Buenos Aires, 23/06/2018, edición Nº 2047
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Los cuatro mejores after office de la Ciudad de Buenos Aires

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Danzon

(CABA) Si querés relajarte con calidad, degustando una buena comida y tragos especiales o clásicos, pero hechos, te presentamos cuatro fantásticos after office para que termines el día de la mejor manera posible: disfrutando.

Gran Bar Danzón

Este es un buen momento para la coctelería y el vino. Los tragos están de moda en la Argentina y en todo el mundo. Pero hace quince o veinte años, el panorama era otro. Las barras pertenecían a un ambiente de otra época y un poco deprimente: hotelería anticuada, vermú batido y barmans con chaleco apolillado. Ni hablar del vino, que se reducía casi siempre al pingüino de mesa, al tinto de la casa y a la soda complementaria. El Danzón abrió hace ya dieciséis años, jugándose todo para voltear el cuadro. Un bar mayúsculo, con barra de doce metros y coctelería bien hecha. Con bartenders entrenados y calidad en licores. Y una carta de vinos por copa amplia y compleja.

La entrada poco llamativa, con su escalera medio escondida, desorientaba a la gente: el kiosco de la esquina aprendió a indicar, varias veces a la semana, dónde estaba la puerta, ante una población de bebedores creciente y constante. Era un auténtico “speakeasy” involuntario, cuando todavía no se habían puesto de moda los bares secretos al estilo inglés. Hoy el público del Danzón es de lo más diverso: abarca algunos de la primera hora, parejas en plan íntimo y grupos de amigos que saben lo que buscan y no dudan en encontrarlo una o dos veces por semana. En su mayoría, personas de más de 30 años: los precios no son bajos, pero todo vale lo que cuesta, y el happy hour es para aprovechar. A medida que avanza la noche, se puebla también de gente más joven que se da un gusto a lo grande.

Para beber y comer está la barra, en donde los habitués se acomodan tanto o más que en los sillones o las mesas. Especialmente, si es una parada después del trabajo. La coctelería de la casa es sobria, sin mejunjes extremos. Son famosos los Danzón Bloody Mary y las variantes de Negroni, incluido el Vintage con Jim Beam White, Campari, Malamado y un gajo de pomelo. Hay seis opciones de Martini en la carta fija y preparan tres tragos destacados que varían cada semana.

La cocina del Danzón siempre buscó cierta vanguardia de cocina contemporánea. Mientras marcaban tendencia con las copas, también fueron de los primeros con la nueva gastronomía. Pero eso no significa “espuma de provolone” ni “fina arena de panceta“, esos experimentos físico-químicos que tan poco tientan al paladar. Manejan un perfil de sabores sofisticados y contundentes: entradas como las mollejas crocantes con ensalada panzanella y mojito de tomates o los arrollados de cerdo con salsa de mango picante. De plato principal, el Pato del Danzón lo dice todo: magret o confit con espinacas salteadas, puré de peras y castañas de cajú, con croquetas de gruyère y jugo de pato. En consonancia con las bebidas, no son platos económicos, pero tampoco escandalosos para el corte de menú que proponen. Incluyen una carta completa y lograda de sushi, de buena calidad, algo inusual en un bar de tragos. Hay uno que le hace eco al menú japonés: el Sushi Mary, con Smirnoff, sake, jugo de tomate, pepino fresco, wasabi y sushi roll.

El happy hour es diario: lunes a viernes, de 19 a 21; sábado y domingo, de 20 a 22, tanto en coctelería como en vinos (con una bodega seleccionada cada semana); y hasta hay happy hour de sushi, con makis, niguiris y copa de Alamos Chardonnay o Cabernet Sauvignon.

Libertad 1161. Lunes a viernes, desde las 19; sábado y domingo, desde las 20.

Doppelgänger

Guillermo Blumenkamp llevaba meses en estado sabático, buscando alguna pista para reorientarse. Un día se le dio por abrir su viejo ejemplar de Grandes esperanzas, el libro de Dickens. Adentro lo esperaba una servilleta de papel, donde había anotado nada menos que sus planes soñados años antes. Leyó: “abrir un Martini Bar“. Poco después nacía Doppelgänger, Bar Martini Bitter & Vermouth. Desde entonces, sostiene el mismo éxito ante un público entendido y con “grandes expectativas”.

Doppel es un verdadero bar de cócteles, a rajatabla: no se sirven cervezas, ni vinos, ni gaseosas. Solo tragos, pero agarrate: en la carta figuran 99, y no pasa una semana sin que sirvan todos. Si sumamos las variaciones personalizadas para los pedidos de clientes demandantes, preparan muchos más. El público es mezcladito y lo que predomina es un común denominador: en Doppel se bebe mucho y surtido, sin exceso de maquillaje.

La especialidad es doble: Martinis y vermús. Por eso el nombre del bar es Doppelgänger (“doble”, en alemán) y el lema de la casa celebra “al obrero y al burgués“, en cada uno. Por un lado, está la herencia de inmigrantes: los amigos, el fin de la jornada, el Aperol de la tarde. Por otro, todo lo sexy y decadente en un buen Dry Martini; la carta de Martinis de Doppel te emborracha con solo leerla.

El trago más vendido es el Old Fashioned, un clásico a base de bourbon. Con el primer sorbo entendés por qué. Después, en el otro extremo, una de las últimas creaciones de Doppel. El Humpty Dumpty Master Cocktail: más que un trago, toda una escena. Cuando un cliente quiere algo diferente, algo especial para él, le preguntan qué bebidas y sabores le gustan para inventar su propio Humpty Dumpty. Sin límites, con rienda suelta al savoir faire del bartender. Si te gustó el tuyo, podés bautizarlo como prefieras, porque te guardan la receta.

