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«Ningún DNI, por más práctico que sea, va a lograr desplazarla, siempre la guardaré”, sostuvo la mujer, que no aparecía dispuesta a dejarse atropellar por los cambios.
«Es una reliquia. Tiene el sello de la primera elección en la que las mujeres tuvimos derecho a voto”, decía en referencia a los comicios del 17 de noviembre de 1951, donde la entonces joven debutó como sufragante y el general Juan Domingo Perón fue reelecto con el 62 por ciento de los votos.
En la primera página del deshilachado documento, cuya numeración comienza con dos millones, figura la fotografía de una joven de pelo ensortijado y moreno que en nada se parece a su portadora, que hoy muestra raleados cabellos absolutamente blancos.
«Aunque por mi edad no es obligatorio votar, para mí cada elección es un día de fiesta y por eso vengo tempranito, para después poder ir feliz a preparar los ravioles del domingo para mis hijos, mis nueras, mis nietos y mis cuatro bisnietos», contó Luis a Télam.
Necesitó menos de tres minutos para entrar y salir del aula convertida en cuarto oscuro. Tardó más en desplazarse a causa de una inoportuna y molesta artrosis que en elegir la opción electoral. Llevaba la boleta en el bolsillo.
Poco importaba por quién había sufragado la bisabuela. Su cara de satisfacción evidenciaba que era una mujer feliz. Habían pasado 62 años desde su primera votación cuando apenas era una muchacha.