Buenos Aires, 03/12/2020, edición Nº 2941
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Mordillo, de Villa Pueyrredón al mundo

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Una muestra llena de color de este artista que hace 50 años nos representa en todo el mundo.  Obras de diferentes períodos elegidas por el dibujante serán la síntesis, en poco más de 100 obras, de lo que representa el Humor Gráfico para la Ciudad de Buenos Aires y un homenaje, además de los artistas, a los medios gráficos que durante los últimos dos siglos los acogieron y, muy especialmente al público lector que permitió el progreso y vigencia de ambos, en muchos casos adquiriendo relevancia internacional. Inauguración: sábado 24 de noviembre a las 13 hs. CIerre: 6 de marzo de 2013.

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(Ciudad de Buenos Aires) El MuHu – Museo del Humor inaugurará la exposición Mordillo. De Villa Pueyrredón al mundo el próximo sábado 24 de noviembre a las 13 hs., en su sede del Edificio de la Munich. Se exhibirán obras de diferentes períodos, elegidas por el dibujante, en una muestra llena de color de este artista que hace 50 años nos representa en todo el mundo. En el marco de la muestra Juan Acosta entrevistará a Guillermo Mordillo el sábado 8 de diciembre a las 16 hs. en el ciclo Humor fuera de cuadro – Encuentros públicos en el MuHu.


Autobiografía autoautorizada de Mordillo

Nací, como todo el mundo, a los nueve meses de edad.

La cosa ocurrió en el famoso barrio de Villa Pueyrredón,
en una calle con nombre de pianista: Argerich, allá por Buenos Aires.
Más tarde me enteré que fue un 4 de Agosto de 1932.

Mi hermana Teresa nació en una calle donde, según Abel Santa Cruz,
no hay más remedio que nacer: Nazca.

Finalmente nos decidimos por la calle Cabezón, esquina Condarco, a
mediados del 35.

A mi padre, que era electricista, le gustaba inventar cosas raras, a mí me hizo dibujante humorista.

Empecé mi larga carrera a los cinco años cuando, de la mano de mi mamá, la
llevé al cine para ver « Blanca Nieves y los siete enanos ».

A partir de ahí, creo haber dibujado todos los días.

Ah! también fui a la escuela.

A los dieciocho años se me dió por ilustrar cuatro libros de cuentos para Editorial
Codex, al mismo tiempo entré por la puerta que daba a la calle a los Estudios
de Dibujos Animados de Burone Bruché.

También ilustré historietas con guiones de Aldo Camarotta.

En mi tiempo libre, es decir todos los días, me las arreglaba para jugar al fútbol,
perdón, a la pelota, en las calles y terrenos baldíos del barrio con mis amiguitos,
entre los cuales Eduardo Balducci, Juan Carlos Copes, Humberto Andreacchio y
muchos otros que también se hicieron famosos.

Pero un día, el 7 de Noviembre de 1955, me fui.

Primero al Perú, con intenciones de hacer dibujos animados siguiendo la
proposición de mi colega y amigo Jorge Caro.

Pero la idea no cuajó y sólo trabajé en publicidad.

En 1960 el viento me llevó hacia el norte. Me tomé un avión, un micro y mi
última Coca-Cola y recalé en Nueva York.

A los diez días conseguí trabajo como imbetweener (intermediador) en los
Estudios Paramount y ahí me dí cuenta que estaba en el extranjero porque a
Espagueti lo llamaban Popeye. . .

Al año me cansé de hacer dibujos que de animados tenían muy poco y me fui
por ahí para hacer « greetings cards », léase tarjetas humorísticas.

Finalmente puse fin a la aventura americana y me subí a un Queen Mary que
pasaba por allí rumbo a Europa, la tierra de mis antepasados; incluidos mis
padres.
El 26 de Agosto de 1963 llegué al Peñón de Gibraltar, con otro barquito
desembarqué en Algeciras, España.

De ahí en más, un tren me llevó hasta un Madrid franquista; otro a Barcelona
(idem, pero menos) y crucé la frontera para llegar a Perpignan. Otra ruta me
lleva hasta Versailles y el último ferrocarril (oeste, supongo) me deja en París.
Llovía, caía la noche, pero tuve la suerte de conseguir una habitación de hotel
en un sexto piso sin ascensor, sin baño, una cuerda de pared en guisa
de armario, sin cuatro muros, una buhardilla que le dicen, ciento cincuenta
dólares en el bolsillo, solo, pero inconcientemente feliz! Estaba en París!

Eso fue un viernes 19 de Septiembre de 1963. Al lunes siguiente me presenté
en dos editoriales de tarjetas humorísticas, los obligué a hablarme en Inglés
hasta que uno de ellos me ofreció trabajo.

Enseguida, por cuestiones idiomáticas, me inscribí en la Alianza Francesa
por dos años, hasta el diploma.

Durante tres años realicé toda la producción de la Editorial Mic-Max, así se
llamaba, hasta que creí llegado el momento de pedir un aumento, pero lo
único que conseguí fue aumentar la lista de parados parisinos.

Solo, todavía no conocía a Amparo (nombre premonitorio) ni mucho menos
a Sébastien y Cécile, mis futuros hijos. Sin trabajo, ancla’o en París, con un idioma local embrionario, resumiendo: en Pampa y la vía.

Qué hacer?

La idea de volver con la frente marchita a la habitación que no tenía en la casita
alquilada de mis viejos no me seducía. . .

Elegí tirar el manotazo de ahogado y hacer otra cosa: dibujos mudos para las
revistas y periódicos. Me salió bien. » Se te fué la mano » como me dijo Carlitos
Garaycochea.

El resto ya es más conocido.

Y aquí estoy, haciendo una exposición en mi querida aldea natal.
(Disculpen, pero me pidieron que fuera breve)

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