Buenos Aires, 12/08/2020, edición Nº 2828
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Política

Facundo Carrillo: “Dar de alta un hotel nos permite cortar la cadena de contagios”

En 112 días la Ciudad transformó 50 hoteles para pacientes con Covid-19. La estrategia permite asegurar la atención médica de pacientes asintomáticos y descomprimir el sistema de salud.

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(CABA) Son las cuatro de la tarde de un jueves en la Ciudad de Buenos Aires. A solo media cuadra de Corrientes y Montevideo, en pleno centro, un equipo del gobierno porteño trabaja con ritmo sincronizado. La transformación del hotel Milán en un nuevo establecimiento extrahospitalario para pacientes Covid-19 leves no puede demorar más de 72 horas, las instalaciones ya pasaron la revisión técnica del equipo de bioseguridad, se definieron las zonas exclusivas Covid y las áreas por donde transitará el resto del personal.

Mientras el equipo de médicos y enfermeros realiza el inventario de los insumos, el personal de limpieza y desinfección se está cambiando en su sector. Ya se capacitaron todas las personas que estarán a cargo de distribuir alimentos, también los del sector administrativo que dan el alta a los pacientes por sistema y el personal de mantenimiento. El jefe de hotel ya realizó una recorrida exhaustiva. En breve, comenzarán a llegar los nuevos pacientes, la adrenalina recorre el cuerpo de todos los presentes.

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Cada hotel que sumamos son más camas disponibles en los hospitales. Y esto es fruto del esfuerzo que vienen haciendo todos los vecinos cumpliendo con la cuarentena y con las medidas que les vamos proponiendo: cada día que ganamos en esta pandemia sirvió para estar mejor preparados”, señala Felipe Miguel, Jefe de Gabinete de Ministros porteño. “La situación de dar de alta un hotel es plenamente satisfactoria para todo el equipo porque nos permite ofrecer alojamiento a quienes más lo necesitan, y a la vez cortar la cadena de contagios”, afirma Facundo Carrillo, secretario de Atención Ciudadana. Y explica: “Junto al Ministerio de Salud estamos llevando esta tarea, los pacientes reciben atención médica y psicológica, cuatro comidas al día y la contención necesaria para transitar de la mejor manera los días en el hotel”.

La transformación del hotel en un centro extrahospitalario para pacientes con Covid-19 es un proceso que comienza entre 48 y 72 horas antes de que llegue el primer paciente. Requiere un trabajo coordinado entre las áreas de turismo, operaciones, logística, mantenimiento, bioseguridad y el equipo médico, entre otros.

La primera tarea es la selección de los hoteles, realizada en conjunto por el ente de turismo y el ministerio de Salud de la Ciudad. “El apoyo de los hoteles a nuestra estrategia de aislamiento de repatriados y pacientes con cuadros leves viene siendo fundamental para evitar una mayor propagación del virus. Esto demuestra un compromiso muy grande por parte del sector para afrontar la emergencia sanitaria”, cuenta Camila Suárez, Directora Ejecutiva del Ente de Turismo de la Ciudad.

“Realizamos una clasificación de los hoteles de acuerdo a la infraestructura que presentan, buscamos que la planta física garantice tener los valores necesarios de bioseguridad para manejarnos con pacientes”, explica Daniel Jayat, quien junto a otros profesionales del ministerio de Salud intervienen en la selección y adaptación de los establecimientos.

“Cuando llegamos a un hotel lo primero que hacemos es la delimitación de las zonas y el cerramiento del área de ingreso al establecimiento, de acuerdo con el protocolo, para asegurar que se cumpla el distanciamiento correspondiente entre el personal y los pacientes”, relata Rocío Marochi, politóloga de 36 años que desde el 20 de marzo integra el equipo operativo de puesta en marcha de los hoteles.

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El equipo de bioseguridad define cuales son los espacios en los que cada una de las personas va a realizar sus tareas. Por ejemplo, establece las zonas que van a usar los médicos para ponerse la ropa e implementos de seguridad (el barbijo, la cofia, el camisolin, etc.) y donde deben desecharlos de manera segura luego; y las áreas destinadas para el personal de catering y limpieza. También delimita el lugar por donde ingresan los pacientes al hotel y se dirigen a sus habitaciones.

En la recepción del hotel, será necesario colocar un nylon o una mampara que servirá para separar el espacio donde se recibirá a los pacientes de forma segura. Los médicos y el personal del hotel permanecerán detrás de este separador. Allí los pacientes, una vez habilitado el hotel ingresan, se identifican, completan su ficha de admisión y suben a su habitación. El recorrido se repetirá en el momento del egreso.

“Mientras trabajan los profesionales de bioseguridad, ingresa el equipo de voluntarios encargados de gerenciar el hotel. Se los capacita en relación a los protocolos y al uso del sistema informático de ingresos y egresos de pacientes. Y se empiezan a preparar las habitaciones para recibir a los vecinos con Covid”, cuenta Rocío.

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En el hotel todo transcurre de manera ágil, hay cierto vértigo en el ambiente, van llegando camiones con los distintos elementos: limpieza, catering, insumos sanitarios. Cada sector es ocupado por un responsable que hace el recuento de lo disponible. Comienza la preparación de las habitaciones y de todas las instalaciones.

