Buenos Aires, 22/01/2018, edición Nº 1895
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La generación del yoga: cada vez más chicos y jóvenes lo practican

Salud y espiritualidad.

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(CABA) Vas al médico con una gastritis que te mantiene el estómago anudado y cuando estás esperando que te indique una dieta estricta, te dice: ¿pensaste en hacer yoga? Vas al traumatólogo con una contractura mortal y cuando estás esperando que te rete por las mil horas que pasás frente a la computadora, te dice: ¿pensaste en hacer yoga? Vas al psicólogo después de un ataque de pánico y cuando estás esperando que te recete un ansiolítico potente, te dice: ¿pensaste en hacer yoga? Es que esa actividad que hace dos décadas era sólo “cosa de viejos” hoy se popularizó, la recomiendan incluso los médicos y conquistó a jóvenes y niños.

Hace dos décadas, la mayoría de los alumnos tenía más de 40, 50 años, y hacía yoga tradicional, una forma suave, relajante y terapéutica. Hoy, con el ingreso masivo de los jóvenes cambió la forma de hacer yoga, con estilos mucho más dinámicos y acrobáticos”, describe José Maureira, profesor de yoga desde hace 34 años y director de Yoga Kai Argentina. Se refiere a formas más dinámicas, como el Ashtanga y el Yoga flow y variaciones combinadas con fitness, como el Power yoga.

¿Pero qué hace que alguien de veintipico, varón o mujer, decida empezar yoga? “Quienes llegan dicen que se sienten estresados, contracturados, llenos de tensiones físicas y emocionales: sienten fastidio, mal humor, ataques de pánico, ansiedad, enojo, viven preocupados, piensan demasiado”, agrega. “Por eso ahora los mandan sus médicos –suma Claudia Ledo, profesora de Hatha Yoga y Directora del Programa de inclusión de yoga en las escuelas públicas porteñas–. Antes, psicólogos, psiquiatras, cardiólogos, traumatólogos mostraban mucha resistencia. Hoy, en cambio, empezaron a sugerirle a sus pacientes que combinen la terapia médica convencional con terapias como ésta”.

Ir a dos clases y pretender convertirse en “yogui” es como querer ir dos veces al gimnasio y tener los abdominales como tabla de lavar. Pero con la práctica lo logran: “Los jóvenes tienen muchos estímulos externos que hacen que se vayan afuera de ellos mismos. El yoga les permite integrar el cuerpo a través de distintas posturas, incorporar la respiración para poder relajar el cuerpo físico y mental y usar la meditación para enfocarse en el aquí y ahora, para transformar su energía en creatividad”, asegura Ledo.

Que los adultos jóvenes hagan yoga y lo apliquen en sus vidas cotidianas supone un efecto derrame: “El año próximo vamos a empezar dar yoga a los alumnos pero también a los maestros. Ellos vienen con una carga emocional muy fuerte y tienen que estar en eje, contenidos, para educar y frenar la violencia”, sigue.

Buenos Aires es el foco más grande de yoga de Latinoamérica, “y eso responde a la forma en la que estamos viviendo en las grandes ciudades. Quienes vienen están tras una búsqueda espiritual fuera de los sistemas religiosos, es decir, quieren encontrar dentro suyo un núcleo de calma, paz y sabiduría –dice Maureira–. Con el yoga el foco está puesto en aprender a gestionarte internamente: cómo lidiar con tus emociones, cómo dejar pasar tus pensamientos negativos en vez de combatirlos, cómo calmarte, cómo no hacerte mala sangre”.

Lo maravilloso –conluye Adrián Altman, profesor de matemáticas y de yoga– es cuando uno va descubriendo que esa energía viene de adentro. No te la dio el profesor ni la clase ni la sociedad. Está dentro tuyo y ese descubrimiento genera seguridad, te da poder”.

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