Buenos Aires, 23/10/2017, edición Nº 1804

Zamora: la crónica de un voto anunciado

Alan Ulacia, joven politólogo de la UBA y periodista, realiza un inteligente análisis de eso que en época de elecciones se llama con cierto tono burlón: “Voto de Izquierda”. Luis Zamora, el eterno y querido candidato es el ejemplo más fiel de como en épocas de conflicto y confusión política, la imagen transparente de la política tradicional logra mantenerse presente sin traicionar sus bases ideológicas. (CABA) Luis Zamora, candidato por...

Alan Ulacia, joven politólogo de la UBA y periodista, realiza un inteligente análisis de eso que en época de elecciones se llama con cierto tono burlón: “Voto de Izquierda”. Luis Zamora, el eterno y querido candidato es el ejemplo más fiel de como en épocas de conflicto y confusión política, la imagen transparente de la política tradicional logra mantenerse presente sin traicionar sus bases ideológicas.

Luis_Zamora

(CABA) Luis Zamora, candidato por Autodeterminación y Libertad, logró hacerse con 56.547 votos en Capital Federal, lo que equivale a un 3,29% y lo posiciona dentro de los candidatos para Octubre.

1. Periodismo político

Periodismo independiente versus periodismo militante, piensa quien escribe, es una de las querellas más polémicas e interesantes que se han entablado en el confuso ring de esta época. El militante ha “desenmascarado” los siempre dependientes intereses que se esconden tras el pregón del independiente. Pero el militante, a la vez, en paradójica duplicación, se enorgullece de reponer, de presentar como una épica y fundacional novedad, una muy vieja noticia: que el periodismo es político. Más allá del color ideológico, la prensa argentina del siglo XIX y comienzos del XX, como la Gazeta de Mariano Moreno, Sarmiento y su crítica a Rosas desde El Mercurio chileno, Alberdi desde El Iniciador de Montevideo, José Hernández desde El Nacional Argentino, Mitre desde La Nación e inclusive la incendiaria dupla Lugones-Ingenieros desde La Montaña, sugieren más o menos directamente, con su simple lectura, que difícilmente se haga otra cosa que política cuando se escribe periodismo. La masificación de los medios de comunicación durante el siglo XX transforma esta íntima relación entre periodismo y política, que se oscurece, pero nunca se suprime.

Para honrar dicha tradición, cercanas las elecciones, voy a violar la ley, hacer proselitismo y preanunciar mi voto. No creo que el acto de votar sea el deseado punto de llegada, la anhelada y lejana estancia donde reposar en paz, la acción política final, la consumación de lo cívico, todo lo contrario, pero sí es, hoy y ahora, un buen punto de partida. El objetivo de estas líneas: poner en juego algunas razones, y más importante aún, un material considerado como residual por muchos de los sueñan con hacer “ciencia” de la política, y dejan de lado: las emociones, la afectividad política.

Se la ve a lo lejos, a La-Política, como cosa extraña, huraña y malamente autónoma, un mundo aparte con encriptadas, turbias, y oscuras reglas específicas. Pero la política se funda, en gran parte, en las emociones, la afectividad que cualquiera tiene, por tanto cualquiera puede (con más o menos éxito, resultados y capacidad de construir poder, gobernar, etc) practicarla.

