Buenos Aires, 24/04/2018, edición Nº 1987
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Sociedad

Sólo en La Boca hay más de 300 conventillos que continúan en funcionamiento

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La gente que vive en ellos llega a pagar hasta alrededor de 2 mil pesos por una habitación.

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(CABA) Conventillo es el diminutivo de convento. Porque así como los monjes habitan en celdas reducidas, en estas viviendas colectivas cada familia se agrupa en una pequeña pieza que da a un patio central. Después de más de un siglo, poco cambió ediliciamente en estas construcciones de madera y chapa, características del barrio de La Boca.

Según el censo 2010, en la Ciudad 19.571 personas viven en inquilinatos, el 70% de los cuales están en La Boca. No hay cifras oficiales sobre cuántos conventillos quedan en pie. Según los Bomberos Voluntarios del barrio, en 2008 contaron 346. “Ahora deben ser menos. Hubo demoliciones y muchos se incendiaron”, afirma Carlos Milanesi, presidente de la institución, creada en 1884 para apagar los frecuentes incendios que se desataban en estas viviendas de madera.

Un siglo después, el fuego sigue siendo la mayor amenaza. En los últimos seis años murieron diez chicos en ocho incendios. Para mitigar el riesgo, la Asesoría General Tutelar porteña (AGT), los Bomberos Voluntarios de La Boca y la Corporación Buenos Aires Sur están reemplazando los viejos tapones de electricidad por llaves térmicas en 50 conventillos, donde entregan matafuegos y dan charlas de prevención de incendios. La Asesoría, además, está haciendo un relevamiento de la situación social y brinda asesoramiento. “En nuestra Oficina de Atención Descentralizada de La Boca recibimos muchas consultas de vecinos de conventillos, sobre todo por problemas de desalojos –cuenta Yael Bendel, la Asesora General Tutelar–. Nosotros les explicamos cuáles son sus derechos”.

Los conventillos proliferaron entre fines del siglo XIX y principios del XX, para acoger a la gran ola de inmigrantes que llegó a la Argentina. Entre 1880 y 1910 entraron cuatro millones de extranjeros, la mayoría españoles e italianos. El 60% se instaló en Buenos Aires, donde en 1919 había 2.470 conventillos habitados por 148.393 personas. Cada cuarto era alquilado por una familia o un grupo de hombres solos, que compartían baños y lavadero. La mayoría no tenía cocina y la gente se las arreglaba con braseros. El patio central era el lugar de encuentro comunitario.

Los italianos se instalaron en la zona portuaria de La Boca, donde los conventillos tomaron su identidad de los navíos. Los construyeron con rezagos de astilleros y los colorearon con pinturas sobrantes de los barcos. Aunque pintorescas, estas viviendas también eran y siguen siendo precarias e inflamables. “Son del 1900 y les falta mantenimiento y adecuación. Eran lo más barato para la época y se construyeron en madera y chapa porque las hicieron sobre pantanos y zonas inundables”, cuenta Milanesi, que creció en un conventillo. “Los vecinos éramos como una gran familia. Para las fiestas, se armaba una mesa larga en el patio y cenábamos todos juntos”, recuerda.

Hoy en cada inquilinato viven de 8 a 12 familias. Algunos conventillos tienen dueños legales que alquilan las piezas con contratos. Otros tienen situaciones irregulares y el alquiler es cobrado por personas que no son necesariamente sus dueños. Es que la mayoría son objeto de sucesiones problemáticas o están intrusados. Y los inquilinos se quejan porque les piden cada vez más dinero por piezas en construcciones con problemas estructurales. Una habitación de 12 m2 cuesta entre $ 1.200 y $ 2.000. Originalmente no tenían baño, pero con el tiempo se los incorporaron.

Cuando Carlos Grosso era intendente, la Municipalidad porteña compró 20 conventillos, pero el plan para recuperarlos jamás avanzó. Ahora el Gobierno porteño tiene 13, más tres hogares de tránsito y un Programa de Rehabilitación del Hábitat de La Boca que se demora. Esta semana, la Cámara en lo Contencioso Administrativo porteña le dio 30 días al Instituto de la Vivienda (IVC) para presentar un informe sobre el estado de avance de las obras para arreglar estos inquilinatos y para construir viviendas sociales para las familias que habitan los más deteriorados.

Según el titular del IVC, Emilio Basavilbaso, en 2012 se atendió la emergencia y hubo que cambiar instalaciones eléctricas, reforzar estructuras y sacar conexiones de gas clandestinas. “En el último año construimos dos conventillos nuevos y ahora tenemos cuatro en obra. Cuando están terminados, les pasamos el título de propiedad a los vecinos, que pagan los servicios y una cuota hipotecaria simbólica. Nos gustaría ir más rápido, pero las licitaciones de las últimas se demoraron porque no hubo oferentes o presentaron ofertas con valores por encima de los del mercado”, explica el funcionario. Además, se recuperaron tres de los conventillos antiguos. “Son casonas que están muy bien ediliciamente, así que sus habitantes pueden seguir viviendo en ellas”.

Fuente: Clarín

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