Buenos Aires, 25/04/2018, edición Nº 1988
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Opinion

Mapeo cultural y políticas públicas

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La actividad cultural de la Ciudad es intensa y diversa, y es uno de los espacios claves a analizar al momento de pensar en el desarrollo de políticas públicas eficientes.

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Escribe Brenda Granero

(CABA) Para poder evaluar y planificar políticas públicas eficientes, es necesario contar con un conocimiento exhaustivo sobre la realidad cultural de nuestro país. Este conocimiento también sirve de herramienta a los gestores privados para planificar sus acciones.

Este conocimiento idealmente debe ser multidimensional, abarcando aspectos cuanti y cualitativos. Sin embargo, no siempre resulta fácil lograr esto y/o hacerlo de forma exhaustiva.

¿Con qué contamos hoy?

No existe una definición acabada de lo que es un “espacio cultural” –de manera intuitiva puede pensarse como todo aquel lugar donde se realiza un intercambio; ya sea de un bien, un servicio, o una experiencia cultural. De todos modos, podemos aproximarnos conceptualmente tomando lo que distintos organismos culturales de la región definen como “espacio cultural” a la hora de mapearlos. Asimismo, cabe destacar que la categoría de centro cultural suele estar incluida dentro de la de “espacio cultural” –de vuelta sin una definición consensuada, se puede entender a un centro cultural como un lugar donde se realizan actividades menos restringidas que en otros espacios culturales: así, en un centro cultural pueden confluir una biblioteca, una sala de teatro, y muestras de arte, por ejemplo.

En Argentina, el SInCA ha desarrollado un sistema de información cultural de alcance nacional, que incluye un Mapa Cultural. Allí, la categoría “Espacios Culturales” incluye: bibliotecas populares y especializadas, librerías, ferias del libro, salas teatrales, salas de cine y espacios INCAA, organizaciones de la sociedad civil, carreras culturales y Casas de la Historia y la Cultura del Bicentenario. El Sistema de Información Cultural (SIC) en México, caso que analizaremos en mayor detalle a continuación, no incluye salas de cine dentro de la categoría, pero agrega: museos, centros culturales, galerías, auditorios, centros para el desarrollo indígena, casas de artesanías y centros de educación. Sin duda, la inclusión de unos u otros espacios responde, en parte, a una realidad cultural distinta a la argentina.

Desafíos

Aún queda un camino por recorrer en lo que hace al relevamiento de infraestructura cultural en el país y la CABA. En particular, en lo relacionado al ámbito privado, pero sobre todo aquellos espacios cuya relevancia sabemos no es menor –espacios teatrales alternativos, centros culturales autogestivos, etc.- pero son difíciles de identificar y cuantificar: como señalamos en la nota sobre el Impacto Social de la Cultura (emprende cultura #2), resulta difícil medir, en Argentina, “prácticas [culturales] que típicamente se observan (….) al margen del ámbito económico”.

A pesar de tratarse de proyectos muy difundidos y variados, sobre todo en el ámbito de la CABA, no se cuenta con datos centralizados al respecto. Siendo que son espacios con un impacto social de gran potencialidad, es un área sobre la cual se debe avanzar para una mejor comprensión del impacto social de la cultura. Esto, sin olvidar los datos valiosos con los que sí contamos –como el Mapa de la Argentina y, a nivel de la CABA, datos (cuantitativos y cualitativos) sobre bibliotecas, centros culturales barriales, museos y teatros, entre otras instituciones culturales.

Una ruta posible hacia la obtención de datos minuciosos podría ser la de un mapa de “auto carga” –donde los mismos actores sean los encargados de subir la información acerca de sus espacios culturales. Esta solución, sin embargo, siempre plantea la disyuntiva acerca de la confiabilidad de los datos provistos, y tampoco garantiza exhaustividad total. El SInCA, de hecho, entre las diversas fuentes de información que usa para el Mapa Cultural, utiliza formularios de validación, disponibles a los usuarios particulares que deseen enviar información para el Mapa. Esta información es incluida luego de ser debidamente verificada.

