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La presencia de grafittis en superficies de todo tipo, ubicadas a lo largo y ancho de todos los barrios de la Ciudad es una fotografía dificil de eludir. Los históricos vagones de la línea A del Subte, que por decisión del Gobierno porteño dejan de circular por la línea A del Subte, no son la excepción.
Los pintorescos coches, diseñados, decorados e iluminados con un exquisito gusto, fueron también objeto del «arte» callejero, tan presente en el paisaje urbano porteño.
Con la reciente desición del Gobierno porteño de destinar estos coches históricos a la creación de bibliotecas públicas en espacios verdes porteños, seguramente las formaciones fabricadas en la ciudad de Brujas, en Bélgica, que safaron de la mano de los pintores del aerosol, estarán a más fácil alcance para que escriban sus «consignas» ininteligibles también sobre ellos.