Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Laerte Coutinho, la gran ilustradora transgénero de Brasil, en la Ciudad

Entrevista con la historietista y dibujante que se encuentra en Buenos Aires invitada por el Festival Asterisco.

Por Daniel Enzetti

(CABA) “Hola mamá. Mira, va a salir una nota en donde el periodista dice que me visto como las chicas. Te llamo para que no te preocupes, y para decirte que es verdad.” Laerte Coutinho esperó escuchar un “plop!” al otro lado de la línea, de esos que se dibujan en los cuadritos de historietas. Lo que nunca imaginó fue la respuesta de su madre: “Si te gusta, me parece bien. Pasa a buscar un juego de aros que no uso, te van a quedar hermosos.”

Laerte ríe con ganas, como durante la hora y media de la charla con Tiempo Argentino. En algún momento dirá que llegar a reconocerse a sí misma como homosexual fue traumático pero que entrar al mundo de la transgeneridad resultó facilísimo. “¡Era muy bueno! No sabía de dónde salía tanto placer. Me veía en el espejo con pollera, tacos, blusa y maquillaje, y gritaba: ¡Esta soy yo realmente!”

Laerte es una de las dibujantes e historietistas más importantes de Brasil y pisó Buenos Aires invitada por el Festival Asterisco para dar una charla y presentar De corbata y uñas pintadas, documental de Miriam Chnaiderman donde cuenta, junto a otros referentes de la cultura como Ney Matogrosso, historias de vida vinculadas a la diversidad sexual y la discriminación. Nació varón en 1951 y desde los 17 años supo que era gay, pero se metió en el placard para que nadie lo viera porque “estaba aterrado y pendiente de lo que podía decirse a mi alrededor”. Se casó tres veces “siempre con mujeres”, aclara, tuvo hijos, pero “todos los matrimonios terminaron más o menos por lo mismo. Buscaba hombres un rato, y después volvía a casa, a seguir actuando de jefe de familia.”

Militó en el Partido Comunista y los genocidas que ocuparon Brasil en la dictadura de los ’60 y ’70 lo metieron preso un par de meses. Le quedaron varios amigos con marcas de la tortura y perdió otros, asesinados por el generalato que asaltó el poder hasta 1985. Trabajó en campañas sindicales, en publicidad, y cuando se le pregunta por figuras políticas resalta a Lula da Silva: “Un genio. Sabe hablar, componer, negociar. Hace política a gran escala, con altura. Fue la puerta para que se lograran muchas cosas.”

Convertirse en mujer transgénero arrancó como un juego a escondidas, allá por 2000, en reuniones secretas con amigos que se fascinaban al verse distintas. Hasta que la cabeza le hizo click en 2011. “Salí a la calle así y nunca más cambié”, muestra, divertida: botas de cuero, falda corta, tapadito y anteojos Victoria Ocampo rojos. Mohines de señora, gentilísima.

–Ya tenías un reconocimiento en todo el país, tus ilustraciones ocupaban medios gráficos importantes. ¿Se modificó algo?
–Nada. Bueno, en realidad, sí pasó algo y es que me empezaron a invitar a lugares donde nunca había estado. ¡Los periodistas no sabían si hablar del dibujante que se travestía o de la travesti que dibujaba! En aquel momento, Folha de San Pablo reservaba una página los lunes para que las chicas publicaran sus historietas en el diario. Me acerqué y reclamé el espacio. ¡Se negaron, me dijeron que estaba veterana! (Se ríe a las carcajadas). Siempre reivindiqué mi inclusión como mujer en los festivales de humor pero aún en esos lugares existe resistencia. El humorismo tiene una cara conservadora muy fuerte, un cuchillo con dos filos. Puede ser un lenguaje que transgrede pero también una herramienta de dominación importante. Fíjate en la manera que los dibujantes ven a la travesti, por ejemplo.