De las habitaciones se retira todo lo que no es necesario: cortinas, muebles, cuadros o adornos. Al mismo tiempo se incorporan elementos que los hoteles convencionales no tienen como tachos especiales para los desechos patogénicos con bolsas de color rojo. Allí se eliminan de manera segura todos los implementos de seguridad y residuos que generan los pacientes. Se coloca un tacho en cada uno de los pisos para poder asegurar que esos desechos no circulen por todo el hotel.

Johann Belisario Acevedo, del área operativa, explica que los voluntarios hacen todo lo necesario para lograr que el hotel esté disponible lo antes posible sin distinción de tareas. “Habían comenzado los operativos en los barrios de la Ciudad y a los hoteles llegaban grupos familiares enteros. En uno de los hoteles había camas en un depósito y si poníamos más camas en las habitaciones podíamos alojar, por ejemplo, a una madre con sus hijos menores de edad. Entonces nos tocó, básicamente, subir las camas y los colchones a cada una de las habitaciones”, narra el abogado de 30 años.

En un ex comedor, devenido en los tiempos de la pandemia en depósito, había 80 camas individuales con sus colchones. Johann y tres compañeros se pusieron entonces a cargar las camas y los colchones en un ascensor para repartirlas en cada una de las habitaciones de los 11 o 12 pisos que tiene el hotel. Se fueron sumando personas de otros equipos y hasta la gerenta del hotel. Gracias a esos refuerzos en 4 horas terminaron. “Ya estábamos en esos días en que los contagios estaban subiendo en la Ciudad y teníamos que terminar lo más pronto posible. Para la noche, ese hotel logró abrir sus puertas con 80 camas más y en el panorama que teníamos era un montón”, cuenta Johann.

En esta etapa, se verifica cada detalle de las habitaciones y el hotel. Desde el funcionamiento de la conexión a Internet, la iluminación, los ascensores, el sistema de aire, la calefacción, el agua fría y caliente, los servicios sanitarios, y la televisión hasta que los controles remotos tengan pilas.

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Una vez que todo está chequeado, se “visten” las habitaciones. Esto significa que se coloca la blanquería correspondiente: el cobertor del colchón, las sábanas, el toallón. También la bolsa para residuos patogénicos y los implementos de higiene básicos. “Parecen cosas mínimas pero son elementales para el funcionamiento de estos establecimientos, la comodidad de los pacientes y la seguridad de nuestros equipos ”, sintetiza Johann.

Johann es el responsable del diseño y la actualización de los protocolos y participa en el dictado de las capacitaciones para los nuevos voluntarios. “La idea al elaborar los protocolos fue tener procesos estandarizados que sirvieran para asegurar el funcionamiento de manera similar en todos los establecimientos. En todos los hoteles se hacen las mismas actividades; pero hay adaptaciones en cada hotel en relación, por ejemplo, a las áreas que se usan para el desecho de los implementos de seguridad y las zonas por donde pasan o donde se reciben a los pacientes en su ingreso al hotel”, explica.

Uno de los elementos que se incorporó por protocolo a todos los hoteles es un banquito en la puerta de cada habitación. A través de este, se realiza cualquier intercambio material entre los huéspedes y los equipos que trabajan en el hotel. Por ejemplo, el equipo de catering deja la comida en su superficie y el de limpieza, el kit de higiene de la habitación. El banco evita de esta forma que se produzca una costumbre tan arraigada como peligrosa en tiempos de pandemia: la interacción física entre los pacientes y los voluntarios.

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Si bien el paciente está aislado físicamente en la habitación, mantiene una comunicación constante tanto con el personal médico, que a través de llamadas periódicas realiza el seguimiento de su cuadro clínico, como con el equipo de voluntarios del hotel, con quienes permanece en contacto para resolver sus necesidades diarias. “Nuestro equipo llama al paciente para saber qué necesita, cómo se siente, o para, por ejemplo, recordarle que cada tres días le cambiamos las sábanas, y el día del cambio avisarle que tiene que dejar las sábanas usadas en el banco de la puerta y agarrar las nuevas”, comenta Pablo Bianco que integra el equipo operativo de apertura de hoteles.

Mientras recibe insumos de todo tipo en la entrada del hotel Milán, Pablo describe las tareas que los equipos hacen contra reloj luego de vestir las habitaciones: “Hacemos un mapeo de todo el hotel: cuántas habitaciones y camas hay, qué elementos tenemos. El objetivo es saber exactamente qué necesitamos y con qué contamos. Le pasamos la información sobre la cantidad de camas y habitaciones disponibles a Guada, nuestra coordinadora del programa de base de datos. Cuando todo eso ya está, llegamos a este momento: viene el médico y hace una recorrida final con el que va a ser el jefe del hotel para chequear que esté todo bien. Cuando terminan, subimos las habitaciones al sistema: ya estamos listos para recibir pacientes. Y ahí empieza la aventura”.

Son las 18.30 y en la puerta del hotel Milán acaba de parar un taxi, se acerca el primer paciente. NR

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