2. Crónica de un voto anunciado

La primera vez que escucho la palabra “Zamora” es en boca de mi tía. Tengo ocho años. Ella dice una frase y me queda: “es uno de los pocos que se salva, un tipo coherente con su ideología”. Muchos años después, en 2011, tengo 24 años (ya voté varias veces, las primeras poniendo personajes de Los Simpsons en el sobre, otras veces mal, muy mal, otras no tanto, una amplia gama de candidatos de izquierda), consigo de casualidad en la feria del parque Rivadavia una vieja edición de Calfucurá, la conquista de las pampas, de Álvaro Yunque, de 1954, que contiene creo la mejor dedicatoria que leí: “A los argentinos que realicen la Reforma Agraria, verdadera conquista del desierto”. Pero lo importante es que veo dice “Ediciones Zamora” en la tapa. “¿Zamora, el político?” le pregunto al librero. “Sí, es de Antonio Zamora, el hermano de Luis, el político”. Ahí, en ese instante, se me ocurre: una familia que publica escritores de izquierda en los 50, y sigue hoy reivindicando ideas de izquierda, merece respeto. Nunca pude confirmar si la relación de parentesco entre el andaluz Antonio Zamora (creador a su vez de la famosa editorial Claridad, donde se nucleara el también famoso “Grupo de Boedo”) y Luis Zamora, el político, es cierta. Darme la razón en la vinculación quizá sólo es una buena jugada psicológico-comercial por parte del librero. Pero lo importante, es que a partir de ese momento me intereso, me da curiosidad, por medio de un libro, Luis Zamora, no tanto el colectivo que encabeza, las ideas y los proyectos del mismo, sino su figura, su individualidad. E inmediatamente después, investigando un poco, me entero que en su momento, al igual que su no-confirmado pariente Antonio, Luis vende libros, además de ejercer como abogado, luego de ser sido diputado entre 1989 y 1993 por el MAS (Movimiento al Socialismo) y renunciar a sus haberes y a su jubilación de privilegio. También averigüo que muchos recuerdan como un error suyo “haber disuelto el MAS”, cuando dicha coalición de izquierda significaba un interesante momento de unión y resultados políticos. Y por último, descubro que en diciembre de 1990 Zamora repudia públicamente, en el Congreso Nacional, la presencia del mismísimo George Bush (padre), presidente de los Estados Unidos, justo antes de que la Cámara de Diputados se dispone a homenajearlo oficialmente. No siendo la primera vez que en dicho recinto pasa algo similar: en 1936, Liborio Justo, hijo del actual presidente el General Agustín P. Justo, inunda el Congreso con el grito de “Abajo el imperialismo yanqui”, en la cara del presidente Frankln Delano Roosevelt.

A pocos días de conseguir el Calfucurá de Álvaro Yunque, de editorial Antonio Zamora, cerca del parque, en la esquina de Acoyte y Rivadavia, lo veo a Luis Zamora, atrincherado en un puesto de su partido, Autodeterminación y Libertad (AyL), junto a un par de jovenes camaradas. Yo voy caminando con la que en aquel entonces era mi novia, militante kirchnerista. Y para evitar un posible conflicto conyugal, y por algo de pudor, no me acerco a hablarle. Pero en cambio sí escucho lo que le dicen las personas que pasan, frases parecidas a la de mi tía, que hablaban de integridad: “Vos sos único Luis”, “Siempre te voté”, “Nunca te vendiste”. Zamora asiente, se lo nota a gusto, pero a la vez algo avergonzado. El aspecto más sobresaliente de Luis Zamora, para muchos, es su coherencia y honestidad, cualidades de escasa presencia entre las filas de la dirigencia política argentina, muy cierto, pero sobre su ideología y propuesta política, nada… Extraña omisión que se confirma recientemente, con el hecho de la pocamente revolucionaria conductora de televisión Susana Giménez al decir desde su living: “Siempre me encantó Luis Zamora. Me gusta porque dice la verdad. Es un zurdo que vive como zurdo”.

En septiembre de 2012 se realiza una jornada mundial de protesta contra la multinacional productora de agrotóxicos, Monsanto. El punto de encuentro en Buenos Aires son las oficinas de la empresa, sobre la calle Maipú, enfrente de Plaza San Martín. Voy como cronista, y escribo lo que debo, una crónica. ¿Quién es el único político presente en la protesta? Así que no dudo y me acerco, le hago un par de preguntas, para incluir su testimonio en mi artículo. “Esto me parece un paso muy importante, porque es de los primeros que se empiezan a dar. Porque en Argentina Monsanto y la soja son cosas que o no se conocen, o si se las conoce, se las cree beneficiosas… Que comiencen a escucharse protestas contra la presencia de Monsanto en Argentina y el rol de la soja es muy bueno. Además Monsanto es prenda de unidad de todos los sectores empresarios, sea Clarín, sea Cristina Fernández, sea quien sea, todos saben que es clave para ellos, así como es perjudicial para el pueblo argentino. Y esto afecta a toda la región, en Brasil la soja está logrando desplazar a la burguesía de San Pablo, que es muy poderosa. La cuestión de la Soberanía Alimentaria es crucial para el debate de los pueblos, y el gobierno se vanagloria de sus acuerdos con Monsanto, y hay que lograr desnudar eso, que nadie se pueda vanagloriar de eso, o que paguen muy caro hacerlo”.

