Buenos Aires, 24/04/2018, edición Nº 1987
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Opinion

Manifesto para las bases de un Eco-Socialismo en la Argentina

El pensamiento moderno ha consolidado un hombre/mujer cuya relación con los otros es de dominación y explotación, un hombre individual con los lazos colectivos debilitados y fragmentados; un hombre cuya relación con la Naturaleza es de despiadada depredación

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Escribe Enrique Viale

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El pensamiento moderno ha consolidado un hombre/mujer cuya relación con los otros es de dominación y explotación, un hombre individual con los lazos colectivos debilitados y fragmentados; un hombre cuya relación con la Naturaleza es de despiadada depredación, entendiéndola en un principio como objeto de conocimiento, luego como objeto de dominación, para actualmente considerarla una mera mercancía y objeto de especulación financiera. Un hombre cuya visión de la felicidad no abarca otras dimensiones que las marcadas por la abundancia y el denominado progreso; lo bueno se relaciona con el tener y el bien común con los intereses rentísticos de una minoría.

La visión hegemónica actual del mundo plantea que la existencia o no de una persona está dada por su capacidad de adquirir los productos materiales, se ha reducido al ser humano, su tiempo y sus fuerzas, al carácter de mera mercancía. La humanidad sujetada por una ética consumista valora el ser-siendo de las personas por la posesión de cosas con la creencia de que tener más es vivir mejor. Se produce para desechar en el marco de una obsesión por el crecimiento económico como meta de la sociedad.

Esta visión dominante forjó un sistema de producción y reproducción que genera grandes desigualdades en la distribución de la riqueza, del tiempo y del espacio, la acumulación y concentración de la riqueza en las manos de un grupo excesivamente reducido de personas, y la privatización de nuestros bienes comunes. Desigualdad sostenida mediante el constante ejercicio de la violencia contra los pueblos y a través de un fuerte disciplinamiento social, incorporando al Genocidio y al Ecocidio como elementos imprescindibles para su sostenimiento.

La concepción mecanicista de la ciencia y la tecnología comprende y concibe al universo como una máquina. El sujeto que conoce es un observador separado de su entorno, de la Naturaleza, de su mundo. La cultura científica se aleja de la cultura humanista. Ni la ética ni la estética tienen lugar. Así, la ciencia forma parte de la racionalidad instrumental que lleva a una relación de dominación con la Naturaleza. La razón tecnocrática orientada a explorar, predecir, controlar y manipular el mundo inocula en nosotros la ética de que todo lo que se puede hacer debe ser hecho. Este paradigma concibe al saber como dominación de la Naturaleza y dominación de los otros aniquilando otros saberes, cometiendo generalizados Epistemicidios y poniendo al mundo en constante peligro de extinción a través de -por ejemplo- la energía nuclear o el experimento global al que nos someten con los cultivos y los alimentos transgénicos, la medicalización de la sociedad bajo el poder de las corporaciones farmaceúticas, entre tantos otros.

Se ha impuesto con violencia y triunfado en el mundo una ideología comandada por la voluntad de los poderes económicos y financieros. Nuestro país, asignado a la periferia en la división internacional del poder, continúa exhibiendo claros rasgos de dependencia y es víctima de una alarmante lógica Extractivista. El actual modelo desarrollista-extractivista-financiero es una expresión extrema de un sistema que explota y lastima a los pueblos, que sobreexplota la Naturaleza, que expande la frontera productiva imponiendo actividades no decididas por los habitantes de los territorios, creando enclaves económicos contrarios a las relaciones y prácticas de las economías locales preexistentes, que cree que la Naturaleza es una fuente inagotable de recursos invisibilizándola como una variable para las teorías económicas, tanto capitalistas como socialistas. Un modelo que se impone por la fuerza, a espaldas de la sociedad y con criminalización y represión del que piense distinto, abriendo así un nuevo capítulo de violación de Derechos Humanos básicos.

