Cambiarán de estatus y de este modo una comisión especial podrá opinar sobre el cuidado y eventuales traslados de las obras para evitar manipulaciones.

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(CABA) El Obelisco; El Pensador , de Rodin; el Canto al Trabajo; el general Alvear montado a caballo, y hasta el desplazado Cristóbal Colón son algunas de las 60 esculturas patrimoniales de la ciudad de Buenos Aires que, en pocos días, cambiarán de estatus al ser declaradas monumento histórico nacional. De este modo, la Comisión Nacional de Monumentos, Bienes y Sitios Históricos quedará habilitada a tener mayor injerencia en la conservación y en los posibles traslados de las piezas, luego de las cuestionadas mudanzas de las estatuas de Colón y de Juana Azurduy, entre otras obras cambiadas del lugar dentro del espacio público porteño.

Las esculturas que serán protegidas “aluden a la historia, a temas universales, resaltan héroes y sus hazañas”, señalan los considerandos del decreto que firmará en los próximos días el Poder Ejecutivo nacional, al que tuvo acceso La Nación. Fue elaborado en forma conjunta por la mencionada comisión, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público y la Dirección General de Espacios Verdes porteños. Propone catalogar 100 obras de todo el país, 40 de ellas en el interior, luego de un estudio que desde hace dos años realizan expertos de los tres organismos.

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Colón, el grupo escultórico que celebra al marino genovés recientemente emplazado frente al Aeroparque luego de una larga disputa, es una de las figuras abarcadas por la declaración de monumento histórico. “Podremos ejercer superintendencia sobre estos bienes, opinar sobre su cuidado y ofrecer a los mejores expertos para que expliquen cómo conservarlas. También nos expediremos sobre si es necesario o no moverlas de lugar”, adelantó la presidenta de la comisión, Teresa de Anchorena.

En los últimos tres años, y por diversos motivos, se desplazaron más de diez monumentos. Entre ellos, los de Juan Bautista Alberdi y Juan José Castelli, el homenaje IV Centenario La Catalana y el Soldado Patricio.

Basta de Demoler, la ONG que se opuso a mudanzas resonantes, opinó que la catalogación “es una buena idea”, aunque lamentablemente “no será obstáculo para seguir moviendo estatuas de acuerdo con la coyuntura política”. Marcelo Magadán, encargado de la puesta en valor de la Pirámide de Mayo, advirtió que “el traslado, o no, queda supeditado a la Comisión Nacional de Monumentos de turno. No debiera permitirse en el 99% de los casos”. Tanto la entidad como el arquitecto consideraron que los movimientos perjudican los materiales de las obras y las alejan del espacio urbanístico para el cual se concibieron.

No obstante, también serán catalogados monumentos que resulta imposible cambiar de lugar, como el Obelisco, un ícono porteño que ya cuenta con protección estructural. “Fue declarado por ser considerada la escultura como gigantesca y valiosa”, explicó De Anchorena sobre esta pieza de 67,5 metros de altura, obra del argentino Alberto Prebisch, varias veces intervenida a lo largo de sus 81 años. Se lo disfrazó de arbolito de Navidad, se lo cubrió con un enorme profiláctico y recientemente le instalaron, en uno de sus frentes, un gran jardín vertical sobre la insignia BA.

A pocas cuadras de allí, en Suipacha y Viamonte, la estatua de Manuel Dorrego -de Rogelio Yrurtia, considerado el Rodin argentino- también será incluida en el decreto. Del mismo escultor se catalogará el monumento Canto al Trabajo, un conjunto situado en San Telmo, de 14 figuras de bronce que arrastran una gigantesca piedra, reiteradamente vandalizado. Según datos oficiales, en la Capital existen más de 2000 monumentos y obras de arte, cuya custodia corresponde al Ministerio de Ambiente y Espacio Público.

El Pensador , de Rodin, en la Plaza del Congreso, es una de las efigies más dañadas del país. En 2013 fue cercado por un blindex. Ahora, además de categorizarlo, se le agregará una base de 3,5 metros de altura para que nadie pueda treparse; tendrá un estilo similar al del que existe en el museo que le dio origen, el Rodin, de París. Estará ubicado a lo alto, tal como estaba en La Puerta del Infierno, cuando fue concebido para decorar lo que luego sería la entrada del Museo de Artes Decorativas de París. Respecto del proyecto de algunos especialistas de trasladar los originales de obras valiosas a museos e instalar sus copias en el espacio público, desde la Comisión de Monumentos explicaron: “Es inviable. Para realizar réplicas hay que pedir autorizaciones al exterior y efectuar nuevas ediciones de las efigies, lo que es complejo y costoso”.

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Otro francés que tendrá su lugar en la declaración de monumentos históricos nacionales será Antoine Bourdelle, exponente de la belle époque. Sus obras en Buenos Aires, entre ellas, la estatua ecuestre de Carlos María de Alvear, fueron cubiertas oportunamente por el Ministerio de Espacio Público con una pátina de grafito negra que deberá ser eliminada, de acuerdo con recomendaciones de expertos de Francia.

El arte moderno también será reconocido en el decreto. Según el profesor Alberto Petrina, director del Centro de Estudios del Patrimonio Arquitectónico Nacional,durante las décadas de 1930 y 1940 Buenos Aires se transformó en una metrópolis internacional gracias a la influencia del art déco neoyorquino y del racionalismo alemán. Modernidad que alcanzaría a la escultura, con extraordinarias obras que renovaron la imagen urbana”.

Entre los artistas de esa época se destacan Alberto Lagos y José Fioravanti. Lagos, con el par de bajorrelieves que flanquean el acceso principal del Automóvil Club Argentino, sobre la Avenida del Libertador, y con El Arquero de San Sebastián, un joven desnudo con un arco, emplazado sobre la acera opuesta. En tanto, Fioravanti es autor de los monumentos a Nicolás Avellaneda, en Palermo, y a Roque Sáenz Peña, en Diagonal Norte y Florida, entre otras obras.

La categorización comprenderá además piezas que serán catalogadas como bienes históricos, tal vez menos conocidas que el resto, pero no menos valiosas. Entre ellas, El Gaucho Resero, en Mataderos, de Emilio Jacinto Sarniguet. También Saturnalia, del italiano Ernesto Biondi, instalada en el Jardín Botánico. NR


Fuente consultada: La Nación

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