Buenos Aires, 23/07/2018, edición Nº 2077
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Salud

Mitos y verdades sobre productos “perjudiciales” para la salud

Qué está comprobado y qué no .

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La salubridad de algunos productos como los huevos, el pescado azul, las grasas saturadas, los edulcorantes o el Ibuprofeno ha sido cuestionada a lo largo de los años y el veredicto ha cambiado numerosas veces. Qué está comprobado, qué no y porqué la ciencia cambia de parecer.

Huevos e ibuprofeno

(CABA) ¿Por qué los huevos antes subían el colesterol y ahora no tanto? ¿Qué falla cuando se descubre que un medicamento ampliamente usado es más dañino que beneficioso? ¿Todo está sujeto a revisión? ¿Es que no nos podemos fiar de nada? Empezando por la última pregunta: sí, en general, nos podemos fiar de los consensos científicos que determinan las propiedades de un producto (no tanto de las marcas que los comercializan). Los estudios son cada vez más precisos, las muestras poblacionales mayores, los errores que se han cometido en el pasado tienden a paliarse y cada vez conocemos mejor cómo funciona el cuerpo humano. Siguiendo por la penúltima cuestión, la respuesta también es sí: todo está sujeto a revisión. ¿Es esto una contradicción? El filósofo Mario Bunge explica que, a diferencia de otras disciplinas, las ciencias investigan, y por lo tanto, descubren hechos y producen ideas nuevas que a veces contradicen el saber anterior.

La confusión entre correlación y causalidad es uno de los principales motivos para el asentamiento de conocimientos erróneos. El ejemplo del huevo es uno de ellos. Se parte de una hipótesis biológicamente plausible: el huevo contiene colesterol, por lo que resulta verosímil que su ingesta contribuya a aumentar los niveles de esta grasa en la sangre. Cuando en los años setenta se realizaron estudios epidemiológicos (que muestran pautas de salud de grandes grupos de población) buscando la correlación entre consumo de alimentos con colesterol y sus niveles en humanos, se halló que efectivamente existía. Así, la comunidad médica y científica encontró razonable pensar que el huevo elevaba el colesterol y llegó a la conclusión de recomendar no más de tres por semana. Hoy cualquier doctor o dietista bien documentado le dirá, en general, que puede ingerir tranquilamente uno al día.

Evidencia incompleta
Se realizan muchas investigaciones que no se publican. Si la industria del vino o la de la cerveza realizan un análisis metodológicamente correcto que concluye que su producto causa determinados males, es muy probable que lo metan en el cajón y nunca vea la luz. Solo escogerán las cerezas rojas y hermosas, los estudios que hallan correlaciones positivas. Es la falacia de la evidencia incompleta, que ha llevado a asumir durante años supuestas verdades que han resultado no serlo. El médico y divulgador científico Ben Goldacre, en su libro Mala Farma (editado por Paidós) hace una brutal crítica a las farmacéuticas por ejecutar esta práctica. Pone como ejemplo el Reboxetine, un antidepresivo que él mismo prescribía. Lo hizo durante mucho tiempo tras haberse documentado ampliamente con toda la literatura médica disponible. El problema era que también había mucha que se hallaba oculta. El médico explica en su libro que solo una cuarta parte de los estudios estaban publicados. Cuando descubrió las conclusiones de los otros análisis, se dio cuenta de que los efectos secundarios eran peores que el supuesto bien que aportaba el medicamento, porque de hecho, el Reboxetine “no funciona”.
Los medios de comunicación también tienen la responsabilidad de examinar si lo que publican es realmente digno de crédito, como denuncia Goldacre en su primer libro, Mala Ciencia (editado por Planeta). Así, las conclusiones de un metaanálisis sentarán verdades más estables. Ocurre por ejemplo con las grasas saturadas. Uno reciente concluye que, probablemente, no sean tan malas como se ha pensado hasta ahora. “Esto no quiere decir que sean buenas”, previene el nutricionista Revenga.

Desconfíe del etiquetado
Si ve una etiqueta con alegaciones saludables, sospeche. Es la recomendación de José Manuel López Nicolás, profesor de la Facultad de Biología de Murcia y autor del galardonado blog divulgativo Scientia. En él carga duramente contra una industria que, según dice, trata de engañar al consumidor. El sistema es el siguiente: para que una etiqueta tenga una alegación saludable, como que el producto baja el colesterol o es bueno para las defensas, debe contener determinadas sustancias para las que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés) haya aprobado esas recomendaciones. Hasta el momento, se han presentado 2.245 productos de los cuales, tras su análisis, la EFSA solo ha autorizado 250 recomendaciones saludables, es decir, un 11%. Un ejemplo de recomendación saludable aprobada es que la vitamina B6 ayuda a las defensas. López Nicolás explica que la gran mayoría de los productos son legales porque los eslóganes que usan son literalmente los que ha probado la EFSA. “El problema es que está referido a un ingrediente que se encuentra en una cantidad mínima, pero toda la publicidad se basa en torno a otro ingrediente que no tiene nada que ver y que es por lo que se paga. Por ejemplo, la vitamina B6, que suele acompañar a los productos con lactobacillus. Esta vitamina es la que ayuda verdaderamente a las defensas. Pero un plátano, que no tiene etiqueta, tiene el triple de vitamina B6”, explica. Es lo que llama el truco del asterisco. En una campaña que llevó a cabo la Junta de Andalucía el año pasado, casi el 40% de etiquetas de productos saludables y nutricionales no cumplía con la normativa comunitaria. Grasas comestibles, platos cocinados y conservas acumulaban el mayor número de incumplimientos.