¿Por qué la necesidad de información?
La realidad cultural es dinámica y muy cambiante, haciendo de éste un sector de difícil análisis, donde la creación de un sistema de información único se torna ardua. Sin embargo, el mismo es necesario para poder orientar, desarrollar, evaluar y adaptar las políticas culturales –entendiendo que éstas partirán necesariamente de un diagnóstico del sector; siendo el análisis cuantitativo el primer paso hacia ello. Un conocimiento más acabado del ámbito en el que se desempeñan también resulta fundamental, sin dudas, para los propios actores del sector y su toma de decisiones.

Aunque se reconoce la variedad de las fuentes primarias (censos, encuestas de hogares, bases de datos sectoriales, etc.), éstas fuentes no son muy numerosas o no ponen el foco en lo cultural. Allí surge la necesidad de fuentes alternativas, tales como observaciones y experimentos diseñados específicamente, o la obtención de datos mediante encuestas.

Antecedentes
Si bien es cierto que un sistema de información cultural está fuertemente influenciado por la realidad social y cultural del territorio al que pertenece –y a esta realidad debe servir- y que no es fácil estandarizar la medición de la cultura, cabe mencionar algunos antecedentes regionales que pueden servir de modelo.

Por un lado, se puede mencionar la Cartografía Cultural de Chile, realizada en 2000, como un proyecto que intentó ir más allá de los registros cuantitativos de indicadores culturales convencionales. El fin de este proyecto de tres años fue ubicar y dimensionar a los creadores e instituciones vinculadas a la cultura en todo el país, para lo cual se realizó un catastro nacional cuyos resultados fueron un Directorio Nacional de la Cultura y un Atlas Cultural.

Por otro lado, resulta extremadamente interesante el caso mexicano: el Sistema de Información Cultural (SIC), un sistema en proceso de actualización continua de información geográfica de los recursos culturales de México desarrollado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes que ofrece información diversa y actualizada. Desde el SIC también se publica el Atlas de Infraestructura Cultural de México, para cuya construcción inicial se contó con el apoyo de expertos de la UNESCO. De este Atlas surge información que sería de sumo interés obtener a nivel nacional –por ejemplo, para el caso de centros culturales, además de cuantificarlos, se señala qué proporción de la población total asiste a ellos; qué diferencias hay por género, edad, nivel educativo, etc.; y cuáles son los motivos principales de asistencia o inasistencia; ente otras cosas.

Avances

El 29 de agosto de este año se presentó en la Legislatura porteña un proyecto de Ley de Centros Culturales de la CABA, que contempla la creación de una figura legal que habilite el funcionamiento de este tipo de espacios. Esto da cuenta de la importancia que tienen los centros culturales en la Ciudad: si bien no existe una cifra exacta acerca de la cantidad que hay, se calcula que superarían los 300. La nueva figura legal está dirigida a proteger los espacios barriales, autogestivos y cooperativos. Además, implicaría algún tipo de registro –más o menos detallado- que permitiría ampliar el sistema de información cultural de la CABA.

Lo cualitativo

A pesar que las variables cuantitativas proporcionan resultados estadísticamente sólidos y son de por sí una herramienta muy útil en sí misma, las variables cualitativas proporcionan información cada vez más relevante para la toma de decisiones tanto dentro de la gestión pública como privada.

Informaciones como la mencionada anteriormente, recogida por el Atlas Cultural en México, son muy valiosas para poder dirigir y evaluar la toma de decisiones de manera más eficaz. Además, permiten una mayor aproximación al impacto social de la cultura. Sin ir más lejos, una investigación realizada por el Observatorio de Industrias Creativas (OIC) en 2007, El tango en la economía de la Ciudad de Buenos Aires, además de investigar la incidencia de este género musical en la economía y el empleo porteño, también buscó analizar su impacto social. El estudio encontró que en términos económicos, la mayor parte de los ingresos que generaba la actividad económica del tango, provenían de los shows con cena dirigidos principalmente al público turístico. Sin embargo, la mayor participación social –en auge por aquel entonces- se daba en las milongas, peñas, clubes, etc.; donde la entrada era gratuita o de muy bajo costo.

El ejemplo anterior da cuenta de la importancia de contar con información rica –en cantidad y variedad- relativa a las actividades e industrias culturales. Por un lado, como ya se ha dicho, esto permite dimensionar el peso económico y social de estas actividades en la actualidad. Pero además, da cuenta de la dinámica del sector; adonde y de qué manera se están gestando los futuros actores productivos de estas industrias.

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