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A pocos kilómetros del ritmo vertiginoso del centro porteño, existe un rincón donde la literatura argentina parece respirar en voz baja. En Adrogué, partido de Almirante Brown, se encuentra la Casa Borges, el antiguo refugio familiar de Jorge Luis Borges que hoy funciona como museo. Es una escapada cultural imperdible que invita a recorrer los años formativos del autor de Ficciones entre murales, fotos y recuerdos íntimos.
Adrogué fue mucho más que un destino ocasional para los Borges. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la familia solía pasar largas temporadas allí buscando aire puro y calma. En este entorno, Jorge Luis Borges encontró un espacio de formación fundamental donde comenzaron a gestarse sus grandes obsesiones: los laberintos, los espejos y el tiempo.
«En cualquier lugar del mundo en que me encuentre, cuando siento el olor de los eucaliptos, estoy en Adrogué», supo evocar el escritor. Con el paso de los años, el valor patrimonial del lugar creció y, gracias al interés de la comunidad, la casa fue recuperada para preservar su memoria. Hoy, es un punto de referencia para entender al autor más allá de sus libros, convirtiendo su universo intelectual en un espacio físico y caminable.
Visitar este espacio es entrar en una experiencia sensorial y cercana. A diferencia de museos más solemnes, aquí el recorrido permite conectar con la vida cotidiana del escritor a través de:
Llegar a este refugio cultural es sumamente sencillo y no requiere de auto.
Desde el barrio de Flores, el trayecto es muy directo: se puede tomar la Línea A de Subte hasta Avenida de Mayo y combinar con la Línea C hasta la terminal de Plaza Constitución. Una vez allí, se aborda el Tren de la Línea Roca (ramal Glew o Alejandro Korn) con destino a la estación Adrogué.
El viaje en tren dura aproximadamente 40 minutos. Al bajar en la estación, el museo se encuentra a solo un par de cuadras, en una zona arbolada que aún conserva el encanto y la parsimonia de principios del siglo XX.