Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

Los Wachigay: la nueva tribu urbana de Recoleta

Les gusta la cumbia, tienen un look similar al de los cantantes de Los Wachiturros, pero son discriminados por su elección sexual. Su lugar de reunión es la disco de cumbia-gay Cerrito Mix, sobre Cerrito, a metros de Avenida Santa Fe. (CABA) La mayoría son jóvenes trabajadores del Conurbano bonaerense que no encuentran lugar donde disfrutar libremente y viven siendo discriminados por su elección sexual. Cómo vienen desde lejos suelen...

Les gusta la cumbia, tienen un look similar al de los cantantes de Los Wachiturros, pero son discriminados por su elección sexual. Su lugar de reunión es la disco de cumbia-gay Cerrito Mix, sobre Cerrito, a metros de Avenida Santa Fe.

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(CABA) La mayoría son jóvenes trabajadores del Conurbano bonaerense que no encuentran lugar donde disfrutar libremente y viven siendo discriminados por su elección sexual. Cómo vienen desde lejos suelen salir temprano y llegar de que abran las puertas, a la 1. Ni bien llegan se suman a los que esperan en el boulevard de la 9 de julio. A las 12 ya hay diez, veinte o treinta chicos haciendo la previa ahí: besos, cerveza, fernet, vino en caja y alguna lata de speed. Todo se comparte. También el porro, que es la única droga que reconocen. Cerrito Mix (Cerrito 1062) se ha transformado en su catedral y espacio clave de reunión.

Mary (40) y Karina (41), las dueñas de Cerrito, tienen siete años como pareja y casi lo mismo como socias en el rubro disco. Éste fue su debut en la bailanta. En 2010, descubrieron el nicho por casualidad cuando un amigo gay les pidió el local para hacer una fiesta por su cumpleaños. Esa noche, La Mary bar tuvo cumbia por primera vez.

Todos los viernes, de 1 a 3, en el boliche abre un stand de piercings, otro de tatuajes y un rincón de peluquería. Hay aros desde $ 5, los tatuajes arrancan en $ 50, el corte es gratis. Los piercings van en la lengua, el ombligo, las cejas y la boca. También se los ponen en la nuca, el entrecejo, los pómulos y hasta en el frenillo. Blancos, amarillos, rosas flúo y negros. Con los tatuajes hay más cuidado. El impulso de la noche mezclado con el alcohol dejan rastros indelebles. Alianzas, nombres y frases dedicadas que a la mañana siguiente no se pueden explicar. La tatuadora, una lesbiana masculinizada, dice que más veces de las que uno podría pensar suele haber arrepentidos.

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