–¿Cómo?
–Los estereotipos son una condena. Diálogo en la redacción entre dos dibujantes: “Es una mujer, pero en realidad es hombre. ¿Cómo la hacemos?” Respuesta: “Pongámosle puntitos en las pantorrillas, y la cara sombreada por la barba.” Hace tiempo, un amigo me dibujó con las piernas peludas. Lo llamé enojada: “¿Dónde están los pelos? Ven, y si quieres, trae una lente de aumento. ¿Sabes por qué no están? ¡Porque los saco fuera!”

Contra el binarismo de género
Vestido de Laerte, el documental de Pedro Marques y Claudia Priscillia que recorre algunos pasos de la artista, es un gran documental. Y en 2012 (otra vez) destapó en Brasil varias discusiones sobre cómo es tratada la muchas veces mal digerida diversidad sexual, en una sociedad que no es tan como la pintan los carnavales libertinos de todos los años. “Pude hacer mi propio papel de transgénero -explica-, y volví a hablar del tema en la película de Chnaiderman. La realidad brasileña presenta paradojas. Por un lado está lo que se ve en el Carnaval, o las marchas de orgullo LGBT. Pero soportamos estadísticas terribles de homicidios motivados por el odio homofóbico y transfóbico. Las leyes que podrían proteger no avanzan, las barreras en el Congreso son fuertísimas, y existe el matrimonio igualitario cuando un juez lo permite de manera individual, pero no a través de una ley como tienen ustedes. Más que eso, lo que nos interesa es una norma nacional sobre identidad de género, tomando el modelo argentino.”

Para Laerte, el tema es tan complejo que hasta los mismos activistas “muestran posiciones equivocadas, que son pequeñas copias del binarismo de género. Porque muchos travestis y transexuales excluyen manifestaciones que están lejos de eso. En ese sentido, reivindico en Brasil no la libertad de género, sino la inclusión de identidades que no son ni femenino ni masculino, y que siguen tomadas como una enfermedad, una cosa marginal amenazante para el tradicionalismo. Si eres homosexual, eres maricón. Ahora, si eres ‘muy maricón’, entonces eres travesti, y te mandan al final de los infiernos.”

Laerte Coutinho2

–¿El humor pelea contra eso?
–Hoy en Brasil es muy significativa la presencia del humor hablado a través del stand up, o de los comediantes de Internet, y eso motivó que la gráfica retrocediera.

–¿Y los límites? ¿Existen? Se habló mucho del tema con el atentado a Charlie Hebdo.
–Charlie Hebdo es un verdadero ejemplo para mí. Como dijeron por ahí, “es mi tribu”. Conocí a Georges Wolinksi en Colombia, es uno de mis maestros, pero analizar el contexto de Francia con su población árabe es tremendamente difícil, por tratarse de algo local, muy particular. Repudio el atentado, los que lo hicieron no son mis amigos pero no me atrevo a interpretar alegremente las cosas. Francia trabajaba con la defensa de la laicidad, pero cada país es un mundo. En Brasil, esa tarea estaría marcada por el tremendo poder que los evangélicos tienen en todo el territorio. Lo central no son los límites. Para mí, lo más importante son los horizontes del humor, la capacidad que el humor puede tener de abrir la mente, los ojos. Los límites pasan por una cuestión policial. Si te sientes perjudicado, bueno, recurres a la justicia. ¡Son bromas! De otra manera, ¿qué podemos hacer? ¿Vamos a seguir dibujando y guionando porquerías sobre negros, deficientes físicos y maricones? No me interesa esa mierda.

