Buenos Aires, 15/07/2020, edición Nº 2800
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Los cementerios de Chacarita y Flores aumentan su capacidad para recibir a víctimas del coronavirus

Sumaron casi 9.000 espacios de inhumación. También hay un protocolo de manejo de los restos de las personas que mueren por la enfermedad.

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(CABA) Frente a las grandes e incómodas inquietudes sobre qué ocurre con los muertos por coronavirus, el Gobierno de la Ciudad hizo lugar en los cementerios tanto para inhumar como para conservar apropiadamente los cuerpos sospechosos o positivos por la enfermedad. También desarrolló un protocolo especial de manejo de esos restos.

Con esa capacidad aumentada, hoy son 8.822 los espacios disponibles para inhumación en los cementerios porteños. La mayoría están en Chacarita, que cuenta con 2.600 en tierra y 4.000 nichos. En el de Flores, en tanto, hay 1.858 y 364 respectivamente.

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Según Clarín, también se incorporaron 20 boxes refrigerados para conservar cadáveres. De ellos, 12 fueron instalados en Chacarita y el resto en los hospitales Álvarez, Muñiz, Penna, Piñero, Pirovano y Santojanni. Así, son 1.600 en total los espacios de almacenamiento disponibles.

Con la pandemia, no sólo debió aumentarse la capacidad de los cementerios, sino además modificar su operatoria. Ahora los cuerpos deben tener bolsa protectora con una etiqueta que identifique el virus contraído, explican desde la Dirección General de Cementerios de la Ciudad. Y, si se opta por nicho o bóveda, los restos deben quedar aislados de los de personas que hayan tenido otra causa de muerte.

La bolsa con el cuerpo, la camilla y los elementos personales del fallecido deben ser pulverizados con un desinfectante de uso hospitalario o con una solución de hipoclorito de sodio. Sólo un familiar puede entrar a la sala de aislamiento en el hospital. Y, en el cementerio, los familiares deben registrar su nombre y controlar la aparición de síntomas durante 14 días. En ningún caso pueden mantener contacto físico con el cadáver.

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Además, en el cementerio el uso de barbijo y guantes de látex es obligatorio: tanto para los familiares del muerto como para el personal administrativo y del crematorio. Estos últimos deben usar además, según el caso, calzado de seguridad, bata quirúrgica y gafas. También se instruyó al personal “limitar al máximo la manipulación del cadáver dada la alta transmisibilidad e infectividad del virus”. Al hacer la inhumación, el coche fúnebre debe entrar a un sector designado y sólo una persona puede acompañar al muerto, respetando una distancia preventiva.

Desde el Gobierno porteño indican que el protocolo de manejo de los cuerpos sospechosos o positivos por Covid-19 es el que se aplica a la misma categoría de enfermedades como el SARS, cólera y hepatitis, entre otras. Con todo, es un tema en el que todavía se sigue trabajando activamente, ya que en ese terreno aún se está muy lejos de tener la última palabra.

De hecho, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) recopiló más de 60 protocolos de manejo de restos de muertos por el virus. La ONG, que desde 1984 se dedica a la búsqueda, recuperación, identificación y restitución de personas desaparecidas, habilitó en su sitio Web una biblioteca online con los publicados por organizaciones internacionales como el Comité para la Cruz Roja Internacional o Naciones Unidas. También figuran los desarrollados por gobiernos de países como Argentina, México, Estados Unidos, Reino Unido, España e Italia, y los de distintas instituciones de esas mismas naciones. Para el organismo, la clave es analizar el problema en toda su complejidad, para generar protocolos que atraviesen todas las instancias de trabajo y gobierno.

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Asesoramos a las autoridades del Cementerio de la Chacarita y hablamos sobre buenas prácticas en la gestión y el tratamiento de los cadáveres con Covid-19 con funcionarios del Ministerio de Salud porteño, con legisladores y con el defensor del Pueblo de la Ciudad, Alejandro Amor”, cuenta a Clarín Luis Fondebrider, presidente y fundador del EAAF. Y concluye: “El problema es complejo, por lo que es clave alcanzar consensos entre todas las partes involucradas: ministerios, hospitales, clínicas, funerarias, sepultureros, cementerios, médicos forenses”.

El Cementerio de la Chacarita nació en el marco de otra epidemia: la de fiebre amarilla, que en 1871 dejó más de 14.000 muertos en la Ciudad. Dado que los cementerios existentes no daban abasto, se destinaron cinco hectáreas de tierra para los muertos por la enfermedad en un lugar conocido como Cementerio Viejo, hoy Parque Los Andes. Ese espacio se llenó rápidamente y terminó clausurado. Recién en 1887 comenzarían los entierros en el emplazamiento actual, incluidos los de los cadáveres del Cementerio Viejo, que fueron exhumados y llevados al osario del nuevo. NR

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