Hace pocos meses, entre marzo y abril de este año, paso de nuevo por Acoyte y Rivadavia, y veo de nuevo el puesto de AyL. Solicitan afiliaciones. Lo saludo a Luis, le recuerdo que nos habíamos conocido un año atrás en el escrache a Monsanto. Y firmo, me afilio al partido. En junio, Zamora es entrevistado en un programa periodístico transmitido por el canal de televisión donde trabajo, como redactor en su página web. No dudo en esmerarme especialmente para desgrabar la nota, editar con un esmero mayor que el usual los videos, y le mando todo el material, Luis me agradece. Por último, no harán dos o tres semanas que un amigo que estimo mucho, también periodista, me dice que se junta con Zamora, para charlar y porque le quiere dar una mano con la campaña en el barrio de Flores. Mi amigo me invita a la reunión porque, misteriosamente, intuye una posible simpatía de mi parte. No puedo asistir a la reunión, no recuerdo exactamente por qué motivo personal. Pocos días atrás, entro en el sitio oficial de AyL. Y leo las Bases del partido, redactadas por Luis Zamora y Noemí Oliveto en marzo de 2001, aquí completas. Encuentro cinco principios que comparto plenamente, seguidos de algunas citas destacables, que realmente me seducen y con las cuales me identifico. ANTICAPITALISMO: “Rechazamos y confrontamos con el sistema capitalista basado en la explotación del hombre por el hombre y la concentración de la riqueza en pocas manos a costa del empobrecimiento generalizado”. INTERNACIONALISMO: “Valga aclarar que todas nuestras reflexiones y prácticas debemos considerarlas como aportes a concretar y experimentar localmente y en cada situación ya que no creemos en políticas revolucionarias o de emancipación elaboradas en algún lugar y enseñada por vanguardias para aplicar igual en todas partes”. HORIZONTALIDAD: “Promovemos un ámbito que adopte hoy, para su funcionamiento, mecanismos horizontales de acceso a los debates, a los elementos de información y a las decisiones. Esto se contrapone con la conformación de aparatos partidarios, estructuras jerárquicas o verticales, búsquedas de líderes, jefes, o dirigentes inamovibles”. AUTODETERMINACIÓN: “No partimos de considerar al pueblo como víctima cuyos intereses pretendemos defender o representar para solucionarle los problemas. Recordando que la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos consideramos que cada uno de los explotados tiene la capacidad igual de rebelarse y aportar a la rebelión”. NUEVAS FORMAS DE SOCIALISMO: “Y también queremos intentar formar una contracultura, y que desde allí inventemos nuevas relaciones sociales y políticas, donde la ética a construir tenga que ver con esa estética. Es decir que sería una ética ligada al acto, donde el decir tenga que ver con el hacer”.

Por este conjunto de casualidades, emociones, subjetividades, anhelos, principios, razones e intereses, votaremos a Luis Zamora

