Buenos Aires, 22/07/2018, edición Nº 2076
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Conocé el Mercado de las Pulgas de Buenos Aires

Un clásico.

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El Mercado de es el lugar perfecto para encontrar antigüedades, curiosidades objetos, colecciones y obras de arte de todo tipo.

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(CABA) Además de una feria de compras de antigüedades, el Mercado de Pulgas de Buenos Aires invita para quienes quieran recorrer la historia de la vida cotidiana en la ciudad de Buenos Aires, a través de objetos, obras arte y de colección, vajilla, cristalería y arañas antiguas, electrodomésticos, muebles o maquinas de época.

El predio, que abre de martes a domingo de 10 a 19 horas, es un gran galpón ubicado en la intersección de la avenida Álvarez Thomas con Dorrego, en el límite entre los barrios de Colegiales, Palermo y Chacarita. Allí se puede encontrar una gran variedad de objetos únicos por su historia y originalidad, en los más de 100 locales cedidos a los feriantes por el Gobierno de la Ciudad.

En los últimos años, el predio fue remodelado y ampliado para garantizar que el Mercado se convierta en un verdadero paseo que los vecinos, visitantes y turistas puedan disfrutar con seguridad y comodidad. Además, la Dirección General de Ferias y Mercados, que depende del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño, fiscaliza -a través de sus inspectores- que los feriantes cuenten con las autorizaciones necesarias.

El Mercado de Pulgas abrió sus puertas en 1988 y funcionó durante 18 años consecutivos hasta diciembre de 2005, fecha en que debió mudarse a un predio cercano por fallas de seguridad. En 2001 fue reinaugurado en su emplazamiento original. La estructura y los puestos fueron totalmente renovados, se instalaron luces nuevas y se construyeron mejores accesos y dársenas para estacionamiento.

A fines del siglo XVIII, muchas personas recogían durante las noches los cachivaches y ropa que las familias de mayor poder adquisitivo desechaban porque ya no las necesitaban. Todo lo recolectado se vendía en un mercado, en puestos pequeños y, al no ser una época donde la higiene era primordial, no era de extrañar que los objetos llegaran con pulgas a la casa del comprador. Otra versión, también de esa época, dice que un hombre se asomó “desde arriba” a un bazar parisino donde se vendían objetos usados y antiguos y, mientras observaba el incesante movimiento de los vendedores y compradores dijo “esto parece un mercado de pulgas”.

También hay otras historias, como que el nombre proviene de lo pequeño que eran los puestos en estos tipos de mercados y que, además, los objetos usados que se vendían solían tener pulgas porque no se limpiaban antes de venderlos, sino que se exponían como los habían encontrado.

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