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La medida que impuso el ministro de Ambiente porteño Diego Santilli para transferir dinero de los vecinos a los supermercadistas a través del cobro de las bolsas de polietileno, que no son ecológicas, es -desde su propia lógica- un éxito rotundo. El funcionario había anunciado que estos comercios no las cobrarían.
Escribe Agustina Vittori
(Ciudad de Buenos Aires) Si bien el ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires, Diego Santilli, felicitó meses atrás a la Cámara de supermercados chinos por una decisión que no parece haber sido acatada por los comercios del sector, y alardeó que su gestión “demuestra que no hay necesidad de ser Moreno y que la libre competencia funciona en la Ciudad”, parabuenosaires.com comprobó en 15 autoservicios chinos, ubicados en tres barrios porteños, que las bolsas con el logo macrista se cobran entre 25 y 30 centavos.
Por otra parte, la calidad de los envases -no biodegradables- que entregan estos comercios deja mucho que desear, ya que no son más resistentes ni tienen un tamaño acorde al precio que los cobran, y al menos en tres locales relevados solo contaban con bolsas (más transparentes que) verdes, y ninguna negra.
Difícilmente se conscientice así sobre la necesidad de diferenciar y separar residuos, aunque esto de cobrar por bolsas resultó ser un negocio redondo para unos pocos contra el bolsillo de muchos, orquestado y servido en bandeja por quien debería proteger el medioambiente y los intereses de la clase media y los sectores más debiles.