Buenos Aires, 19/08/2017, edición Nº 2078

Alberto Laiseca: “estoy aislado acá en el culo del mundo”

Con 72 años Laiseca es uno de los autores más importantes de la literatura argentina. Pese a la reedición de sus obras, aún no se siente reconocido ya que su obra no se ha traducido a otros idiomas como el inglés. (CABA) El jardín de las máquinas parlantes, Los Soria, La hija de Keops y La mujer en la muralla son solo unos pocos de los tantos libros que Alberto...

Con 72 años Laiseca es uno de los autores más importantes de la literatura argentina. Pese a la reedición de sus obras, aún no se siente reconocido ya que su obra no se ha traducido a otros idiomas como el inglés.

Alberto Laiseca

(CABA) El jardín de las máquinas parlantes, Los Soria, La hija de Keops y La mujer en la muralla son solo unos pocos de los tantos libros que Alberto Laiseca ha escrito. Maestro de la ficción y el delirio, con basto conocimiento esotérico, histórico y científico, Lai es un ejemplar único y, quizá por eso, difícil de entender para muchos. Hace tiempo una nueva generación de escritores jóvenes, como Selva Almada y Sebastián Pandolfelli, se ha reunido en torno a su figura, pero ese reconocimiento no es suficiente para él.

–Hace años que se vienen reeditando textos suyos, ¿cómo ve la repercusión de su obra?

– Mirá: la repercusión de mi obra siempre ha sido menor de lo que se merece. No he sido traducido al inglés, estoy aislado acá en el culo del mundo. Y que me perdone la Argentina, porque a la Argentina le debo todo lo que soy, pero efectivamente, más allá de lo que uno pueda querer al país, éste es el culo del mundo. Y te castigan. Estás muy castigado por ser argentino.

–¿De qué forma?

–El aislamiento. No te dan bola. ¿No te digo? No me tradujeron al inglés. Mi vida, por ejemplo, más allá del incidente Falkland/Malvinas, hubiese sido muy distinta si me hubiera criado en Londres, digamos. Ahí te leen y te saben valorar. Acá sos un escritorcito. “Sí, es bueno, Laiseca”, dicen. Gracias por el piropo pero no me sirve. Uno quiere que la obra de uno trascienda y acá es muy difícil que eso suceda.

–¿Qué se imagina que hubiese pasado si se hubiera criado en el Reino Unido?

–Le hubieran dado muchísima más bola a mi obra. Hubiese sido traducido al castellano, al italiano, al alemán.

–¿Siente que el reconocimiento es tardío?

–Hasta ahora, querido amigo, no he tenido ningún reconocimiento de acuerdo a mi interpretación de las cosas.

–¿Considera que todavía sigue siendo un escritor de culto o un escritor de escritores?

–Que te quieran siempre es una cosa que te hace bien y te potencia. Hay mucha gente que me quiere. Sobre todo gente joven. Pero las cosas que faltan siguen faltando.

–¿Cómo vivió el trabajo, de presentador y actor, que realizó por fuera de la literatura?

–Sí, eso es muy bueno. Pero sí tiene que ver con lo literario. La pasé muy bien. Me trajo beneficios que no esperaba y perjuicios que no esperaba, por boludo. Te explico: destacate en cualquier cosa que quieras, pero destacate en serio. ¿Sabés lo que te va pasar? Tras un corto tiempo, dos o tres años, como me pasó a mí, vas a estar bien, hasta mujeres vas a tener: ni siquiera las vas a tener que ir a buscar porque viene solas. Después no. Los envidiosos te van a serruchar el piso. Yo estuve tres años en Isat contando cuentos hasta que la envidia me serruchó el piso.

–Ahora se reedita “Los Sorias”. ¿En algún momento hace una revisión de su obra en su totalidad?

–Sí, la miro. Yo amo mucho a mi obra. Es complementaria. Yo no he escrito un solo libro que no tenga que ver con los demás. Todos están unidos y colaborando.

–¿Cuáles son los temas sobre los cuáles vuelve de forma obsesiva?

–El poder, antes que nada. ¿Qué hacer con el poder? Hay que conseguirlo, es bueno tener poder. Sí, pero qué hacemos ahora que lo tenemos. Ese es el tema de Los Sorias, por ejemplo.

–También están las mujeres. Que tienen una presencia sexual y un ejercicio del poder muy fuerte, ¿no?

–Y, sí, por supuesto.

–¿Es un tipo de mujer que a usted le interesa en la vida real o sólo en la ficción?

–No en la vida real. Pero te voy a explicar una cosa: no me interesan que las mujeres tengan poder sobre mí ni sobre nadie. Ni yo tener poder sobre otros. Lo que me gusta es compartir. En la fantasía sí me gustan esclavas, quiero esclavas, muchas, víctimas. Pero en realidad es mentira. Son fantasías, es parte de mi obra literaria. En realidad no quiero tener ninguna esclava. Porque siempre me interesó el amor. Y el amor ya sabe, querido amigo, es siempre una cosa compartida.

–En sus textos aparece mucho lo esotérico.

–Te aclaro una cosa: yo creo en la magia. No es un tema literario. Es algo de lo cual estoy seguro que existe. La magia no llega vos porque la busques. Yo ni siquiera creía. Te es impuesta.

–¿Siente que el humor en sus obras ha sido minimizado, como de poco valor literario?

–Te voy a decir algo muy jodido: ni el humor ni ninguna cosa en mi obra ha sido justamente valorado. Es así.

–En una entrevista de hace tiempo dijo: “Todos vamos a morir injustamente olvidados”. ¿Sigue pensando lo mismo?

–Sí, por supuesto que sí. Y ahora más que nunca.

–¿Qué cosas le dio a usted la literatura?

–Es una fuente de placer, por un lado. Afirmación por otro. Saber para qué uno está en este mundo también. Porque te confieso algo: yo nací con talento para varias cosas y tuve que elegir. Pude haberme dedicado a la física teórica, a la astrología. De hecho lo hice durante un tiempo y progresé mucho. Pero me dije que lo mío era la literatura y me dejé de hinchar las pelotas.

Fuente consultada: Clarín

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