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Calles anchas y adoquinadas, árboles altos y una sensación de tranquilidad inquebrantable. Estos son los rasgos que definen la identidad del barrio La Calabria en San Isidro, una zona estratégica que en los últimos años experimentó un crecimiento silencioso pero imparable, consolidándose como uno de los destinos más buscados del partido bonaerense.
Delimitado por las calles Laprida, Tomkinson y las avenidas Centenario y Rolón, su desarrollo no respondió a grandes torres de cemento, sino a una lógica residencial clara: edificios bajos de escala amable, casas recicladas y una conectividad envidiable que atrae principalmente a los jóvenes que buscan independizarse sin irse de su entorno.
El principal motor de este boom inmobiliario es el factor económico. Según coinciden los principales corredores de la zona norte, La Calabria se posiciona como una alternativa entre un 10% y un 20% más barata en comparación con zonas tradicionales y consolidadas como la Avenida del Libertador, el Bajo o el centro histórico de San Isidro.
Para tener una referencia clara de los valores actuales del mercado:
«Todo lo que es La Calabria se está transformando en una zona multifamiliar pequeña, de planta baja y hasta cuatro pisos con unidades chicas. La clave está en que el cambio no desplazó la esencia del barrio, sino que la actualizó», explica Maximiliano D’Aria, director de D’Aria Propiedades.
La identidad barrial es un valor central en esta transformación. Un ejemplo icónico de cómo el barrio La Calabria en San Isidro crece respetando su memoria es el proyecto inmobiliario que se levanta en la intersección de Don Bosco y Monseñor Alberti, frente a la histórica plaza Castiglia.
Allí funcionó durante más de seis décadas la mítica heladería Los Alpes, un punto de encuentro imborrable para varias generaciones de vecinos. Tras su cierre y abandono, la desarrolladora CAPCO adquirió el terreno con una premisa clara: no construir una torre genérica, sino un edificio de baja altura con locales en planta baja para devolverle la vida urbana y comercial a esa querida esquina.
El perfil del comprador en esta zona está muy definido. Los brokers explican que no se trata de una demanda puramente especulativa, sino de compradores finales genuinos.
Los principales interesados son jóvenes profesionales y parejas del mismo partido de San Isidro que buscan su primera vivienda. Son clientes exigentes que valoran el diseño moderno, pero que no quieren renunciar a la vida de barrio, la cercanía a sus familias y, sobre todo, a tener su propio balcón aterrazado con parrilla.
En definitiva, La Calabria demuestra que es posible modernizar una ciudad manteniendo su alma intacta, ofreciendo un refugio verde y accesible para las nuevas generaciones.