Buenos Aires, 19/10/2019, edición Nº 2530
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Política

Larreta apuesta a las pequeñas obras para potenciar la candidatura de Macri en la Ciudad

En el Gobierno porteño creen que las veredas y plazas garantizan más sufragios que los viaductos.

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(CABA) Ni en su peor momento Mauricio Macri dejó de medir bien en la Ciudad. La imagen de la gestión del Presidente como jefe de Gobierno; la de su sucesor, Horacio Rodríguez Larreta; y sobre todo la polarización con el kirchnerismo lo sostuvieron siempre alrededor del 40 por ciento de los votos.

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Rodríguez Larreta prácticamente liquidó su ya de por sí difícil sueño de ser reelegido en primera vuelta cuando aceptó unificar la elección porteña con la nacional. El jefe de Gobierno sigue tributando a su único y ¿último? jefe político: el Presidente.

El Ejecutivo porteño tiene un plan para potenciar la candidatura del Presidente. Hoy, según las encuestas que administran en el PRO, la boleta completa de Juntos por el Cambio en la Ciudad mide 46 puntos.

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El aporte diferencial y personal de Larreta al Presidente reside en el 65 por ciento de imagen positiva, que según sus números, los porteños tienen de la gestión de la Ciudad. Una mínima porción de ese 20 por ciento, que valoran la administración de la Ciudad pero no votarán al oficialismo, le garantizarían al jefe de Gobierno un triunfo sin dificultades en un hipotético balotaje.

El Jefe de Gobierno intentará pescar todo los votantes que pueda para él y para el Presidente en todos los tramos de la elección: PASO, generales y, eventualmente, balotaje. Si consiguiera que lo votara la mitad de ese universo, Macri sumaría casi un punto a nivel nacional. “En una elección tan pareja un punto o medio pueden ser decisivos”, razona Larreta en la intimidad.

La ecuación surge de un dato duro: el electorado de la Ciudad -cuarto distrito electoral del país detrás de la Provincia, Córdoba y Santa Fe- representa el 8,1 por ciento del padrón nacional.

Si el 24 de noviembre hay balotaje, las boletas de Larreta y Macri irían juntas, si la Justicia electoral no ordena lo contrario. Y Larreta cree que la elección presidencial se define en segunda vuelta. “O está muy pareja o se define en primera vuelta, las dos cosas juntas es imposible. Nosotros creemos que está palo y palo”, piensan sus laderos. El jefe de Gabinete Marcos Peña opina en la misma sintonía.

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Para sumar votantes a la causa oficialista, Larreta apuesta sobre todo a las micro-obras. Esa es su jugada silenciosa desde que asumió la jefatura de Gobierno. Ha comprobado que las veredas, las plazas, las luminarias le garantizan más votos que los nuevos viaductos o el Paseo del Bajo que maravillaron a Jaime Durán Barba. “La gente se preocupa por su metro cuadrado: reclaman y reconocen cuando se resuelven los problemas”, razonan en la sede del Ejecutivo porteño.

En el Gobierno de la Ciudad trabajan con la hipótesis de que la educación y la salud públicas solo definen el voto de quienes utilizan esos servicios públicos. Sí pretende visibilizar y capitalizar la mayor presencia policial en la calle.

El jefe de Gobierno busca que los adultos mayores -una franja en la que arrasa- no falten el día de la elección. También refuerza sus interacciones en Instagram y Twitter y su perfil desacartonado (hace 4 años que jubiló las camisas) para seducir a los votantes más jóvenes, entre los que el macrismo corre de atrás. Insisten en que una porción de ese segmento pondera la gestión porteña. Su nuevo aliado Martín Lousteau tiene mucho mayor predicamento entre ellos.

El 50 por ciento de votos que consiguió Elisa Carrió en 2017 y los 12 puntos del economista completan un universo de votantes que riegan de optimismo al oficialismo en la Ciudad. La candidatura de Matías Lammens en reemplazo de Mariano Recalde, también. Nadie teme un escenario como el de 2015, cuando Lousteau casi los noquea en la segunda vuelta. “Nos potencia mostrar diversidad. No me serviría de nada que Lousteau se pintara de amarillo”, le escucharon decir al jefe de Gobierno.

Este sábado, el Presidente volvió a mostrarse con el jefe de Gobierno, los candidatos y militantes de la Ciudad en Villa Pueyrredón en un acto cerrado. Antes, los voluntarios del oficialismo volvieron a salir a la calle; otro síntoma del presunto cambio de humor social. Un dato de color, el socialista Roy Cortina llegó cuando Macri ya se había ido.

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El jefe de Gobierno se mantiene cauto. Hace unos meses frente a su Gabinete había planteado que el escenario parecía irremontable. “Ni antes estábamos tan mal ni ahora tan bien”, razonan en su entorno.

Otros elementos abonan la ilusión electoral de Larreta. Mantiene una fe ciega en las cualidades de su «ahijada política» María Eugenia Vidal en la Provincia, cree que el poder de fuego del Banco Central para sostener el dólar es inmenso y lo tranquiliza que la moneda estadounidense haya dejado de caer, una tendencia que podría haber complicado la competitividad pero -más importante- podía haber traído aparejado un rebote fuerte y complicado la baja de la inflación.

De menor a mayor, de poder elegir lo imposible dentro de este escenario, el jefe de Gobierno preferiría que Macri perdiera las PASO por un punto en vez de ganarla por ese margen. “Eso ayudaría a que nadie se relajara y a aumentar la concentración”, dicen en la Ciudad. NR

Fuente consultada: Clarín

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