Buenos Aires, 14/07/2020, edición Nº 2799
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Salud

Las personas con pérdida de olfato o gusto serán consideradas sospechosas de coronavirus

El Ministerio de Salud dio a conocer una nueva actualización de la definición de caso sospechoso. Ya no es necesario que se tenga fiebre.

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(CABA-PBA) Con el objetivo de continuar sensibilizando la detección temprana de casos de coronavirus en función de la situación epidemiológica, las autoridades sanitarias del Ministerio de Salud de la Nación actualizaron anoche la definición de caso sospechoso de COVID-19 y establecieron cuatro criterios para su identificación.

El primer criterio para determinar si una persona es caso sospechoso de COVID-19 incluye a toda persona con dos o más de los siguientes síntomas: fiebre de 37.5 Cº o más, tos, dolor de garganta, dificultad respiratoria, falta de olfato o gusto (anosmia/disgeusia) sin otra enfermedad que explique completamente el cuadro clínico. A estas características, se le debe sumar el hecho de que esa persona haya estado en los últimos 14 días en contacto con casos confirmados de COVID-19; o tenga un antecedente de viaje internacional; o tenga un historial de viaje o residencia en nuestro país en zonas de transmisión local de COVID-19, ya sea comunitaria o por conglomerados.

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También se considerará casos sospechoso de COVID-19 a toda persona que presente dos o más de los síntomas descriptos y resida o trabaje en instituciones cerradas o de internación prolongada, es decir penitenciarias, residencias de adultos mayores, instituciones neuropsiquiátricas, hogares de niñas y niños; o sea personal esencial -Fuerzas de seguridad y Fuerzas Armadas, y personas que brinden asistencia a personas mayores-; y también a personas que residan en barrios populares o pueblos originarios.

El segundo criterio para sospecha de COVID-19 incluye a toda persona que presente dos o más de los síntomas descriptos y requiera internación, independientemente del nexo epidemiológico.

El tercer criterio indica que debe considerarse caso sospechoso a toda persona que sea contacto estrecho de caso confirmado de COVID-19 y presente uno o más de estos síntomas: fiebre (37.5°C o más), tos, odinofagia, dificultad respiratoria, anosmia/disgeusia de reciente aparición.

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Finalmente, el cuarto criterio señala que debe sospecharse de COVID-19 en todo paciente que presente anosmia/disgeusia, de reciente aparición y sin otra etiología definida y sin otros signos o síntomas. En estos casos, ante la aparición de este único síntoma, se indicará aislamiento durante 72 horas, indicando toma de muestra para diagnóstico por PCR, al tercer día de iniciado síntomas.

Consultada por Infobae, la médica otorrinolaringóloga Stella M. Cuevas (MN 81701) explicó que “la anosmia es la falta de olfato. Y dado que se demostró que en el COVID-19 la falta de olfato aparece de manera abrupta, entonces es importante enfatizar en la pesquisa de este síntoma”. “El olfato, además, da el 80% del sabor, por lo que el paciente puede referir también que tiene alterada la percepción del sabor de las comidas o las bebidas”, agregó la especialista en olfato y alergista.

Según explicó la ex presidente de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA), “lo que ocurre en la anosmia es que se altera el receptor que está en la célula olfatoria, que también se llama célula bipolar o nerviosa, y es la única neurona que está fuera del cerebro”.

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En el gusto lo que se altera son las células que forman las papilas gustativas, que también tienen receptores, por lo que al entrar el alimento a la boca (que puede ser dulce, salado, ácido o amargo) no se realiza correctamente el envío de la información acerca del sabor al cerebro -detalló la especialista-. Este envío se hace a través de nervios (el vago, glosofaríngeo, maxilar inferior y facial) y dado que ese receptor de las papilas gustativas está dañado por el coronavirus, la información del sabor no llega al cerebro y la persona no logra distinguir si lo que ingirió es dulce, salado, ácido o amargo”.

En síntesis, lo se altera es el receptor de las células olfatorias y de esa manera no se “lleva” el estímulo -que son las partículas odoríferas- para que el cerebro pueda interpretar los olores. “Y de esta manera se altera también el sabor, que da lugar a la disgeusia, que es la falta de gusto, que se manifiesta porque se alteran los receptores que están en las papilas gustativas encargados de detectar el dulce, salado, ácido y amargo -continuó-. Estos receptores están distribuidos en distintas partes de la lengua: el dulce está en la punta, el salado en los costados laterales anteriores, el ácido en los laterales posteriores y el amargo atrás. En el centro de la lengua se capta el umami, o también llamado el quinto sabor”.

Cabe aclarar que la gran mayoría de los pacientes recuperan después estos sentidos, aunque algunos de ellos deberán seguir luego un tratamiento con especialistas en olfato, que consiste en una rehabilitación y la indicación de una medicación neuroprotectora”, concluyó. NR

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