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La investigación, liderada por el profesor en Biología Evolutiva, Gunter Wagner, y el especialista del Hospital de Niños en Cincinnati, Mihaela Pavličev, se concentró en las características fisiológicas del orgasmo femenino: la descarga de prolactina y oxitocina. Además, descubrieron que en muchos mamíferos estas hormonas desempeñan un rol en la ovulación.
Aquí entran en juego las revelaciones sobre el clítoris. En coincidencia con la evolución de la ovulación espontánea, el clítoris se relocalizó de su ancestral posición dentro del canal vaginal a su posición actual. “Este cambio anatómico hizo que fuera menos probable que el clítoris recibiera adecuada estimulación durante el coito para llegar al reflejo neuroendócrino conocido en los humanos como orgasmo”, analizaron. Y dijeron además que, durante la evolución de las especies, hubo muchos rasgos que tenían originalmente una función y luego fueron mutando a otras, como las plumas y el pelo.
S.C.