Buenos Aires, 11/08/2020, edición Nº 2827
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Enfermeros de La Matanza crearon una cápsula para transportar pacientes sin riesgo de contagio

El dispositivo impide el contacto y evita que queden partículas de coronavirus en el aire. Hicieron otro para intubaciones respiratorias.

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(PBA) Ser enfermero en medio de la pandemia tiene un valor especial: ellos son los primeros en poner el cuerpo ante cada posible caso de coronavirus. Ezequiel Duré trabaja en un hospital de Ciudad Evita y, junto a sus compañeros, alarmados ante la situación sanitaria, desarrollaron una cápsula para transportar pacientes positivos en el virus y un intubador con el fin de evitar el contagio de los trabajadores de la salud.

Duré vive en Gregorio de Lafererre, tiene 33 años y trabaja como personal de salud desde 2012. A mediados de abril, cuando la curva de casos diarios comenzó a subir, junto a sus compañeros pensó de qué manera podrían ayudar ante el panorama cada vez más crítico. Desarrollaron, entonces, un modelo de cápsula transportadora y de intubación segura.

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Para lograrlo, el grupo de enfermeros tomó un modelo creado en México e hizo uno similar, pero más económico y que cumple con la misma función. El primero que terminaron fue entregado al Hospital Castex, de San Martín.

“Revisamos los protocolos disponibles que enviaba la OMS (Organización Mundial de la Salud), y mucho tenía que ver con los equipos de protección personal. Pero necesitábamos una cápsula de traslado”, cuenta Rubén. Y agrega: “Veíamos también que se contagiaba mucho personal de salud en el momento de la conexión al respirador artificial, de ahí la necesidad de desarrollar también un equipo que permita la protección física”.

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Cuando apareció la idea, el aislamiento se encontraba en una fase temprana y la mayoría de los comercios e industrias estaban cerrados. Incluso más que en julio, luego del nuevo endurecimiento de la cuarentena y el incremento de las restricciones en el área metropolitana.

Igualmente, se organizaron para conseguir los materiales básicos y empezar con el armado del artefacto. “Empezamos a buscar qué elementos teníamos disponibles, lo único que estaba abierto eran los corralones, donde conseguimos el hierro. Y con el paso de los días fueron abriendo los locales de lonas transparentes, utilizamos esos materiales”, explica Ezequiel.

El dispositivo también cuenta con baterías de 12 y 6 Voltios y una micro turbina que permite realizar el intercambio de aire. Según Clarín, en México, la cápsula cuesta alrededor de 2 mil dólares, pero aquí el grupo de enfermeros la confeccionó por $11 mil pesos. Y tienen la intención, al tratarse de un proyecto de tinte personal, de colaborar con cada centro médico que requiera los aparatos.

En relación a la cápsula, que funciona como barrera para preservar la salud tanto del enfermero y el camillero como del paciente, el vecino de Laferrere cuenta: “Lo que hace la cápsula es proteger al personal, tanto por donde se desplaza hasta el lugar donde finalmente queda en aislamiento la persona. Es necesario dar esta protección extra para evitar que se vayan dejando partículas en el aire. Tampoco lo pensamos para comercializar, lo armamos a pulmón y la repercusión que tuvo hizo que nos surgiera la idea ir replicándolo”.

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La confección se realiza en un taller del barrio Atalaya, luego pasa por la instancia de pintura y el armado de la parte electrónica. Fue apodado por sus creadores como “Cápsula Esperanza”, y dicen que el nombre hace referencia a la Fe en una pronta recuperación de los pacientes trasladados.

Ezequiel está casado y tiene hijos, pero no se asusta ante la posibilidad de contagiarse. Dice que el miedo paraliza, aunque piensa aislarse voluntariamente en caso de que la situación se agrave o le toque estar en contacto con pacientes de Covid-19.

Creo que son situaciones en las todo cobra sentido para nuestra profesión. Estudié cinco años y nos preparamos en bioseguridad o para trabajar en situaciones de pandemia y desastres. Sabemos que podemos hacer muchísimo y uno se siente contento de colaborar. Estamos en la parte más oscura del túnel, pero hay esperanza”, concluye. NR

 

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