Buenos Aires, 21/08/2017, edición Nº 2080

Zoológico: la humillación de la naturaleza

(CABA) La gloria del tigre, la ferocidad del león, la astucia del zorro, la grandeza del elefante, todo se humilla en el Zoológico. Nada es lo que era, lo que pudo ser. La naturaleza, que no fue hecha para vivir entre pareces de cemento, se consume, poco a poco, como una vela. Los animales salvajes en cautiverio sufren toda una vida. Lejos de salvarlos, los condenan a una tortura monstruosa...

(CABA) La gloria del tigre, la ferocidad del león, la astucia del zorro, la grandeza del elefante, todo se humilla en el Zoológico. Nada es lo que era, lo que pudo ser. La naturaleza, que no fue hecha para vivir entre pareces de cemento, se consume, poco a poco, como una vela. Los animales salvajes en cautiverio sufren toda una vida. Lejos de salvarlos, los condenan a una tortura monstruosa durante los años que viven ahí. Alejados de su ecosistema, maltratados, mal alimentados, expuestos a climas extremos sin ningún tipo de cuidado. Ha sido noticia, durante los cortes de luz y altas temperaturas, los problemas que han sufrido los osos polares ¿Hay algo más surrealista, más absurdo, que un oso polar en pleno Buenos Aires?

Los animales no son objetos, no son juguetes, no están para divertirnos. La naturaleza está en el mundo de la misma forma que nosotros, con los mismos derechos. El hombre ha creído que, por ser emblema de la razón, todo lo que lo rodea es un instrumento para su vida y sus deseos. No puede ser así. La naturaleza es grande, y se la está humillando. La naturaleza es bondadosa, porque cuidándola y manteniendo su equilibro no hay nada que no provea. Maltratar a los animales, llevarlos al límite de transformarlos en un juguete que puede mastratarse sin recibir por eso ninguna pena, es como arrebatarle a una madre sus hijos para llevarlos de atracción en un circo.

Hay algo básico en las relaciones -humanas y con el resto del mundo-, y es esto: el acto de humillar nos humilla, nos vuelve menos, nos destruye. De la misma forma que el maltrato y el odio nos consume cuando lo ejercemos, nos quita la vida en cada acto, lo mismo sucede en este caso. Cada paso que se da en la violencia inconsciente hacia la naturaleza, es un paso que se retrocede en el conocimiento y la armonía en la vida.

Comentarios

Ingresa tu comentario