3. Sierra Maestra

¿Qué conjunto de casualidades, emociones, subjetividades, anhelos, principios, razones, intereses, confluyen para tomar una decisión política, y en este caso, generar la voluntad de emitir un voto? ¿Qué es un voto? ¿Y una elección? Hace unos años, en noviembre de 2010, refiriéndome a las elecciones por el Centro de Estudiantes en la Facultad de Ciencias Sociales, escribí, un tanto enojado: “Una despiadada rapiña por votos-persona que se acumulan, se cuentan y se suman para luego desembocar en el alumbramiento de una cifra. Cifra que más tarde se transformará en la representación simbólica de la voluntad triunfante. El mayor porcentaje de voluntad acumulada más tarde se transformará en el capital político de unos pocos “representantes”, legítimamente imbuidos de un poder numéricamente tasado, medido. Estando conformados fundamentalmente por sentimientos, morales complejas, sensaciones contradictorias, resulta que la vara que utilizamos para medir y regular nuestras relaciones sociales, es la concluyente frialdad del número. ¿Podría ser de otra forma? Pero lo cierto es que esta es la lógica operativa de la política moderna, que hiede a las escamas del Leviatán, la regulación de un Caos que hipotéticamente se desataría si no hubiera un Orden. Pero la lógica funciona realmente, y su modificación, una transformación “revolucionaria”, es compleja, pues lo que está en juego, en el fatal y concreto “mientras”, es nada más y nada menos que los destinos de pueblos y naciones enteras”.

¿Y por qué entonces, me pregunto, elijo votar este domingo 11 de agosto en las PASO? ¿Y más aún una propuesta, como la de AyL, que pone en cuestión, en un punto, la idea misma del voto, la representación política como institución burguesa, la sociedad toda en su existencia concreta? ¿Qué clase de contradicción es ésta? Más allá de que me gustaría hacerle al mismo Zamora esta última pregunta, Zamora diputado puede ser un hito interesante en este sentido.
También creo que Zamora es un extremo, la máxima expresión de la crítica, el único proyecto que realmente plantea en profundidad, hasta las últimas consecuencias y desde el más liso llano, la transformación del sistema en que vivimos. Pero ahora bien, la distancia entre dicha propuesta, entre su potencia, la capacidad de materializarse, y el número real de adherentes electorales: ¿qué pone en evidencia, qué sugiere? ¿La abismal distancia entre el ideal y la realidad? ¿La dificultad de hacer coincidir políticamente la teoría con la praxis? ¿Que Zamora es demasiado honesto, noble y soñador para obtener éxito, dadas estas reglas de juego? “Lo voto porque total sé que no va a ganar”. “No creo que gane, pero es importante que esté su voz en el Congreso”. “Si por una de esas casualidades llega a ganar, no dura ni dos segundos”. En política, parece ser más crucial la capacidad de poder gobernar efectivamente, ejercer poder, mantener cierto orden, que las credenciales morales, las propuestas más o menos creativas, las ideas más o menos brillantes. Así son las cosas, aquí y ahora: la tarea es pues, construir poder, experimentar nuevas (o quizá viejas) formas de vivir.

En cuanto a los movimientos políticos de izquierda, a quienes dirijo especialmente estas líneas, creo que una de las mayores derrotas simbólicas, culturales, sino la mayor, de las experiencias revolucionarias de los 60 y 70, armadas o no, es la ridiculización de la palabra “voluntad”. ¿Si no es la voluntad y la organización colectiva de las voluntades, qué es? ¿Cómo fue que “voluntarismo” se transformó en mala palabra?

Es cierto que hay que ubicarse históricamente, que el fuego de los 60-70 ha menguado, que la democracia reconquistada en el 83 es un tesoro joven y valioso. Pero viendo algunos spots publicitarios de partidos de izquierda, sus volantes, afiches, veo la hueca voluntad de éxito por sobre el contenido transformador, polémico, incómodo; las ansias de reiterar y adorar el mecanismo consabido en espera de buenos resultados por sobre la pulsión de la intemperie creadora; la demagogia fácil, voraz, por sobre la sinceridad del grito antipático y a contrapelo.

El voto es secreto: el mío va para Zamora. No por el honestista deseo de relacionarme con “el más puro” y no mancharme; (Cuando decímos “no” en parte decimos “sí”, porque toda negación dicen esconde un instante de afirmación); no por la susanezcamente elogiada cualidad de la “coherencia ideológica”; no por romanticismo o nostalgia, por el sabor estético de una gesta heróica, no por la satisfacción del contrera .

Sera fundamentalmente para enviar un mensaje: porque voluntad no es palabra menor y porque todo acto revolucionario, más allá de sus “condiciones de posibilidad”, arranca desde su propio Sierra Maestra.

Fuente: http://labrokenface.com/

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