Buenos Aires, 21/01/2018, edición Nº 1894
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Exceso de mala alimentación en comedores escolares

Muchas calorías, pocas frutas.

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(CABA) El telón de fondo es una epidemia rampante de sobrepeso y obesidad que afecta a alrededor de 40% de los chicos argentinos, sumada a déficits de micronutrientes como el calcio, el hierro y las vitaminas A y C. En ese contexto, el comedor escolar podría ser un servicio estratégico para complementar la alimentación infantil e infundir buenos hábitos de nutrición.

Sin embargo, una investigación del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea) y las cátedras de Política Alimentaria y Evaluación Nutricional de la Escuela de Nutrición de la UBA, firmada por Sergio Britos, Agustina Saraví y Nuria Chichizola, indica que, en lugar de enriquecer, la alimentación refuerza la monotonía alimentaria y aumenta el consumo de calorías “vacías”, con una sobrecarga de azúcares agregados.

Los almuerzos abundan en harinas muy refinadas, el 60% de las hortalizas que ofrecen son tomate enlatado y hay un déficit de fruta y leche“, dijo Britos, director del Cepea. Los investigadores también constataron que casi la mitad de las calorías de baja calidad nutricional y de los azúcares agregados de la dieta infantil provienen de la escuela.

Los menúes registrados por 23 encuestadores revelan que las principales fuentes alimentarias de la comida que se sirve en la escuela “se concentran en diez categorías: pan, carnes, productos «indulgentes», galletitas, pastas y arroz, bebidas e infusiones azucaradas, harinas y papa, aceites, azúcares, dulces y leche aportan, en ese orden, el 85% de la ingesta energética total“, escriben los autores. Los mismos alimentos aportan el 92% de las calorías de desayunos y almuerzos.

En el estudio, “sólo un 20% de los escolares comió en la escuela más de 100 gramos de frutas (una unidad chica) y un 8%, hortalizas -detalla Britos-. La mitad de las calorías que ingieren se originan en derivados de harinas refinadas y hortalizas feculentas“.

El primero de los trabajos que arrojan estos resultados se realizó en el municipio de Tigre entre abril y junio de 2011. El segundo, que recolectó la información entre junio y octubre del año pasado, fue un estudio multicéntrico en las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Gualeguaychú (Entre Ríos), Córdoba y Salta. La muestra incluyó 61 escuelas y 1108 escolares de quinto y sexto grado. Aunque no tiene alcance estadístico como para extrapolarlos a todo el país, ofrece pistas que merecen ser tenidas en cuenta; especialmente porque, a pesar de la diversidad de sistemas y gestión de los servicios en cada una de las provincias (ver aparte), otros estudios describen realidades similares.

Según un informe reciente del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), 11.500 escuelas públicas ofrecen desayuno, almuerzo y merienda (o alguna combinación de estas prestaciones) a 4,5 millones de chicos. El trabajo llega a la conclusión de que no siempre se cumplen las condiciones para garantizar comidas de calidad.

Lo que más nos llamó la atención es la cantidad de azúcar de los desayunos -dice Britos-. Es por lejos el nutriente que más se encuentra en exceso en la dieta argentina y también en la de los escolares. Es mucho más problemático el exceso de azúcar que el de grasa. Además, hay déficits notorios de leche. Nosotros encontramos que el 40% de los chicos va a la escuela sin desayunar, y de los que sí lo hacen en su casa el 60% no toma leche. El 99% de los desayunos es inadecuado por su alto aporte en azúcares y la mitad de las calorías que ofrecen son dispensables.

Otra sorpresa fue que un 26% de los chicos que comen en la escuela vuelven a hacerlo en su casa. “Es común escuchar que si no fuera por la escuela los chicos de hogares vulnerables no comerían, y la verdad es que no es así -aclara Britos-. En nuestro estudio, el porcentaje de chicos que comen las raciones más significativas fuera del hogar es mínimo, no supera el 4 o 5%. Es decir, la ingesta significativa se da en la casa y no en la escuela.

Fuente: La Nación

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