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Nuestra lengua esta nutrida de ingenio. Así como el origen de la expresión «hacerse la rata», la arrabalera palabra «atorrante» también tiene su historia
(CABA) Se dice que la palabra “atorrante” deriva de unos grandes caños marca A. Torrans, que supuestamente se encontraban en las calles porteñas en la década de 1870, mientras se realizaban importantes obras cloacales y de desagües pluviales, hasta entonces inexistentes. Según esta versión, el ingenio popular llamaba atorrantes a las personas sin techo que dormían dentro de los caños. Sin embargo, los autores que se ocuparon de la vida cotidiana en el siglo XIX no han encontrado registros de esa marca de tuberías. Ricardo Ostuni, por ejemplo, dice que los caños fueron provistos por la firma Chester Hydraulic Enginnering Company, y que los conductos se construían en el lugar con hormigón, trozos de barro cocido en el fondo y los costados revocados con mezcla de cemento. Es decir que no quedaban caños en la calle, y que la marca A. Torrans parece más legendaria que realidad. Ostuni concluye que “atorrante” y “atorrar” (dormir) provendrían del lunfardo, como derivación del verbo torrar (tostar, quemar), por extensión, tullir, paralizar.