Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

Vuelven a resurgir los sex shops porteños

Los sex shops porteños reviven de la mano de la literatura erótica. Las ventas crecieron porque los clientes buscan los artículos de la exitosa saga, que tiene merchandising oficial. (CABA) “Nunca sabés dónde vas a empezar. O a terminar”. Rocío no da el apellido pero se ríe. De pie, mira: en una mano toma un gel con gusto a frutilla, en la otra, una cajita con bolitas de lubricante que...

Los sex shops porteños reviven de la mano de la literatura erótica. Las ventas crecieron porque los clientes buscan los artículos de la exitosa saga, que tiene merchandising oficial.

sex shop porteño
(CABA) “Nunca sabés dónde vas a empezar. O a terminar”. Rocío no da el apellido pero se ríe. De pie, mira: en una mano toma un gel con gusto a frutilla, en la otra, una cajita con bolitas de lubricante que se derriten con el contacto del cuerpo y que tienen gusto a chocolate. Juega con ellas.

–¿Y las bolitas chinas?– Pregunta.

Mariana le muestra lo que tiene en stock: sabe que Rocío habla de eso que hablan todos, la trilogía “Cincuenta sombras de Grey”, la saga de novelas eróticas o “soft porno” con la que la autora británica E.L. James viene capturando, desde que publicó la primera, en 2011, a todo un segmento de mujeres que se empezaron a fanatizar con los personajes de sus historias. Tanto, que cada vez son más las que quieren ir más allá de los libros: quieren probar. Jugar. Sentir como sienten los personajes de las novelas: con juguetes de todo tipo, algo de sado, y mucha curiosidad. Algo de eso ya había pasado con la serie “Sex & The City”, un éxito que comenzó en 1998 en Estados Unidos y que llegó a tener ocho temporadas y dos películas. Basada en una novela de Candace Bushnell, esa serie también revolucionó la audiencia por mostrar a sus personajes con juguetes sexuales. Ahora, “Cincuenta sombras…” y las dos novelas que completan la trilogía retoman esa temática, pero esta vez también la hacen estallar en las redes sociales, en los medios y, sobre todo, en los sex shops de Buenos Aires, donde las ventas crecieron hasta un 20% a la par de las experiencias y en solo dos meses.

Rocío leyó las tres novelas seguidas, “sin parar”. Se las pasó una amiga. Cuenta que su marido se reía, que no tenían buena química hasta que ella empezó a inspirarse, y que eso la fanatizó. “Busqué en páginas de Facebook, y a pesar de tener 45 años me hice ‘greysessed’, y no me avergüenza”. Dice y ríe. El ‘greysessed’ viene de Christian Grey, el millonario que protagoniza la saga y que prueba látigos, bolas chinas, vibradores, consoladores, esposas y todo tipo de estímulos con Anastasia, la joven que acepta sus reglas.

En una parte del libro ocurre este diálogo: –¿Te gusta esto, Anastasia?, me dice.

–Sí.

O este otro: –Esta vez es para darnos placer, Anastasia, a ti y a mí.

La curiosidad por esos juguetes primero impulsó la venta de productos en los sex shops. Y después provocó que la autora avalara la marca oficial de una línea que incluye lo que nombra en sus novelas y que se vende en todo el mundo. En Buenos Aires también.

En Sex Point, (Córdoba al 466), Mariano De Britos habla del furor por las bolas chinas: “Son vaginales. Vienen a llevárselas porque leyeron sobre ellas en el libro. La demanda de los productos que aparecen ahí fue tan alta que llegamos a quedarnos sin stock. Las bolas chinas, por ejemplo, se venden a $ 160”, cuenta. Y sigue: “También buscan esposas de cuero, que rondan los $ 120, o las que tienen peluche, que están en $ 79”.

Todo vale según lo impone Grey. Y las “greysessed” porteñas le siguen los pasos … Y los gustos. En la avenida Corrientes al 2000, Buttman tiene la licencia exclusiva de los productos de la saga. Ellos distribuyen y notan el furor. Ahí, las bolas “silver” (plateadas, que usa el protagonista) cuestan $ 490. Y también tienen los vibradores oficiales: todo en blanco, gris y negro. Los precios van de $ 220 a $ 420. Y vienen con la marca grabada. “Nosotros teníamos este tipo de productos de sado soft, de lindo nivel, pero hace dos meses sumamos la línea original. Tenemos más clientes mujeres que hombres, entre los que hay novios, amantes, amigos o maridos. Creo que despertó el deseo sexual en aquellas que nunca se habían acercado a los juguetes”, relata Mariana, la vendedora “Es otra movida diferente a la que se vivió hace unos años con los tapersex, que imponía los juguetes de diseño que mostraba la sexóloga Alessandra Rampolla. Acá el tema es tener y probar lo que aparece en el libro. Ser fanática de todo lo que aparezca en esa historia”, afirma Luciano Arrával, vendedor de un local de Corrientes, al que prefiere no nombrar. Según dice, o dispara, esta trilogía captó el segmento de “mamás aburridas”. “Es fuerte decirlo así, pero es lo que vemos: es un tipo de clientas que antes no venía”, justifica. Gastan, detalla, hasta $ 1.000. “Y después vuelven por más”, sonríe.
(Fuente Clarin)

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