La historia lo demuestra, por donde pasa el extractivismo sólo quedan transnacionales enriquecidas, saqueo, contaminación y territorios devastados. Y el extractivismo va por nuevas fronteras, pretende mercantilizar todo, acumulando por desposesión, por despojo. Y para ello, expulsa población y la condena a las periferias de las ciudades, creando más exclusión. La crisis ecológica/ambiental y la crisis social están profundamente interrelacionadas y son producto de las mismas fuerzas estructurales.

En las Ciudades es la misma lógica la que actúa con sus particularidades propias. En efecto, el “extractivismo” ha llegado a las grandes ciudades. Pero no son los terratenientes sojeros, ni la megamineras, sino la especulación inmobiliaria la que aquí expulsa y provoca desplazamientos de población, aglutina riqueza y territorio, se apropia de lo público, provoca daños ambientales generalizados y desafía a la naturaleza en el marco de una marcada degradación institucional y social. El éxito de la Ciudad se busca a través de más y más crecimiento empleando indicadores como la construcción de metros cuadrados, el aumento de la valuación de los inmuebles, lo cuantitativo por sobre los cualitativo. Cada vez más se profundiza la concentración de territorio. La entrega de bienes comunes como las tierras e inmuebles del Estado, los espacios verdes, para la especulación inmobiliaria no descansa. Los barrios pierden sus identidades y sus habitantes no tienen decisión en las políticas de planeamiento urbanas. Se hamercantilizado la vivienda hasta el paroxismo, convirtiendo a los inmuebles en una especie de commodity, una mera mercancía, mera especulación, un bien de cambio.

En la Ciudad de Buenos Aires se construyeron 20 millones de m2 en los últimos 10 años y en el mismo período creció un 50% la población que vive en sus villas. ¿Para quién se construye? ¿Para qué? Se impone así un sistema especulativo, que implica privatizar beneficios y socializar costos.

La Naturaleza es completamente sacrificable en pos del crecimiento de la Ciudad y la generación de renta para las corporaciones inmobiliarias. Se impermeabilizan los suelos, se construye y urbaniza irracionalmente y se avanza sobre las superficies absorbentes en áreas urbanas y suburbanas que no las planifica el interés general, sino la especulación inmobiliaria a través de los privilegios que le conceden quienes ocupan cargos en los Estados. En definitiva, el Extractivismo Urbano está consolidando ciudades degradadas, violentas, insalubres, privatistas, exclusivas y antidemocráticas.

Hoy, luego de una década de crecimiento del PBI, principal indicador del actual modelo de desarrollo, se manifiestan crisis habitacionales en todo el país; son innumerables las denuncias por daño a la Naturaleza y contaminación que afecta a miles de ciudadanos; comunidades y pueblos enteros son flagelados por desplazamientos y desalojos forzosos; las personas pobres, desnutridas e indigentes constituyen un porcentaje alarmante de la población; el modelo agroexportador está envenenando nuestros territorios y a sus habitantes -continua y progresivamente- lo que constituye un genocidio lento, inocultable y programado.

Todas estas lesiones a la humanidad y a la Naturaleza están enlazadas por la voluntad de grupos de poder que persiguen como imperativo ético la ganancia económica a cualquier precio. Los bancos y las empresas transnacionales son las personas a salvar durante el naufragio, los seres que gozan de ciudadanía universal y de los más altos privilegios y a quienes efectivamente se aplican todas las protecciones pensadas para los humanos en las declaraciones universales de derechos. No siendo suficiente la mercantilización de cada uno de los aspectos de la vida, se ha elucubrado como receta para poner freno a este sistema la promoción de la privatización de las funciones de la Naturaleza y de la vida, a niveles insospechados a través de la llamada “Economía Verde”.