Los cartelitos en los baños públicos
Después de cuatro décadas, Laerte está cansada de dibujar. O mejor dicho, de lo que está cansada es del proceso obligado hasta que la viñeta asoma en el papel: ocurrencia de algo más o menos interesante, armado de la línea argumental, boceto, elección de pinturas, envío del original al diario. “Mira -se pone la mano en la frente-, sería la mujer más feliz del mundo si tuviera la habilidad de agarrar la idea que estoy pensando, apretarla en el puño, y tirarla sobre el papel, armadita y lista. Pero eso no se puede hacer.” Y agrega: “Durante mucho tiempo trabajé de la misma forma. Cuando te metes en la profesión de viñetista estableces marcas gráficas, para que el lector te reconozca y diga ‘¡Ah, este es tal!’ Pero fatiga. Y si utilizas personajes determinados, es peor porque la tira siempre está pre masticada, lo único que tienes que condimentarle son situaciones. Ahora estoy haciendo una mujer con su perro, que de repente encuentran a un ángel sin saber que en realidad es un pequeño bandido”.

A propósito de aquella anécdota de los puntos en las piernas: ¿Y la manera en que dibujaría a alguien transgénero? Ahí están los cuadritos que hizo de ella misma, desnuda. “Me puse pechos, y es más fácil, porque todos ven que tengo pene. No tengo tetas, pero las tendré. Vestida me hago como ves que estoy ahora. ¿De qué otra manera, si no?”

Un facho con cabeza de inodoro
En las últimas elecciones brasileñas, el ex candidato del Partido Renovador Laborista Brasileño, Levy Fidelix, calentó el debate sexual y apuntó a la comunidad gay y trans, camino que le aconsejaron las encuestadoras para seducir a los sectores de la clase media más conservadores. “En base a lo que he visto en mi vida –dijo–, sé que dos iguales no generan un hijo. El sistema excretor no reproduce.” Y agregó: “Brasil tiene 200 millones de habitantes. Si empezamos a estimular esto (casamiento igualitario), dentro de poco la población bajará a 100 millones. ¡Tengamos coraje! Somos mayoría y debemos enfrentar a esa minoría. Los que tienen estos problemas deben ser atendidos en el plano psicológico, pero muy lejos de nosotros.” Al poco tiempo, todos hablaban de Laerte. Su parodia de Fidelix con cabeza de inodoro ocupó distintos medios de la prensa gráfica nacional, y dio vueltas por las redes sociales de todo el país.

“Cuando la dictadura mató a Herzog cambió todo”

“Las mariconas sabían cuál era su sitio seguro, trataban de no asomar mucho la cabeza porque corrían peligro”, dice Laerte, recordando el sistema de persecución montado durante la dictadura brasileña de los ’60 y ’70. “Es verdad que la represión ponía mayor peso en cuestiones políticas, pero el terreno del sexo también estaba controlado.” En aquel momento, con 20 años, formaba parte del Partico Comunista “línea Moscú”, aclara. No adhirió a la lucha armada, pero estuvo preso un par de meses por agitador. En la charla recuerda a sus amigos detenidos, torturados y muertos. Y marca el asesinato de Vladimir Herzog como bisagra. Herzog fue periodista y docente universitario, nacido en Croacia y naturalizado brasileño. Desde el comunismo denunció el genocidio brasileño al estallar el golpe de Estado, y en 1975 fue llamado por el Comando del Ejército de San Pablo para una declaración. El 25 de octubre de ese año fue encontrado ahorcado en la celda donde lo habían encerrado, sin proceso previo: una campaña internacional de repudio contra el crimen demostró que Herzog había sido asesinado antes. “Yo era joven -dice Laerte- tenía planes y trataba de cuidarme, pero lo de Vladimir nos marcó, ahí cambió todo. Nos dimos cuenta que la dictadura había traspasado un límite, que se venían cosas bravas, complicadas, y que teníamos que cuidarnos más que nunca. El peligro estaba cerca, y sentimos esa muerte como una derrota, un golpe que el fascismo nos había dado en la cabeza.”

–Después militó en el campo gremial.
–Sí, eso fue en 1978, participé en campañas de los sindicatos, junto a Lula da Silva. Significó una etapa muy importante en mi vida, pero pasados diez años perdí el interés profesional, sentía que no estaba dando lo mejor de mí, y pasé a dibujar historietas de piratas (se ríe).

laerte

Fuente: Tiempo Argentino

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