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En una ciudad donde los carteles de «Alquila» o «Vende» se volvieron una postal repetida en los últimos años, un grupo de emprendedores decidió plantarle cara a la crisis. Así nació la Red de Comercios Familiares Históricos de La Plata, una iniciativa impulsada para proteger, visibilizar y sostener a los negocios con más de 65 años de trayectoria que forjaron la identidad cotidiana de los platenses.
Frente a la caída del consumo, el aumento brutal de los costos y los cambios en las dinámicas de venta, estos locales buscan generar acciones conjuntas con la Municipalidad. El objetivo es claro: impulsar políticas públicas que los reconozcan como patrimonio cultural vivo y evitar que bajen sus persianas para siempre.
Entre los comercios históricos de La Plata que ya se sumaron a la red destacan nombres grabados en la memoria de los vecinos: La Pirucha (3 y 65), La Bastilla (15 y 40), Sedería La Plata (8 y 54), Carnicería Santa Lucía (8 y 55), Carteles Bianchi (Plaza Alsina), Casa Scholl, Ferretería La Campana, Relojería Testa y La Central.
Si hablamos de comercios históricos de La Plata, es imposible no mencionar a La Normal Libros. Fundada en 1892 (apenas diez años después de la creación de la ciudad) por el inmigrante español Martín García Navarro, el local comenzó en la calle 8 entre 57 y 58. Su nombre se debió a la cercanía con la Escuela Normal Popular.
Tras varias mudanzas, en 1993 inauguraron su moderno edificio en calle 7 Nº 1125, siendo pioneros en exhibir los libros de frente y no de lomo. Hoy, administrada por la cuarta generación de la familia García, la librería sigue apostando a la innovación con talleres gratuitos para niños. «Si alquilara el local tendría ganancia segura, pero es impensado. Mientras podamos, la vamos a seguir sosteniendo», confiesan.
Desde su histórico rincón en 11 y 68, Casa Peroni vistió a generaciones enteras de estudiantes platenses. El negocio nació cuando Pedro Alberto Peroni, un sastre de oficio, comenzó a confeccionar capas y boinas escolares. Él mismo armaba las molderías de madrugada mientras su esposa, Carmen Fiscarelli, atendía al público.
En 1996, la segunda generación al mando de Alberto Peroni modernizó el rubro, reemplazando la rigidez histórica por chombas y equipos deportivos. Además, durante la pandemia, el local fue sede de una cruzada solidaria que reunió a más de 100 modistas para fabricar barbijos para hospitales. Hoy, preparan un nuevo espacio para exhibir las tijeras y la máquina de coser originales del fundador.
Ubicada en 64 entre 1 y 2, El Mortero fue fundada hace más de 65 años por Alfredo Miró. Hoy, la tercera generación de la familia sigue al frente de la cuadra de producción, manteniendo vivo el fuego de un horno de mampostería que cocinó el pan de miles de familias del barrio.
Hace poco, la historia sumó un guiño mágico: el nacimiento de la cuarta generación. La nueva integrante de la familia nació el 8 de febrero, el mismo día que su bisabuelo fundador, 95 años antes. «Cuando vimos esa coincidencia, sentimos algo muy fuerte. Fue como si la historia nos recordara que hay que seguir», cuenta emocionado Pablo Miró.
Ese es, en definitiva, el espíritu que impulsa a todos los comercios históricos de La Plata: seguir apostando al trabajo artesanal y al trato cercano, recordando que detrás de cada mostrador hay una familia y un pedazo irremplazable de la historia de la ciudad.