Nuestro sistema de toma de decisiones colectivas excluye a gran parte de la población. La filosofía democrática ha sido reducida la democracia representativa al sistema electoral. La democracia así entendida ha legitimado la entrega de nuestras riquezas y esfuerzos a manos del capital transnacional. No se ha profundizado la democracia en los partidos políticos, en los sindicatos ni en las empresas. Tampoco la democracia se vive en la decisión continua respecto a políticas comunes, en la posesión del territorio, de los medios de producción y reproducción, en el acceso y utilización de los servicios públicos y de los espacios públicos.

La corrupción estructural se presenta, no ya como una desviación de funcionarios o empresarios determinados, sino como un modo permanente de construir relaciones sociales y políticas que se extienden a todos los estamentos sociales y forman parte del comportamiento humano socialmente aceptado.

Nuestro Mundo se encuentra por todas estas razones en emergencia ecológica. Hemos alcanzado como Humanidad el límite de la capacidad de la Tierra para sostener los ecosistemas en forma adecuada para garantizar la biodiversidad y las condiciones que han hecho posible nuestra existencia. Profundas crisis climáticas, financieras, alimentarias, institucionales, culturales, éticas y espirituales están erizando nuestra piel diariamente. El planeta tal como lo conocimos y la humanidad están en grave peligro de extinción.

Este panorama impide que podamos cerrar los ojos. Tenemos una obligación ética con la Naturaleza, con los demás seres vivos, con cada uno de los seres humanos para cambiar los actuales rumbos de nuestra civilización.

La tradición socialista ha advertido los males y las miserias que genera el capitalismo en cuanto crea el sistema de justificación que legitima la aberrante explotación entre los hombres. Esta mirada en estos tiempos es insuficiente, no podemos dejar de advertir el ejercicio de la violencia contra la Naturaleza por parte de los seres humanos como tampoco la violencia patriarcal ejercida por los hombres hacia las mujeres.

Ante los graves desequilibrios socio-ecológicos, necesitamos una renovación que signifique una ruptura radical – de raíz -, frente al pasado y el presente, instalando un nuevo paradigma ético-político hacia el futuro. La vieja política, encarnada por los partidos tradicionales, se ha mostrado incapaz de entender y actuar (aprehender, afrontar, solucionar) las urgentes problemáticas contemporáneas y las múltiples y convergentes crisis hoy por hoy vigentes (económica, ambiental, energética, biológica, ideológica, social y, desde luego, política) que a nivel global, regional y local prolongan y profundizan el sufrimiento de las mayorías.

Necesitamos construir La Política bajo otra lógica: una ECO-lógica que articule simultáneamente una ecología ambiental y de la Naturaleza; una ecología de la convivencialidad, de las relaciones humanas en sociedad; y, una ecología de las subjetividades, los saberes, las culturas, las mentalidades y los deseos, los proyectos y proyecciones, tanto a nivel singular como colectivo. De hecho, aquí “ECO” retoma lo que para los antiguos griegos significaba el oikos: el hogar, el hábitat, el medio natural. En términos de la Ciudad proponemos que la reapropiemos como nuestro medio natural, la convivamos como nuestro Hábitat y, en definitiva, la sintamos nuestro Hogar.

Es necesario por ello profundizar el conocimiento con respecto a las distintas formas de contra-hegemonías que se plantean a diario en diferentes contextos socio-espaciales, sensibilizando los sentidos para salir de los micro-climas y observar la constitución del “sujeto resistente” que cada colectivo va dando forma.

Son las luchas ciudadanas en los pueblos cordilleranos, en el campo y en las ciudades las que están marcando huellas históricas en la defensa de los territorios en nuestro país y un punto de inflexión en el saqueo económico, devastación ambiental, social, cultural e institucional que significan las figuras extremas del extractivismo en la Argentina: la megaminería, el fracking, el agronegocio y la especulación inmobiliaria.