La carta de comidas registra el mismo cuidado, y la misma dualidad de sabores populares y selectos. De entrada, podés elegir para compartir unos tostones de plátano verde con guacamole, o un Triunvirato Vermouth: papa con crema de ajo, batata con mostaza y miel, mandioca con salsa de tomate picante. También tienta la Picada Burguesa: degustación que incluye arenque, guacamole, blinis con crema ácida y caviar, tortita de camarón y hummus. Son famosas las hamburguesas clásicas, caseras, con mozzarella, pepinillos y cebollas caramelizadas, que salen con papas crocantes. Si preferís cenar fuerte, jugate con el salmón crocante con vinagreta cítrica (oliva, lima, hierbas y gin), puré de papines y repollo o los calamares salteados al ajillo con papas doradas. Otro plato que conjuga el alcohol en su receta es la gran bondiola de cerdo ahumada y marinada (soja, jengibre, ajo, ananá, bourbon, sake), con palta picante, morrones, cebolla colorada, tomate, rúcula y pan casero acompañado de papas crocantes.

Juan de Garay 500, esquina Bolívar. Martes a sábado, desde las 19 al cierre.

Duarte

La ecuación que propone Duarte es ganadora. El plan es sumar tragos de calidad y comida de la buena, sin descuidar el bolsillo. Empezaron seduciendo al público joven por el lado de los números; pero se corrió la bola, y pronto los amigos de las copas con un poco más de experiencia y de años en la cancha también reconocieron este combo poderoso de precio-calidad. El público de Duarte no es “de entendidos“, pero sí de bebedores con paladar, sin falsas pretensiones, que vienen a pasarla bien después de un día largo, con garantías sobre la barra, dentro del plato, y en la billetera.

Duarte es un sueño cumplido de los hermanos Agustín y Juan Bertero. Agustín marca la tendencia en tragos: una línea fuerte de clásicos y algo de la nueva coctelería, pero desde una mirada clásica. El diseño de la carta de comidas es de Juan: mucho para comer con la mano, lo más cómodo en la barra, y una sección de hamburguesas y principales para el que se quiere sentar a comer con más contundencia: ¿te suena bien un estofado de cordero con hongos de pino chilenos y vino tinto de la Patagonia?

El ambiente es más joven que en la mayoría de los bares de esta calidad en copas, pero la experiencia está garantizada para los post-30. El fuerte de la casa son los tragos con whisky y las jarras. También hay un “tinto de la semana” que varía cada vez. Las hamburguesas se festejan mucho; pero si vas en grupo, la mejor idea es pedir varias tapas para la mesa y picar variado. Picar al estilo Duarte no es una banalidad. Significa langostinos con salsa de mango, mejillones a la provenzal, croquetas de papa y panceta. Significa cinco tipos de brusquetas y huevo horneado con salsa de tomates. En plan de compartir, también se puede elegir el trago en grupo y pedir con amigos una jarra Jar Jar (Jameson, cynar, pomelo) o una de Spritz (tonic youth: gin Apóstoles, cynar y tónica).

El happy hour le saca viruta al piso y vapor a la coctelera. Los tragos quedan hiperaccesibles y la cerveza más aún. Los jueves suele haber DJ. La música no falla y acompaña la onda del ambiente justo, justito, como debería.

Godoy Cruz 1725. Martes a viernes, desde las 19; sábado y domingo, desde las 20.

Wherever

Wherever se fue armando durante un largo viaje por Europa. Seis años deambuló Leonardo Mignolo, empapándose de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Así se fue macerando en alcohol, lento y con las mejores artes, este bar de tragos que hoy es de los más recomendables en Buenos Aires.

Como en los mejores cócteles, acá se combinan pocos pero fundamentales ingredientes para el éxito: rigurosa calidad en whiskies, bitters y licores. Frutas de estación, frescas. Recetas clásicas preparadas a la temperatura adecuada. Y un ambiente cálido: el lugar no es ni hiperproducido ni trash bajo fondo. La música, siempre buena, suele ser brit pop, con altas chances de Morrissey. Te podés sentir en el living de tu casa. Pero con mejores tragos, confesémoslo.

El público de Wherever es gente a la que le importa, y mucho, el buen beber. El 90% de los tragos que se piden giran alrededor de un mismo protagonista: el whisky. Los cócteles clásicos tipo Manhattan. La consigna de la casa es una coctelería simple, pero no descuidan los licores de lujo: pama, amaretto, drambuie.

Además del bartender local, Sergio Agudelo, en Wherever se siente la presencia visitante del maestro Juan Sebastián Ruiz, que todas las semanas prepara su carta de happy hour con cuatro tragos clásicos diferentes, dependiendo de las frutas de estación y de lo que haya en el mercado familiar de Escobar, que provee a Whatever. Un ejemplo magistral: el Sbagliato a la antigua. Azúcar + bitter casero + irish whiskey + piel de pomelo. Otro, el Horse’s Neck: bourbon + ginger ale + piel limón + angostura. De 18 a 21, a festejar.

Desde la cocina, acompañan platos simples que no fallan: hamburguesa de cordero, con o sin queso azul; fajitas mixtas; brusquetas, y algún plato del mes variable, como, por ejemplo, el invernal Steak & Ale Pie (guiso de carne a la cerveza negra).

Fray Justo Santamaría de Oro 2476. Lunes a viernes, de 11 al cierre; sábado, de 20 al cierre.

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