Buenos Aires, 24/04/2018, edición Nº 1987
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Salud

La obesidad también afecta el cerebro y el bolsillo

Para estar alerta.

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(CABA) La obesidad es una epidemia. Lo que vaticinaban estudios hace años es ya una realidad. En nuestro país, el 57,9% de la población tiene exceso de peso y el 20,8% es obesa, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.

En ese sentido, numerosos estudios internacionales dan cuenta del creciente perjuicio que esta enfermedad está ocasionando tanto a la industria como, principalmente, a sus trabajadores.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 60% de todas las muertes que se producen en el mundo se deben a Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT), entre las que se destacan las cardiovasculares, el cáncer, las afecciones respiratorias (EPOC, asma) y la diabetes.

Y precisamente uno de los principales disparadores de algunas de estas enfermedades son el sobrepeso y la obesidad, además del tabaquismo, la hiperglucemia y el sedentarismo. El dato cobra mayor relevancia al saber que en los Estados Unidos, por ejemplo, el 35,7% de la población adulta es obesa, y que se estima que la cifra trepe hasta el 51% hacia 2030.

El doctor Rubén Salcedo (MP 17.181) recalcó que “el sobrepeso y la obesidad no sólo tienen graves consecuencias a nivel orgánico, sino que también acarrean importantes costos ocultos que afectan no sólo el rendimiento intelectual de la persona sino también su trabajo y, por ende, su economía personal y familiar“.

El sobrepeso y la obesidad conllevan costos para la salud de la persona, tanto tangibles como intangibles. En otras palabras, esta enfermedad tiene siempre una incidencia en el diario vivir, y en la manera en la que nos desempeñamos en nuestra vida social y en el trabajo“, resaltó el director médico de Clínica Diquecito.

Dentro de los “costos relacionados a la salud“, según explicó el especialista, están los que llamamos “directos“, que tienen que ver con los gastos de hospitalización, medicamentos y procedimientos, cuando la obesidad produce alguna descompensación en nuestro organismo. Pero también debemos considerar aquellos costos no relacionados directamente con la salud, que tienen que ver estrechamente con la pérdida de la productividad y de las capacidades laborales. “¿Cuánto podemos llegar a perder económicamente si nuestra capacidad de atención, de mantenernos despiertos, de producir no está al ciento por ciento? ¿Cuántas oportunidades de ascenso estamos dejando pasar al no poder rendir intelectualmente como deberíamos, a causa del impacto de la obesidad en nuestro organismo?“, se preguntó.

Pero no es sólo la persona la que debe arrastrar estos costos ocultos de la obesidad, sino también la empresa que la emplea, y su entorno social. Para graficar esto, existe una relación directa entre la obesidad y el ausentismo laboral“, consideró Salcedo, quien resaltó que “investigaciones realizadas en los Estados Unidos recientemente indican que las mujeres de peso normal faltan a sus trabajos un promedio de 3,4 días al año. Las que tienen sobrepeso, en tanto, faltan 3,9 días al año, mientras que las que padecen obesidad grado 1 lo hacen 5,2 días al año. Cuando la obesidad llega al grado 2, el ausentismo se eleva a 6,4 días al año, y en el grado 3 se llega a un promedio de 8,2 días, es decir casi el triple de ausencias que en el caso de las mujeres de peso normal“.

Dicho de otro modo, no sólo se pierde productividad debido a la afectación física que produce la obesidad (estado de somnolencia diurna, mayores dificultades para trasladarse, mayores dificultades para manejar maquinarias de trabajo, etc), sino también por ausentismo.

Tras asegurar que “los ambientes laborales de mucho estrés pueden impulsar a la persona hacia el sobrepeso, al igual que ocurre en caso de trabajos bajo la modalidad de turnos rotativos, o en jornadas laborales muy extensas“, el especialista destacó que existen algunos tips para incentivar la pérdida de peso en el ambiente laboral, y el mantenimiento de un estado corporal saludable. Entre ellos enumeró: “Fomentar el ejercicio entre los empleados, promover una alimentación sana en los comedores a nivel laboral y estimular con beneficios a los que logren bajar de peso“.

La situación en la Argentina

El panorama de la salud de los argentinos es ciertamente alarmante. Los datos de 2013 relevados por la Dirección de Promoción de la Salud y Control de ENT (Enfermedades No Transmisibles) del Ministerio de Salud de la Nación, hablan por sí solos:

– El 21,2% de las personas tiene un estado de salud regular o malo

– El 16,3% está ansioso o deprimido

– El 55,1% realiza baja actividad física

– El 17,3% utiliza sal a la hora de comer

– El 57,9% tiene exceso de peso

– El 20,8% de la población es obesa

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