Con sus luchas, la gente de los barrios, las asambleas, comunidades y pueblos que defienden sus territorios, las comunidades originarias, los que luchan por su vivienda en las villas, en fin, los invisibilizados urbanos y rurales; están re-construyendo y re-significando conceptos elementales: Derecho a la Ciudad, Derechos de la Naturaleza, Soberanía Alimentaria, Vivir Bien, justicia ambiental, Eco-Socialismo, bienes comunes, etc. Todas categorías olvidadas o minimizadas por la derecha o la vieja izquierda.

Resulta indispensable pensar un mundo social alternativo, un nuevo paradigma ético-político en permanente construcción, el Eco-socialismo, que requiere que caminemos por nuevas y colectivas sendas:

Debemos poner fin a la agresión ecológica y cambiar nuestra relación con la Naturaleza. El antropocentrismo de la Modernidad debe superarse hacia un Bio-centrismo, donde la Naturaleza de la cual formamos parte, vale por sí misma, independiente de la utilidad o usos del ser humano. Donde, independientemente del nombre e imagen que asuma la Pacha o Madre Tierra, regirá un sentido profundo de unidad de los seres humanos con ella, sin la pretendida distancia y superioridad que impuso una determinada “ciencia moderna”. Reconocer universalmente los Derechos de la Naturaleza que no supone una Naturaleza virgen, sino el respeto integral por su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos, la defensa de los sistemas de vida. Por ello no sólo debemos de dejar de comprender a la Naturaleza como una mera mercancía sino también únicamente como un recurso natural estratégico, como lo entiende el neodesarrollismo progresista. La transición del concepto de Recursos Naturales al de Bienes Comunes consiste en una radicalización de la democracia. La igualdad debe trascender lo humano para reconocer a la Naturaleza como sujeto de derecho y, por lo tanto, rechazar su sobre explotación y venta al capitalismo, revalorizar la vida en todas sus formas, bajarnos del altar de dueños y soberanos sobre el destino de la vida del resto de los seres vivos.

Superar la concepción del Desarrollo como crecimiento infinito y el modelo Extractivo. Cuestionar de lleno la idea de crecimiento ilimitado, sea quien fuera se apropie de esa renta. Empezar a caminar en la búsqueda de Alternativas al Desarrollo que tengan presente la finitud de la Naturaleza, que transforme el Estado-Nacional quitando su ropaje verticalista, colonial, homogeneizador y elitista, que respete los bienes comunes bajo la autonomía y la autodeterminación de los pueblos. Luchar por la Soberanía alimentaria como camino para recuperar el control de nuestros sistemas alimentarios y poder producir alimentos saludables. Modificar nuestra política energética dependiente de la explotación hidrocarburífera y nuclear y que cuestione el actual consumo energético de nuestras ciudades, la distribución del mismo y se fundamente en la utilización de energías renovables descentralizadas.

Oponer al “Extractivismo Urbano” un nuevo paradigma en construcción “El Derecho a la Ciudad” que implica democratizar la Ciudad para transformarla, para abandonar los parámetros de la Ciudad moderna, para reconstruir ciudades que sean el hogar para formar habitantes solidarios, no competitivos, no consumistas, ambientalmente responsables, que compartan los bienes comunes, partícipes activos de las acciones de gobierno. Y así como proponemos desmercantilizar la Naturaleza, en las ciudades buscamos desprivatizar sus espacios públicos, convertirlos en verdaderos bienes comunes, su costanera, sus plazas, calles y parques.

Desmercantilizar las necesidades humanas. En un Eco-Socialismo, la sociedad está basada en derechos y no en el mercado, el afán de riqueza es incompatible con los valores de solidaridad, generosidad y cooperación. La Igualdad debe ser el piso desde el cual partir, y ello se logrará desestructurando la desigualdad de posiciones, dotando a todos los miembros de la sociedad de iguales herramientas, oportunidades de base y de las condiciones que permitan a cada uno disfrutar de las posibilidades reales, ciertas y concretas para que pueda vivir y desarrollar su propio plan de vida, evitando el desamparo y la inequidad. La Igualdad económica es precondición para la Igualdad política, social y cultural. Nuestra profunda convicción es que la Igualdad sin libertad es esclavitud y la libertad sin Igualdad es dominación de unos pocos sobre la mayoría.

