Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

Villamil: “Mis pesadillas hoy son con mudanzas”

Una viajera de la Ciudad.

Soledad villamil barrios mudanza

(CABA) Los primeros años de Soledad Villamil estuvieron marcados por los movimientos que tenía que hacer su padre, militante de un partido de izquierda, durante los primeros años de la dictadura. “Mis peores pesadillas hoy son con mudanzas. En el 77 nos vinimos de La Plata y recorrimos los 100 barrios porteños. Vivimos en Floresta, en Córdoba y Callao, cerca de Plaza Italia… Para fines del 82 mis padres compraron una casa en Las Cañitas, que no era para nada lo que es hoy. Era un barrio con todas las calles empedradas… Parece un tango, ¿no?”, se pregunta. Sí, parece. ¿O será que los tangos se parecen a Buenos Aires?

Era como un barrio colateral del Hipódromo, medio perdido. En ese momento entre Luis María Campos y Libertador había poca actividad comercial. La panadería, la verdulería del barrio y nada más. Hasta que en el kiosco que estaba en la esquina de la casa de mi mamá empezaron a hacer choripanes, después compraron el localcito de al lado y pusieron unas mesas y una parrilla, después ocuparon toda la esquina y así se convirtió en El Portugués, la parrilla pionera de Las Cañitas, que ahora está cerrada”, sigue.

El recuerdo pinta un barrio que estaba lejos de ser la concentración actual de bares, restaurantes, edificios, autos, muchos autos. “Cada vez que se vendía una casa para darle un destino comercial me daba mucho dolor, porque además conocía a la gente que había vivido ahí. Me acuerdo cuando se vendió la carpintería, un lugar espectacular. El carpintero, además, había hecho muchos trabajos en mi casa. Era un galpón de doble altura, mágico, siempre con una especie de polvillo naranja en el ambiente y los rayos del sol que entraban por las claraboyas. Todo se vendía y era como ir perdiendo lugares. Pero es así, las ciudades mutan”, avanza.

Dice que le gusta mucho Buenos Aires. O que, como Borges, la ama pero a veces es inevitable odiarla. Y habla de sus tesoros. Como el barrio Rawson, en Agronomía, donde vivió muchos años. “Un triángulo que forman la facultad de Agronomía, el Club Comunicaciones y las calles Tinogasta y Zamudio. Hay unos edificios que se hicieron en los 30 para empleados de un banco y hoy son propiedades increíbles porque tienen muchos metros cuadrados rodeados de jardines”, cuenta. O la magia de salas como la del teatro Maipo o el Nacional, que descubrió cantando.

-Tus personajes también te fueron llevando a lugares muy típicos…

-Tanto en Locas de amor como en Culpables me tocó filmar en ese barrio, Rawson. Tiene una placita y enfrente un edificio en el que vivió Cortázar, un lugar con mucha mística. O Tribunales ( El Secreto de sus ojos ), impresionante porque son esos lugares de la Ciudad que uno siempre ve de afuera. Yo recomiendo la experiencia de entrar al Palacio de Tribunales, mirar esas alturas, esas escaleras. Otro edificio que me produjo el mismo impacto fue el colegio Bernasconi, en Parque Patricios.

En plan viajero –como la recorrida en canciones que presenta los viernes y sábados de febrero en el Centro Cultural Torquato Tasso– dice que nuestra música la lleva al sur de la Ciudad. Y cuenta que, los domingos, es un paseo familiar bastante frecuente. “Agarramos el auto y nos vamos para ese lado. Por Barracas o La Boca; o tomar la autopista, salir en la bajada de Suárez y empezar a perderse por las calles que tienen esa mística, una especie de ambiente de Buenos Aires que no se percibe en otros lugares de la Ciudad. Es ponerse en una disposición de ánimo más de turismo, como cuando estás en un lugar que no conocés. Y muchas veces la sensación al volver a casa es como si hubieses estado de viaje, te da ese espíritu”, avanza.

-¿Cómo es hacer un ciclo de verano en la Ciudad?

-Me gusta mucho. Buenos Aires es una ciudad que en verano, más allá del calor que este año está siendo muy duro, es disfrutable. Como estar en un domingo permanente. Hay menos tránsito, la gente está más relajada, como dispuesta al disfrute. No es la primera temporada de verano que hago y siempre fue una buena experiencia. Es empezar el año de otra manera.

Fuente consultada: Clarín

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