¿Es bueno o malo?

Edulcorantes
Los edulcorantes artificiales llevan mucho tiempo en el punto de mira de científicos y consumidores. Es una creencia extendida que provocan cáncer, pero lo cierto es que los márgenes de seguridad que ha probado la ciencia dan margen para tomar más edulcorantes de los que una persona normal puede ingerir sin preocuparse por su salud. Recientemente se ha hecho público un estudio (liderado por el israelí Eran Elinav, del Instituto Weizmann, y publicado en Nature) que vuelve a poner la salubridad de estas sustancias en entredicho. Asegura que alteran el equilibrio bacteriano del sistema digestivo y que propicia subidas de la glucosa en sangre, lo que puede desencadenar diabetes. Sin embargo, la comunidad científica ha recibido este estudio con escepticismo. En primer lugar, porque está fundamentalmente basado en ratones. Además, en este estudio se hace un ensayo posterior en personas, pero solo con siete individuos, frente a otros con 300.000 que no habían detectado estos problemas con los edulcorantes. Hay dos problemas más: por un lado, los niveles de concentración con los que se hizo el estudio son mucho mayores de los que una persona suele ingerir en un día y, por otro, que la investigación se realizó con sacarina, por lo que tampoco sería exportable a otros edulcorantes artificiales. Así, para que haya un cambio de paradigma con respecto a la seguridad de estas sustancias serían necesarias evidencias mucho más sólidas.

Ibuprofeno
El Ibuprofeno es uno de los medicamentos más usados y que esté en esta lista no quiere decir que se haya descubierto como nocivo. Pero sí es cierto que a dosis muy altas y durante un uso prolongado puede ser dañino para el corazón. Es algo que la Agencia Europea del Medicamento está estudiando actualmente. Así que, como sucede con casi todo, parece que no conviene abusar.

Dos litros de agua al día
Muchos médicos le recomendarán que beba unos dos litros de agua al día para estar saludable. Es una cantidad que carece de documentación científica que la avale. La fuente parece ser una recomendación de 1945 del Consejo de Investigación Nacional de Estados Unidos (NRC), que fue malinterpretada y casi sacralizada hoy día.

Grasas saturadas
Son como el malo de las películas. Todos van contra ellas porque durante mucho tiempo se han relacionado con afecciones cardíacas. Buenas no son, eso está claro, pero un reciente metaanálisis pone en duda que sean tan nocivas como se ha supuesto. Su conclusión es que “las evidencias actuales no respaldan claramente las recomendaciones cardiovasculares que animan a un alto consumo de grasas poliinsaturadas y un bajo consumo de saturadas”.

Pescado azul
Hasta los años sesenta, aproximadamente, todo lo que era grasa se consideraba malo. Así, el pescado se clasificó en dos: el bueno, el blanco, cuyos porcentajes grasos son mínimos, y el menos saludable, el azul, que tiene unas cantidades que rondan el 15%, menos que la mayoría de las carnes no magras. No se entraba en matices sobre el tipo de grasas hasta que se descubrió que las Omega 3 que contiene el pescado azul son cardiosaludables.

Huevos
“El huevo es un alimento excelente que ha sido tratado injustamente. Si bien es cierto que su contenido en colesterol es alto, es un error culpar a un solo alimento del aumento de los niveles del conocido como colesterol malo. El consumo de ácidos grasos saturados es un factor mucho más relevante que la ingesta de colesterol dietético. Además, el huevo contiene lecitina, que, junto a otros componentes, ayudan a regular el colesterol”, explica el dietista Miguel Ángel Florido

Agujetas -dolor muscular de aparición tardía (DMAT)
Una de las teorías más asentadas durante mucho tiempo sobre las agujetas es que se producían por cristalización de ácido láctico después de un gran esfuerzo. Sin embargo, era una explicación que la ciencia ha desmentido: no se ha encontrado esta sustancia en tejidos con agujetas y quienes sufren la enfermedad de McArdle, que no permite producir ácido láctico, también las sufren. Los remedios como el agua con azúcar son también falsos. La teoría más asentada es que se deben a microrroturas musculares.

Fuente: El País

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