Democratizar la democracia pero desde abajo y hacia arriba empoderando a los excluidos. Reconocer la existencia de Demodiversidades, de la democracia comunal, de la democracia participativa, de la democracia comunitaria, de la democracia directa, etc. Avanzar hacia la radicalización de la democracia en el Gobierno de nuestras ciudades y territorios, en la posesión de los medios de reproducción y producción dando supremacía a las formas colectivas de propiedad, en la posesión de los territorios, en el acceso y uso del espacio público y de los bienes comunes, en el acceso a los servicios públicos, etc. Todos y todas, y no un pequeño grupo de corporaciones –ni tampoco una élite de funcionarios del Estado–, deben poder elegir –democráticamente- qué hacer en los territorios comunes.
Descolonizar nuestra cultura del mercantilismo y el consumismo, del lujo y del lucro como forma de vida, del egoísmo, del racismo, del fascismo y de la ambición. Debemos abandonar la sociedad del mero lucro y de la acumulación y perseguir un cambio –democrático, pacífico y progresivo- en los patrones de consumo como un desafío educativo y cultural permanente, que vaya más allá del reino del dinero, más allá de los hábitos consumistas artificialmente producidos por la publicidad, y más allá de la producción sin límites de mercancías innecesarias. Fortalecer la comprensión de que somos seres vivos que formamos parte de la Naturaleza y que debemos vivir en armonía y equilibrio con ella y con nuestros semejantes. Esto para crear un “Hombre Nuevo” que enriquezca los Modos de Convivencia, que construya un socialismo comunitario del Vivir Bien y del Buen Con-Vivir.

Propugnar una Ecología de saberes. Allí, donde muchos ven obstáculos, debemos buscar caminos. Donde muchos ven problemas, están las soluciones. Para ello debemos desactivar la idea de que existe un único conocimiento al que se tienen que subordinar las múltiples formas de saber de los distintos sectores sociales y culturales, estamos obligados a descolonizar el saber y respetar la heterogeneidad cultural. Que la visión fragmentaria y analítica de la realidad sea reemplazada por una cosmovisión integrada que respete las “políticas de vida” de comunidades indígenas, campesinas y también de poblaciones con arraigo en los territorios.

Propender al respecto y la reivindicación de la diversidad, el cambio de la cultura patriarcal, vertical y racista. El Ecosocialismo proyecta una sociedad basada en la solidaridad, lo comunitario, la democracia radicalizada, la complementariedad, la alegría y el amor.

Estos conceptos y lenguajes que parecen tan ajenos a la agenda mediática/política de nuestro país, es el diálogo cotidiano de los pueblos que están defendiendo sus territorios, de estas nuevas formas de resistencia y alternativas al sistema lideradas por los pueblos indígenas, los movimientos contra la megaminería, el fracking, el agronegocio y la protección de la Naturaleza en general, el movimiento estudiantil, el sindicalismo que decidió no ser cómplice, las organizaciones que luchan por el acceso a una vivienda digna, a la tierra y al territorio, a los espacios públicos, entre otras. Todos estos colectivos están viviendo la segregación económica y espacial del modelo en forma inmediata y primera, tras el velo del crecimiento económico. Es un deber unirnos a los vientos de indignación de estas luchas, ampliar sus fuerzas, acelerar sus tiempos. En ellos vemos síntomas e inflexiones históricas para construir un nuevo paradigma civilizatorio y alcanzar esa sociedad soñada, una sociedad Eco-Socialista.

(*)Candidato a Diputado Nacional por la Nueva Izquierda

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