Buenos Aires, 25/02/2021, edición Nº 3025
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¿Qué es la familia posmoderna?

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Desde comienzos de siglo XX hasta nuestros tiempos, la forma en la que se organiza la familia ha cambiado. ¿Cómo esta estructurada la familia hoy en día?

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(CABA) Divorcios, uniones gay, parejas que no pasan por el registro civil ni por la Iglesia aun después de muchos años de convivencia, hijos cuyo padre es «la ciencia» gracias a las técnicas de fertilización asistida, familias ensambladas, que hacen realidad aquello de «los tuyos, los míos y los nuestros».

El panorama de la vida familiar cambió tanto en los últimos años y tan drásticamente que todavía genera sorpresa y desconcierto. Estudios recientes confirman con estadísticas lo que se hace evidente en la vida de todos los días: la familia tipo (mamá y papá con sus hijos bajo el mismo techo) se desdibuja y en su lugar avanza lo que se ha dado en llamar «la familia posmoderna», marcada por la creciente inestabilidad de los vínculos, la disminución de hijos por cada pareja, la resistencia generalizada a formalizar las uniones, la convivencia bajo el mismo techo de hijos de diferentes relaciones y muchas veces de distintas generaciones. Los jóvenes son el sector en el que estas nuevas modalidades de unión calan más hondo. Dos investigaciones, una realizada por la cátedra de Sociología de la Cultura de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y la otra por la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF), coinciden en que los jóvenes están desarrollando una nueva sensibilidad respecto de los afectos. Hablan concretamente del surgimiento de una nueva cultura afectiva, la de los vínculos contingentes o casuales.

Esa tendencia, sin duda, se inscribe en el marco general de un verdadero fenómeno de nuestro tiempo que es la inestabilidad de los vínculos amorosos: en todos los sectores sociales aumentan las separaciones y la modalidad de convivencia consensuada, sin papeles. Según los datos recogidos por la socióloga Susana Torrado en su libro Historia de la familia en la Argentina moderna (Ediciones de la Flor), en los últimos treinta años el porcentaje de parejas consensuadas casi se triplicó: representaban el 7 por ciento del total de uniones del país en 1960 y en 1991 llegaron al 18 por ciento.

En la Ciudad de Buenos Aires el salto fue aun más espectacular: se pasó del 1,5 por ciento en 1960 al 13, 6 por ciento en 1991. Y más: el índice de mujeres unidas consensualmente respecto a las que están en pareja pasó del 7,7 por ciento en 1980 al 21,1 en 1999. Casi se triplicó en 20 años y la tendencia es aún más pronunciada en el grupo de 25 a 29 años que en el de 35 a 64.

Por otra parte, desde 1990 hasta hoy, la curva de divorcios no hace más que descender. ¿Mayor estabilidad de los vínculos matrimoniales? «No –dice Torrado–, cuando se dictó la ley de divorcio, una gran parte de la población había llegado a la conclusión de que era mejor no casarse. Hay menos divorcios porque hay menos casamientos y de las disoluciones de los vínculos consensuales no quedan registros.»

Dos investigaciones de tipo cualitativo, una realizada entre 1998 y 2000 por la cátedra de Sociología de la Cultura de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y la otra por la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF), coinciden en que los jóvenes están desarrollando una nueva cultura afectiva.

La investigación sobre juventud y afectos realizada por el sociólogo Mario Margulis y un equipo de la UBA, cuyos resultados parciales fueron reunidos en el libro Juventud, cultura, sexualidad (Biblos), reunió los primeros resultados de una investigación entre jóvenes de distintos sectores sociales de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Los sociólogos pusieron el foco en las pautas culturales, los valores, los mandatos y los imaginarios que tienen vigencia en las nuevas generaciones y que inciden en sus relaciones afectivas y en sus ideas acerca del amor y la familia.

Algunas de sus conclusiones revelan nuevas modalidades:

El surgimiento de una nueva cultura afectiva, la de los vínculos casuales o contingentes. El noviazgo único o serio, que terminaba en el altar o en el registro civil es, para estos autores, una especie en extinción.

Aumento de uniones de baja intensidad e implicación amorosa. ? Pérdida de peso de algunas palabras como «novio», «marido», «esposo», «familia», en favor de otras como «amigovio», «pareja», «compañero».

Los chicos viven su sexualidad con mayor libertad y muy frecuentemente en casa de sus padres.

Las familias influyen cada vez menos en la vida de los hijos; cuanto más jóvenes, más peso tiene en ellos la opinión de los amigos.

También el estudio realizado por la SATF entre 34 mujeres y 29 varones de entre 18 y 26 años revela una ambigüedad en el discurso que, por un lado, describe la búsqueda de una relación profunda y duradera, un ideal de familia con el que el encuestado se identifica y, por otro lado, aparece en ambos sexos la referencia a relaciones light, de bajo nivel de compromiso. Este estudio, realizado por los psicólogos Diana Rizzatto y Enrique Villanustre, coincide con un punto sensible del estudio sociológico dirigido por Margulis: cuanto más jóvenes son los encuestados, más importancia le atribuyen a la opinión de los amigos. También el lenguaje desnuda corazones: la palabra amor es usada sólo en un tercio de las encuestas, usarla provocaba cierta vergüenza y actitudes defensivas. Hay un claro viraje de la perspectiva romántica a una expectativa más práctica respecto de la pareja: apoyo, contención, compañía, proyectos compartidos.

Fuente consultada: La Nación

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